butter chicken para todos y todas

Acá les paso la receta que tanto me pidieron y aprovecho el post para agradecer a cada uno de los lectores que conocí con la excusa de la venta de los calendarios. Con todos charlé, me rei y me sentí cómoda. Gracias por apoyar nuestro proyecto y por estar siempre, con comentarios, con chats de fb y en vivo. Con lo que recaudamos de la venta en buenos aires vamos a armar una guardería para los más chiquitos del refugio, para que tengan un espacio de juego y estén contenidos mientras sus hermanos mayores estudian. No es genial? Me enorgullece saber que tanta gente se comprometió y cuando vean las fotos sé que se van a sentir muy contentos de haber participado.

Mi idea durante meses fue armar una cena con muchos de mis amigos y conocidos en twitter y cocinarles butter chicken. Pero al final no tenía dónde meter a todos los que quería invitar y tuve que desistir, así que dejo la receta para que al menos  lo intenten en su casa. Acá va:

Importante: no pierdan el tiempo asombrándose con lo pesado que es este plato. sí, es pesado, sí, tiene mucha materia grasa. coman poco si quieren (y si pueden).

Ingredientes para cuatro personas (y que sobre):

4 o 5 pechugas de pollo

8 dientes de ajo grandes (o diez si son chiquitos)

1 pote de yogur natural

2 falanges de jengibre fresco

cinco cebollas (si es cebolla morada mejor, pero la común sirve igual)

siete u ocho tomates perita

400 cc de puré de tomate

100 gramos de manteca

1 cdita de té colmada de garam masala (especia deliciosa q encontrarán en hipermercados y en el barrio xino)

150 cc de crema de leche

sal, aceite y chili powder si les gusta picante.

arroz basmati para acompañar.

Preparación:

Por un lado cortan el pollo en cubos y lo dejan en un recipiente. Muelen cinco dientes de ajo y los agregan al pollo junto con sal y el pote de yogur natural. Mezclan con las manos o cuchara, asegurándose de que todo el pollo quede impregnado con el menjunje ya que lo vamos a dejar marinar al menos media hora mientras cocinamos lo que sigue.

calentamos media taza de aceite en una olla y cuando está bien caliente agregamos el ajo (los 5 que nos quedaron) picado chiquito junto con el jengibre picado chiquito y las cebollas picadas (no muy chiquitas).

Lo dejamos cocinar hasta que las cebollas están doradas, entonces agregamos los tomates perita cortados en cubos, sal y revolvemos un poco. Dejamos que se cocine todo durante unos minutos hasta que notemos que el tomate ya está casi  puré. Ahí es cuando agregamos el puré de tomate, un poco de agua y revolvemos apenas. Cuando pasan unos cinco munutos retiramos del fuego y dejamos a un lado. con la mini pimer procesamos así no queda rastro de cebolla o piel del tomate sino que es todo un puré.

mientras, en un wok ponemos el pan de manteca y cuando vemos que la manteca ya está casi toda derretida agregamos el pollo que estuvo marinandose con el yogur y el ajo. Van a ver que entre la manteca y el yogur va a haber bastante líquido y el pollo va  a tardar en cocinarse, pero sean pacientes. Mientras todo esto ocurre, es el momento de echar el garam masala y el chili si quieren que salga picante, yo sólo le agrego el garam masala. Mueven todo con cuchara de madera y esperan que se cocine. Si quieren pueden sacar con una cuchara algo de líquido, sobre todo si sienten que de sólo ver tanta manteca se les tapa una arteria. Yo lo hago pero no es necesario.

Cuando el pollo está cocido agregan el tuco que hicieron previamente y ya está procesado. mezclan y dejan que se cocine junto unos dos minutos. Agregan la crema de leche que es a gusto, pueden obviarla también. Luego apagan el fuego y voilá! El butter chicken está listo.

Les recomiendo que cuando terminan el butter chicken recién cocinen el arroz, ya que queda mejor cuando lo dejamos reposar un poco que si lo servimos inmediatamente después de haber apagado el fuego.

Si quieren hacerlo con toda la pompa y adquirir un colesterol digno del señor barriga, compren paratha en algun restaurant indio. El parata es una tortilla de pan con aceite con la que los indios acompañan el butter chicken y cualquier otro plato de estos.

