Budín de peras al masala

Este blog ya parece “Las Aventuras de Samrita y Agostina en Motia Khan” más que otra cosa. No importa pues eso demuestra mi virtuosismo y capacidad de cambiar el tema del blog cada dos meses.

Ayer nuestra misión era censar a los inmates (como les llaman a los habitantes del refugio) y llevar a Akash a inscribirse a su futura escuela. Eso y el trabajo de rutina. Pues bien, obvio siempre hay imprevistos, el de ayer fue una bebita de cinco meses de la cual no teníamos registro y que parecía recién nacida. La madre adicta. La mamá de Chenna fue la que nos avisó que esta bebita se estaba muriendo en el piso tres. No sólo la bebé respiraba con mucha dificultad y estaba deshidratada sino que la madre se la estaba llevando a una ciudad vecina donde se lleva a cabo un ritual hunduísta de ocho días. Cuestión que después de revisar a la bebé y de convencer a la familia de que no podían ir a ningun lado, terminamos los padres, la bebé y yo en el Sir Ganga Ram Hospital.

Los dejé con los médicos y me reuní con Samrita y Akash. Akash es uno de esos niños de las películas que nació en la mierda pero vaya a saber cómo solito hizo su propio camino para escapar de todo lo horrendo de su vida. Él mismo rogó a su madre para que lo mandara a la escuela. Soportó malos tratos de sus compañeros por ser de la tribu Pardhu (más abajo aún que los dalits), salió a vender globos a las esquinas cada día después de la escuela para mantenerse y poder seguir estudiando. Cuando abrimos la escuela él pidió estudiar con los más grandes, a pesar de ya estar asistiendo a una escuela formal. Le gusta leer, sueña con aprender a tocar la guitarra. En fin, un chico que merece toda nuestra atención y apoyo. Él nos dijo que quería ir a la escuela de Rama Krishna y no a otra porque en esta hay deportes, teatro, música y computación. Entonces ahí fuimos a buscar el boletín y el pase a la vieja escuela para hacer los trámites nuevos.

Cuando llegamos al ministerio de educación subimos al piso diecinueve e hicimos el pedido. Nos dijeron que no era posible que Akash fuese a la escuela Rama Krishna porque le correspondía una cercana a su domicilio y esa pertenecía a otro barrio. A todo esto yo sólo veía las caras tristes de Akash y Sam mientras el hombre hablaba en hindi. Cuando terminó, Sam me tradujo camino al ascensor. Listo, no se pudo.

Yo, chanta argentina, le dije que de ninguna manera nos íbamos a quedar con esa respuesta negativa. Había que insistir.

– Decile que se va a mudar a lo de su tía que vive cerca de Rama Krishna, a ver si así podemos anotarlo.

Ahí volvimos para atrás y de nuevo el hindi. Entendí que nos mandaban al piso ocho a hablar con un tal Mr. Chopra. fuimos.

El tal Mr Chopra estaba comiendo gajos de manzana con masala y no tenía ni media gana de que le rompiéramos las pelotas. Sam entró y explicó en hindi. El tipo cero onda. Ante la insistencia de Sam, nos hizo pasar a todos a su oficina y al verme a mí me habla en hindi todo animado mientras me mete un gajo de manzana casi de prepo en la boca.

– Dice que si vos estuviste el año pasado en Hanuman Mandir. que te conoce de ahí.

– Ah, siiii, estuve! mirá vos, quién será este tipo pero sí, estuve.

El tipo chocho conmigo y yo sin tener idea de quién era y de cómo me había reconocido siendo que fui a ese templo un día solo y durante una hora. Buena memoria el viejito.

– Sólo porque vienen con esta señorita les hago el favor de ingresarlo a la escuela que pide. Porque me encantó cantar con ella las rimas en inglés y su budín de peras al masala estaba delicioso.

