Me gustan los aviones, me gustas tu.

Corrí el domingo pasado la carrera de unicef de 10 kilómetros y me fue mejor de lo que esperaba.  Cuando llegué a la meta casi me largo a llorar. Dicen que le pasa a varios.

La noche anterior a la carrera fue mala pero útil.

Estoy por salir a correr de nuevo, y mientras tomo un té y miro la nada misma, pienso en estos últimos meses. Y pienso que algunas personas pasan por la vida de uno y dejan una huella bien marcada, profunda. Te muestran cosas que no tenías idea de que existían, te inspiran,  te alegran, te despiertan del letargo.

Es raro que sean las mismas relaciones que te empujan hacia una parte de vos que no te gusta, que te vuelven vulnerable, fragil.

Lo bueno es que,  generalmente,  son las historias que cuando terminan te hacen valorar lo que tenías, lo que tenés. Te hacen ver que no es oro todo lo que reluce. Y en la búsqueda de salir del infierno, podes animarte a eso que no creías que era conveniente hacer.

Entonces,  al final, les debes mucho más que un puñado de días lindos.

Me anoté en otra carrera y muy probablemente viaje a la india.

Gracias.

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Les mots

Resulta que la gente en la calle se pregunta: ¿por qué Julia no habla?

Tiene catorce meses y su repertorio es el siguiente:

No
Mamá
Acá
Bambam

Esas cuatro palabras. El acá y el mamá las dice más seguido, el no es nuevo y bambam cada vez que ve al bicho rosa de babytv.

A mi no me preocupa que diga pocas palabritas, no pienso que es boba por no decir más que eso y cuando se le ocurre, lo que pasa es que me entusiasman las cositas nuevas y siento nostalgia de mi bebé.

O sea. Antes tenía una bebita diminuta (bueno, me entienden) que se dejaba besuquear, apretujar, SE QUEDABA QUIETA, no desordenaba, no tenía caprichos.

Ahora tengo un mamutcito que se me tira encima, me pellizca, me muerde, me pega, ensucia todo, desordena todo, hace berrinches, no se deja besuquear.

Entonces necesito desesperadamente una gracia. Que me diga algo. Que me de bola de otra manera que no sea tirándome un juguete por la cabeza.

Este estado de transición entre bebé y nenita me tiene un tanto harta, para qué mentir.

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