Cualquier cosa que no hayan entendido me preguntan en los comentarios.

háganlo y me cuentan como les salió!

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como ven en la foto 2, la vez que saqué esta foto no tenía yogur natural y mariné el pollo sólo con ajo y sal, por eso lo ven así. igual quedó genial.

Les amo.

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Suspiro Limeño

Me subí al avión contenta porque el clima estaba hermoso, el día soleado y mi despedida de buenos aires se dio tranquila. Vi mucho a mis amigas, pude pasar algo de tiempo con mi familia y si bien no hice mucha vida social por afuera de mi círculo íntimo, es lo que se puede con una hija de dos años. Aparte me da paja quejarme.

Ahora, con mi actitud viajeronoturista y todoestábien, creo que disfruté, aprendí y lo que no pude hacer lo haré la vez siguiente y chau.

Nos sentamos en nuestros asientos y en la ventanilla vimos a nuestra compañera de viaje, Rosario. Me sorprendió que en vez de poner cara de culo por ver que tendría que soportar patadas de una infante durante todo el dia, estaba super sonriente y no parecíamos molestarla.

Enseguida me dio charla y me contó que era su segunda vez en un avión. La primera había sido unas horas antes, desde Lima a Ezeiza. Su destino final era Madrid.

Le dije que Madrid era hermoso pues Andrés me contó y que seguro se iba a enamorar de Europa (?)

– voy sólo por unos días, el dos de marzo tengo que estar de vuelta en Lima.

Enseguida pensé que tenía los intestinos repletos de falopa, pero la veía tan serena que me incliné a que tal vez se pensaba quedar en Madrid (a hacer qué no sé pues España está un poco como el orto). Obvio no le pregunté por qué hacía semejante viaje para estar tan pocos días sino que hablamos de cualquier cosa mientras yo comenzaba a pensar que el avión se iba a caer y demas demencias que me suceden cuando viajo.

Ella completamente tranquila sacando fotos mientras yo repetía que ésta sería mi última vez, que las medidas de seguridad son al pedo porque si algo falla terminaríamos en el fondo del mar y que seguro éste es el avión que se cae etc.

Saqué mi cofre de la felicidad, corté 0.25 de la pastilla de rivotril de 2mg que mi santa madre me había tan gentilmente cedido y me la dispensé con un trago de agua. “querés un pedacito?” le dije y fue la primera de las veinte veces que le ofrecería fina y rica golosina de clona. Todas las veces me dijo que no y en una de ellas me contó la razón:

Resulta que a la pobre Rosario la revisaron cuatro veces al llegar a Ezeiza. Cuatro. No sólo le abrieron el bolso y sacaron una por una todas sus cosas sino que la dejaron en bombacha en una oficina mientras controlaban meticulosamente su ropa.

Entonces, dijo, no quería que la pastilla la hiciera hablar medio rara o ZEZEAR pues temía que eso la perjudicara.

A medida que pasaban las horas y yo practicaba yoga ashtanga y meditación guiada para no estrolar la cabeza de julia contra la ventana, nuestra amiga altiplana se ponía más y más nerviosa. No quiso comer nada y tampoco ver película. Cerraba los ojos y rezaba.

“Eres devota de algún santo?”

“sí, de San Carlos Darwin”

“ah, nunca escuché de ese santo, en Perú no se le conoce”.

Pasaban las horas y Rosario rezaba y lloraba. Yo le ofrecía clona y le hacía repetir el discurso que habíamos preparado para la llegada a Madrid y al terror mayor: migraciones.

Ella ya venía con discurso preparado, que su tío le había comprado el pasaje como regalo por su cumpleaños número 21.

Yo le conté que la primera vez que pasé por migraciones con mi pasaporte recién hecho y sin un puto sello me trataron mal y yo le dije al oficial “a mi no me interesa quedarme en este país, odio europa, yo soy latinoamericana. aparte para qué me quedaría en España si ustedes están peor que nosotros”. El tipo me selló el pasaporte y me dijo “te lo sello para que te calles”.

Le aconsejé que no sea prepotente como lo fui yo -pues todavía desconozco cómo el español ese no me propinó una golpiza- pero que tampoco vaya demasiado sumisa pues se caería de maduro que algo raro había.

Le corté un poquito de rivo y le dije que ante los nervios podía tomarlo, que no la iba a hacer sentir rara mas sí muy segura y tranquila. Me agradeció y lo escondió en un paquete de pastillas.

