Motia Khan, Roma y reflexiones de gorda ciclotímica.

Escribo desde el maravilloso living de mi suegra en Roma. No tenía muchas ganas de venir, pero ahora siento que estoy en el paraíso y que Delhi es como la película “Los juegos del hambre” pero real. Lo noto en el clima: más benevolente y fresco. El cielo: celeste sin la capa de contaminación que vuelve todo grisáceo y brumoso. Las calles: limpias y sin gente sufriendo en cada esquina. La gente se te acerca para preguntarte una calle, no para pedirte comida mostrándote alguna deformidad. Después me pregunto por qué tengo ataques de angustia donde pienso demasiado en cosas negativas. Obvio, vivo en una ciudad donde todo es dolor, esfuerzo físico y carencias. Una ciudad donde no se esconden las miserias, están a la vista y si tenés la suerte de no padecerlas, igual te arruinan cualquier pensamiento positivo, momento de espiritualidad y clase de yoga.

Ahora bien, siguiendo con el experimento, noto que acá vuelven el mal humor y la queja. No como antes de vivir en India, pero aparecen por momentos. Si en India soy zen y paciente, acá me peleo en la cola del supermercado porque una zorra tardona me hizo perder tiempo charlando con la cajera.

Otra cosa que siento: necesito cosas. Quiero un labial, unas cremitas y cortarme el pelo, remeras de colores, un pantalón y vestiditos. También zapatos.

En Delhi no sólo no compro nada sino que tengo mucho más de lo que necesito y créanme que tengo no más de seis mudas de ropa. Por eso en mis fotos siempre salgo con la camisa amarilla, porque sólo tengo dos camisas, chicos.

Roma es mucho menos hostil que Delhi, así que me siento como en casa. En Delhi hay que luchar por hacerse entender, por que no te cobren de más por ser blanca, por no llevarte a tu casa cinco niños cada día, no morir aplastada por un vehículo y hay que seguir adelante a pesar de todo lo malo que uno ve y que está naturalizado en la sociedad.

No soy muy amiga del relativismo cultural, si por mi fuera saldría con un hacha a matar vacas para darle de comer a todos los niños y ancianos hambrientos, pero debo reconocer que la cantinela que pregonaba toda oronda “no podría vivir en Roma, necesito caos y desastre, Europa no es el mundo real” me lo banco hasta por ahí nomás. O sea, hasta un Latinoamérica salgo airosa, ya Asia me viene pasando por arriba.

Entonces, igual pienso en Delhi como mi casa, sólo que sé que falta tiempo para acostumbrarme. Todavía me cuesta y si bien el aprendizaje es impagable, es un golpe a la salud mental. Tiempo al tiempo.

La semana pasada no pude hacer el post sobre Motia Khan, pero fui martes y miércoles y me gustó mucho. Lo que hacemos básicamente es ir hasta uno de los refugios -que son edificios ocupados por familias muy pobres donde hay de todo, desde cyclerickshaw pullers hasta gente que vive de mendigar en las esquinas- entramos en una sala que está limpia y dejamos pasar a una fila de niños, madres con bebés y embarazadas y les damos vitaminas, calcio y un desayuno nutritivo. También nos cuentan si les duele algo y en tal caso vemos si podemos aliviar el dolor o limpiar heridas etc. Es muy tierno verlos en la fila mostrando un dedo con un tajo que casi ni se ve, nosotras igual limpiamos el dedo y lo tratamos como si fuese algo de cuidado. Hay desnutrición, parásitos, no van a la escuela, hacen sus necesidades donde duermen y muchas de las madres se drogan, lo que hace que sus bebés también sean adictos o, si no lo son, padezcan las consecuencias en falta de alimento, enfermedades relacionadas con la falta de higiene y demás. Caos. Más de uno saldría corriendo. Pero por suerte nosotras no y la idea es ir cinco veces por semana y de a poco, cuando los vayamos recuperando, poder repartir kits de higiene y enseñarles cómo y cuándo deben asearse y más adelante vendrá la escuela o las clases ahí mismo. Me entusiasma formar parte del equipo porque en las dos veces que fui me enamoré de los chicos y sobre todo de una que me tocó desparasitar el miércoles. La tuve a upa un rato largo y cómo se aferraba a mí me partió el corazón. Prometí conseguirle ropa y encargarme de que se sintiera mejor. En fin, algo de eso es Motia Khan. Eso y francesas que hablan rapidísimo.

Alta vista del Vesubio en Nápoles.

Alta vista del Vesubio en Nápoles.

el refugio en Motia Khan

el refugio en Motia Khan. 

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8 comentarios en “Motia Khan, Roma y reflexiones de gorda ciclotímica.

  1. Ay amiga, no entiendo por que no entras con un rifle y matas a todos esos pobres. Cuando yo vaya lo hare. Es la mejor forma de curarlos y no condenarlos a una vida de sufrimiento. Es como cuando bes un perro moribundo por la calle y le das comida. Solo prolongas su sufrimiento.

    Luego de esta bella reflexion me ire a seguir ENSEÑANDO pues ante todo soy DOCEMTAAA.

  2. Salir de India es otro golpe y -no importa a dónde vayas- siempre te sentís en Suiza. Vine a Buenos Aires y me pareció un primer mundo total. Me saco el sombrero con lo de Motia Khan, espectacular laburo. Beso!

    • belencita, amora de mi vida, siento que quiero quedarme atada al coliseo y vender pulseritas de macramé para llenarle el buche a la criatura.

  3. Increíble lo del voluntariado, qué genia. Lo de ir a Roma es pericolìsimo, es como esta a dieta estricta y hacer un permitido y que se vaya todo a la mierda, total, ya fue. Eso, o cargar pilas, qué se yo.

  4. Pingback: Que no se corte | mi vida con ella

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