Directivas

Resulta que a todos mis deberes de madre debo sumar uno más: un nuevo ritual para que Julia duerma en su cama. Ayer el pediatra me dio instrucciones, es así:

Baño y cena. Luego un poco de teta (ya no me parece hermoso e inmaculado dar la teta, quiero mi cuerpo de nuevo, pero lo dejo para otro post). Cuando esta medio dormida dejarla en su cuna con un juguete y leerle un cuento o hablarle hasta que se duerma.
Obvio que llora y se queja. No importa, seguir leyéndole y hablándole hasta que se duerma. Si se despierta a la media hora, leerle más y hablarle más. La onda es que tiene que entender que cuando la pongo en la cuna es momento de dormir y ya no va a salir de ahí.

Anoche cociné mientras preparaba el baño. La bañé, comió y se quedó dormida en la teta. Bueno qué le vamos a hacer, empezamos mal, la pongo en su cuna. Tomé una cerveza y miré una película. Cuando la película terminó yo no daba más de sueño. Me fui a dormir. Apoyé la cabeza en la almohada y OBVIO empezó a llorar. A ponerle onda, fui a leerle. Le leí cuentitos, le reproduje escenas de María la del barrio, no sabía que hacer. Se durmió. Me acosté. A las tres volvió el llanto y repetí la acción.

Tanto cuentito y pavada se me fue el sueño. Muerte. Leí un poco, jugué al candy crush y me dormí pensando “bien, soy grosa, no duerme más conmigo”

No me pregunten qué pasó después, pero me desperté así:

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Girl power

Estamos en días difíciles, el papá de Julia está en Libia en una misión humanitaria con médicos sin fronteras y nosotras acá, todo el tiempo juntas, sin descanso, los únicos momentos que tengo niñera o abuelos son para reemplazarme mientras trabajo, el resto es mamá y Julia y viene siendo intenso.

Desde el día que se fue Andrés, Julia está con mocos, hace más de dos semanas, pero a la vez, en este tiempo cambió muchísimo y es otra Julia, mucho más interactiva.

Primero ya se sienta firme y derechita. Disfruta mucho de los baños, tenemos la rutina del baño antes de su hora de dormir y estamos un rato largo chapoteando con sus juguetitos.
Ahora come. Zapallo, zanahoria. No le gusta mucho la manzana pero toma el jugo y adora las galletitas de agua.
Cuando no estoy pasa horas sin tomar leche, se ve que esperando por mí, hasta que no da más y cede. Me recibe tirándome los brazos y totalmente eufórica. Está muy pegote y lo entiendo, no ve otra cara que la mía, pobre hija.
Ama a mi gato mayor, Camilo, y lo pellizca, él se deja y se tira panza arriba para que ella lo acaricie.
Y acá va lo mejor de todo: ahora la puedo dejar en el piso, con su mantita y sus juguetes mientras yo cocino, lavo, corrijo, twitteo, escribo o lo que sea. Siempre que estemos en la misma habitación ella se queda.

Nunca tuve problema con su sueño porque ella duerme mucho y yo duermo poquísimo (con cinco horas estoy perfecta) pero, hijita, me salvás la vida con esas cuatro siestas diarias.

En fin, eso que pensé que sería trágico viene dándose muy bien, cansador, pero bien, me baño menos, pero bien. No está nada mal, me gusta. Falta que nos recuperemos del resfrío y días lindos primaverales y estamos.

Girl power, little mother.

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