Cuando estábamos por llegar fue al baño y una boliviana que estaba adelante nuestro me dijo casi al oído:

“no va a pasar migraciones. es muy tonta su familia, todos sabemos que Madrid es el filtro mayor. Tendría que haber llegado a Roma, en Roma pasaba, no controlan nada. Después se iba a Madrid en bus y chau. No va a pasar, la van a mandar de vuelta”.

Se me estrujó el corazón.

Mientras terminaba de hablar con la boliviana ella volvía del baño sonriente. Me dijo que se sentía mejor, más segura, que le había hecho bien viajar con nosotras.

La dejé en la zona de pasajeros en tránsito y cuando nos abrazamos me dijo “no te conté, pero este es mi pasaporte a una vida mejor, estoy muy contenta, deseame suerte”.

Me tuve que contener la emoción, le dije que todo estaría bien y que anduviera segura.

Nos saludamos mientras se perdía entre la gente subiendo la escalera mecánica.

Ojalá.

gorda reflexiones

Hace tiempo, en el blog de un viajeronoturista, leí un post sobre la depresión post viaje. Básicamente cuenta que cuando volvés a casa luego de meses o años de estar lejos, te sentís raro, incómodo y con leves ganas de darte un escopetazo.

No es que me sienta así ahora, pero los primeros días fueron muy raros. Como ya dije, caminaba por las calles que eran mías y que adoraba y me sentía una extraña. Eso. Sentirme una extraña en Buenos Aires es triste. Sobre todo porque Delhi es hoy mi casa pero tampoco es del todo mi ciudad. Entonces eso me deja automaticamente sin un lugar que sea mío.

Creo que por eso hay gente que te dice que es “ciudadana del mundo” y como bien dice Sandy te los querés comer crudos, pero entiendo que hay algo de verdad en eso. Andrés tampoco tiene una ciudad, mi amigo Joey menos. Deambulan por el mundo, van donde haya trabajo o algo que les interese conocer y no se pueden quedar mucho tiempo en nunguna parte.

¿Quiero eso para mi vida? No lo sé. En Delhi no me voy a quedar a vivir, pero sé que si elijo volver a Argentina ya no voy a ser la misma Agos que se fue ese junio de 2014, ya soy otra, con ganas de ver cosas nuevas todo el tiempo, de moverme, de viajar. Ya no sé si pueda vivir en una casa grande con mi familia y un perro. Una casa armada con tiempo, con detalles, con muebles lindos y mil adornos como hace la gente que se queda en un lugar.

Sin dudas la vida nómada te da muchas satisfacciones. Eso de salir de tu casa y tener la certeza de que vas a vivir cosas emocionantes, distintas, complicadas y únicas es bastante adictivo una vez que pasó el miedo y rechazo inicial.

Pero yo soy muy gorda amigos y me aterra ir perdiéndolos. Y esta vida es de constantes pérdidas. Vivís despidiéndote. Llegás a un lugar y sabés que a Pepita le quedan seis meses así que tampoco da que te hagas super amiga, Juancito se queda dos años igual que vos así que hay que armar amistad aunque sea de la secta Los Niños de Dios y no tengas nada en común. Y Menganita se va el mes que viene así que casi que mejor ni la veo. Todo así.

Por suerte si algo he aprendido con el timpo es que todo pasa, las cosas se dan como se tienen que dar y que, al final, (al menos que esté en roma a punto de viajar para buenos aires que siempre se me muere un pariente) las cosas salen bien.

Al fin y al cabo ya estoy en esto. Ya no puedo volver atrás. Crucé la línea esa de la que hablan los viajerosnoturistas. Ahora sólo queda mirar para adelante y disfrutar de todo lo que me da está nueva vida y aprovechar que aunque me siento un poco extraña en buenos aires, gracias a los audios de whatsapp y a mi twitter querido, con mi familia y amigos no ha pasado ni un día.

Anoche tenía que despedirme de mi familia y me sentí tan bajón que finalmente accedí a tomarme 0.25 de rivotril. Veinte minutos después mi vida era una fiesta, todo fluía y el mundo era hermoso y fácil. Dormí plácidamente y cuando desperté me encontré con una foto de mi compañera de Motia Khan, Sophie,  nacida en congo, con padres belgas y que desde que se casó ha vivido de país en país. Inmediatamente recordé lo que siempre me dice, que esta vida es genial si te lo tomás con humor y alegría. Así que, como dice la ohlalá, voy a soltar, a relajarme y que sea lo que la vida quiera.

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lo que creció chennita no tiene nombre. es por la pichicata que le estamos dando.

PD: Ya conocí a muchos lectores que estuvieron en casa o que encontré por ahí y ya tienen su calendario. Gracias a todos por la buenísima onda. Aun quedan calendarios así que hay tiempo de pedirlos escribiendo a labonaerense@gmail.com. Todo lo que recaudemos con los calendarios que venda acá en argentina será destinado a la guardería de Motia Khan, para que los bebés y niñitas como Chenna tengan un lugar de juego y cuidados mientras sus hermanos estudian.

Introducción al calendario

Le pedí a mis compañeras que me manden fotos de Chennita para ver cómo estaba y mi muy amiga Samrita me contó que si bien está mejor, como tenía muchos piojos la pelaron. Al final me llegó su foto y sí, es verdad, está más cachetudita, así que probablemente su bajo peso se debía, otra vez, a los parásitos y la mala nutrición. Por suerte está encaminada y no veo la hora de volver para concretar la guardería así todos los chicos de menos de 6 que hoy en día deambulan porque no van a la escuela, tengan un espacio donde jugar y estar contenidos.

El último día que fui a Motia Khan atendimos a un chico de unos once años con un ojo morado por un golpe que le dio su mamá. Una madre que es una de las más dedicadas y su hijo siempre está prolijo y limpio y asiste a la escuela a diario. Es así, no es fácil vivir en Motia Khan y muchas veces estos accidentes suceden y tenemos que lidiar con ellos de una manera constructiva y no enfrentarnos a la madre por reventarle un palo de amasar en el ojo.

Esta madre es la que recibe los masajes con una crema especial para quemaduras porque tiene la mitad del cuerpo quemado. Pero se quemó antes de que yo llegara a Motia Khan así que nunca me habían contado cómo había sucedido. Resulta que el marido de esta mujer la prendió fuego y se prendió fuego a él también. La mujer logró salvar su vida con ayuda de los vecinos. El tipo murió.

Escuché atónita y le pregunté a la mujer por qué su marido había hecho semejante cosa.

Samrita me tradujo: “estaba frustrado y deprimido”.

Así que esa mujer, con la mitad del cuerpo quemado, hace lo que puede y mantiene bien a su hijo aunque muy de vez en cuando se frustre y le deje el ojo morado.

Con esta bella historia les quiero decir que no todo es malo en el refugio ni todo tan novelesco. Abrimos la escuela, sí, estamos llevando a los chicos al hospital, sí, pero no todo es abrir una escuela y llevar un médico. Se necesitan meses, años de dedicación para que estos chicos puedan torcer, aunque sea un poco, su destino. Nosotros los ayudamos a ellos y a cambio ellos nos enseñan a ser más valientes, a no enfocarnos en cosas que no valen la pena, a vivir el presente y disfrutar cada segundo de nuestro paso por el mundo.

Ahora estoy en Argentina, sí, pero mi mente está un poco con Chenna, con Sargi, con Adeeb, Gulvesh, las maestras, Samrita y la mar en coche.

Es por eso que me traje veintipico de los calendarios que armé para vender en india (es el tercer año que se vende el calendario pero este año fue armado por moi).

Los que quieran tener uno en sus cocinas o escritorios pueden mandarme mail a labonaerense@gmail.com y concretamos la entrega. Me quedo poco tiempo en Buenos Aires así que sólo los puedo llevar dentro de capital y zona Oeste y Sur.

Acá les dejo unas fotos, el calendario está en inglés y francés y sale 200 pesos.

Gracias en nombre de todo el Motia Khan 🙂

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Desahogo

Me senté en el sillón blanco de mi suegra a jugar con Julia y a esperar que se hiciera la hora de salir al aeropuerto. No podía disfrutar del todo porque me esperaban catorce horas en un avión con mi hija de dos años. Mi hija particularmente rompebolas.

Ya había ido a Tiger a comprar los regalitos que me faltaban, ya había pasado por Sephora a por el pintacejas para imitar las cejas tupidas de las indias. Estaba todo bien.

En eso veo que mi hermano me escribe por whatsapp un “Gor, estás?”

Cada vez que mi hermano me escribe un Gor Estás? es porque o bien un integrante de mi familia está en terapia intensiva o bien ya feneció.

Escuché su audio pensando que iba a llegar el momento donde me dijera “nah, mentira”, pero ese momento nunca llegó. Mi abuela estaba grave y había que operarla de urgencia.

Parecía un chiste. Estaba yo sentada en el mismo sillón de la misma casa donde hace dos años me enteré -también por mi hermano- de que mi viejo estaba muerto.

Me qudé sin poder llorar ni hablar con nadie. Sin poder terminar la valija. La leche de Julia hervía en el fuego y yo ni cuenta que me di. Unos minutos más tarde otro audio y ya la abuela se había ido.

Otra vez. Otra vez la distacia me impedía despedirme de mi abuela como me había pasado ya con mi viejo. Otra vez catorce horas de avión sin entender cómo fue que quedamos tan pocos en cuestión de dos años.

Llegué al aeropuerto llena de bronca pero sin llorar. Tampoco es que podía soltarme mucho con una niña de dos años que sólo quiere jugar y correr.

El viaje fue un infierno. No sé cómo hice para entretener durante nueve horas a Julia. En un momento me venció el sueño y cuando  abrí los ojos ella ya no estaba. Salí corriendo y la encontré en primera clase, sacándole las medias a un gordo que babeaba la almohada.

Cuando llegamos decidí que no quería verla y que no iba a llorar. No tenía ganas de nienguna de las dos cosas.

Me dormí temprano y al otro día salí a tomarme el tren para Capital.

Qué espantoso sentirse raro entre lo conocido. Estaba en ese tren que tomé tantas veces durante toda mi vida e igual me sentía una extraña. Sonaba Arjona de fondo y un pibe sudado se tropezó y se me vino encima con todo y superpancho y me manchó la pollera. Yo cerré los ojos y tarareé una canción india. Sí, me sentía una extraña en mi tren, en mi Provincia de Buenos Aires, en mi país.

Me bajé en Once y mi cabeza estaba por estallar. ¿Cómo es que ese antro de perdición alguna vez me pareció cosmopolita e interesante? Es muy horrendo y gris. Y sí, claro que Delhi es peor, pero Delhi es nuevo y diferente a todo lo que haya conocido. Esto era feo y repetido. Sin gracia. Entonces empecé a caminar hacia la casa de mi amiga Nati pensando para qué había venido, que no estaba lista para ver a nadie.

Cuando estaba por llegar a Corrientes vi al mismo viejo que hace años y años lustra botas en la esquina. Tenía la mirada cansada, pero aún así me reconoció y movió la cabeza a modo de saludo. “que tal mihijita” Me dijo, y ese fue el golpe de gracia.  Lo saludé, terminé de cruzar la avenida y me agaché contra una pared mugrienta. Me acomodé, apoyé la mochila en el piso y me tapé la cara con las palmas, así como para llorar a todo culo. Que alivio sentí. Lloré al viejo hecho mierda, lloré a mi abuela, lloré la injusticia de mi padre muerto y lloré por sentirme una extraña en Mi buenos aires querido. Lloré con ruido aprovechando la impunidad que sólo Once a la noche puede dar.

Cuando terminé me puse de pie y seguí caminando hasta llegar a la casa de mi amiga. Me abrió la puerta mi Pacita y nos abrazamos como si no hubiese pasado ni un día, ni la india ni ninguna muerte.

ahí, en ese preciso momento, sentí que había llegado a casa.

Volver

Estoy sentada en el sillón blanco inmaculado de la casa de mi suegra, en Roma. En siete horas sale el avión que nos va a llevar a Buenos Aires. Mañana temprano voy a volver a estar en Argentina después de siete meses- y lo que pareció media vida- de ausencia. Y no es para quedarme, entonces sé que tengo exactos veinte días Para jugar con mi sobrino, para abrazar a mis amigas, hacer chistes con mi hermano, cocinarle a mi nonno. Tengo tres semanas para ir a la peluquería a explicar lo que quiero y que lo hagan sin decirme “yes yes” aunque no me hayan entendido nada, comprar todos los vinos que me entren en la valija y regalitos autóctonos para mis amigos indios.

Y lo que más me gusta es que vuelvo deseando hacer todas las cosas que antes eran parte del cotidiano y no valoraba, más bien me parecían hasta pesadas. Ejemplos:

Quiero tomarme un bondi bien tarde a la noche, que recorra la nueve de julio y avenida de Mayo.

Quiero caminar por San Telmo y parar el Pirilo a comerme una pizza con ese pedazo de papel duro anti absorbente que te dan a modo de servilleta.

Quiero caminar un domingo al mediodía por costanera sur, comerme una hamburguesa con un vaso de litro de cerveza.

Sentarme en un barcito típico (nada de Tea Connection ni Starbucks) y que venga el mozo sin carta a ver qué quiero, pedirle un cortado en jarrita con un tostado, que me lo traigan tarde y me cobren como si fuese de oro.

Andar en bicicleta por Palermo.

Y así muchas cosas. Me sorprende no tener ganas de visitar plaza miserere a pesar de que fue tan significativa en mi vida. Pero bueno, no le voy a dar muchas vueltas, debe ser que estoy nostálgica pero no para tanto. Al final, como siempre, Andrés tiene razón: Once es un poquito horrendo.

No sólo voy a estar tres semanas de verano en mi país sino que cuando vuelva Sandy va a esperarme en casa, en bata y pantuflas. Imagínense lo que va a ser vivir aventuras juntas. Cantar Fey por las calles mientras todo el mundo se muere a nuestro alrededor. Nosotros con sarees y bindi. Y gafas de corazón. Será muy bello.

No es una casualidad que Sandy y yo nos encontremos en India. Más bien es que desde que nos vimos por primera vez, un domingo de 2008, nunca pudimos estar mucho tiempo separados.

Nos conocimos por internet, por nuestros blogs. Un día quedamos de encontrarnos en el Alto Palermo y cuando me vio me dijo “pensé que eras una vieja con chal de lana” y así arrancó nuestra amistad. Desde ese día hasta hoy pasaron tantas cosas. Recuerdo la noche de mi cumpleaños número 26 que estaba deprimida y me tomé siete cervezas y Sandy me excusó con la vecina de mi departamento cuando le vomité la alfombrita de entrada.

La vez que fuimos a Paraná y como me hablaba mucho le pedì que abriera la boca, le introduje media chicha sin preguntarle nada y le dije “no la tragues”.

El día de la victoria de Cristina, en 2011, cuando nos subimos a la pirámide y gritamos “el amor vence al odio” revoleando pañuelos.

Su mudanza al sucucho de la calle Catamarca y todas las corridas escapando de chorros con tramontina en nuestro querido Once.

Los mediodías que caía en su casa con una botella de vodka en la cartera.

Encontrarnos por casualidad en una calle de Bolivia después de tres días de viaje en micro y que Sandy me confiese que le habían fisurado el ano.

El escape del bar/disco Calipso, en La Paz, cuando dos tortas se pelearon y empezaron a los tiros.

La chicha en El Alto, viendo a las cholitas luchadoras mientras Sandy bailaba Britney semidesnuda frente a toda la tribuna.

Subirnos a un taxi en la frontera con Ecuador y darnos cuenta de que el chofer nos había llevado a un descampado para robarnos.Sucumbir al robo y después tenernos que fumar al chorro excusándose de que nos había robado porque tenía que alimentar a sus hijos.

Las incontables veces que nos juntamos para grabar videos bailando “limón limonero” de Thalía.

Tantas cosas. Nuestro propio idioma.

Entonces, sé que cuando vuelva a India le mostraré la cuidad como Aladín cuando la sacó a pasear en la alfombra a la princesa Jazmín, entienden? Cantando “un mundo ideal” sólo que en vez de ver cosas maravillosas veremos mancos y leprosos. Le voy a mostrar mi mundo de parásitos estomacales, piojos, hospitales indios y cyclerickshaws. Lo esperaré despierta las noches que salga a encontrarse con viejos con turbante y le ofreceré una tacita de té para que me cuente cómo fue todo.

Entonces, sigo apoltronada en el sillón pensando estas cosas y escribiéndolas. Ahora faltan seis horas. Me olvido de la India por un rato: casi casi que le digo hola a Argentina.

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acá cuando éramos gordos y pobes.

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Acá cuando éramos flacos y pobres.

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acá cuando éramos drogodependientes y pobres.