Cuando Sam me tradujo me di cuenta de que no era yo, se había confundido de chica. Ni estuve en un slum cercano cantando rimas con él y los niños pobres ni mucho menos cociné ningún budín de peras. Pero no tenía otra que seguirle la corriente al viejo y desear que no me preguntara nada hasta conseguir su firma y el sello en nuestro papel.

Me hice la que no entendía mucho, sonreí con mis mejores caras y dejé que Sam hiciera el resto. Después el tipo le hizo prometer a Akash que iba a estudiar y a asistir todos los días lloviera o tronase. Akash respondió que sí, que esa era la escuela de sus sueños.

Al salir, caminamos los tres por el largo pasillo y cuando estábamos por llegar a las escaleras besamos el sello de “aprobado”.

– Sabés, Tina, que sin vos y sin el budín de peras nunca hubiésemos conseguido esto, no?

-Sabés Samrita que yo no soy la misma extranjera que el tipo recuerda. Así que salgamos ya de este recinto que si vuelve a preguntarme otra cosa estamos fritos.

Y así, riéndonos nos fuimos los tres, saltando en una pata y festejando. Akash no paraba de darnos las gracias y de mirar el sello como si fuera una ilusión óptica.

Y para terminar la jornada, así porque somos muy enfermas y adictas a dar buenas noticias, le dijimos que no va a tener que caminar las treinta cuadras desde el refugio hasta la escuela, que el trayecto lo va a hacer en una bici que ya tenemos para él. DO RO GA.

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Cuatro meses y un día.

Los cuatro meses en India me encontraron preparando el primer día de clases en Motia Khan. Haciendo una barbacoa en la terraza con los conocidos y amigos que hemos hecho en este tiempo. Yendo a festejar una fiesta patria a la embajada de Brasil y encontrándome con argentinos y reirnos y charlar de cómo nos viene tratando este país. Me encuentran sacando fotos y devorándome tutoriales de fotografía en youtube.

En Buenos Aires el clima es perfecto y el suelo está lila jacarandá. Acá el frío se empieza a sentir cada día un poco más y oscurece a las cinco y poco. Por suerte este proyecto está tan bueno y me tiene tan ocupada que no tengo tiempo de extrañar. Hoy llegamos temprano con dos bolsos llenos de útiles, libros, juegos de mesa, juguetes. Entramos al aula y nos recibieron las maestras, que estaban acomodando las alfombras donde los chicos se sientan durante la clase. También vimos dos ratas del tamaño de mi gato Camilo, pero bueno, ya iremos solucionando los inconvenientes. Guardamos todas las donaciones de ustedes en los armarios que dejamos prontos el viernes. Tienen candado y cada una de las maestras tiene la llave. Los chicos se agruparon en la puerta pero las maestras les dijeron que no podían entrar sin las manos y cara bien lavadas y sin estar mínimamente peinados y vestidos. Así que allá fueron todos a lavarse a la pileta comunitaria que hay en la entrada al refugio y se peinaron entre ellos. Así entraron a clases, a su primer día de clases. A pesar de la excitación se portaron bastante bien. No saqué muchas fotos pues no quería distraerlos. Fue muy lindo. Como docente me di cuenta de que las maestras necesitaban privacidad en su primer día y que seguro estarían incómodas con nuestra presencia así que nos fuimos.

Mañana volveremos a darles su desayuno y vitaminas y luego acompañaremos a los más grandes al salón y nos quedaremos jugando con los menores de cuatro.

Volví a casa y me subí al cyclerickshaw que me lleva al jardín de mi hija. Es el suplente de Sipu, que sigue con su familia en Calcuta. Cuando pasamos por la esquina del viejito Sudhir (también cyclerickshaw puller) le pregunté a mi chofer si se había ido a su pueblo o qué, ya que no lo veía desde Diwali. No, obvio que no está en su pueblo, claro que se enfermó y murió. No saben si neumonía o dengue. Pregunté si habia ido al hospital. “no cyclerickshaw puller in hospital, madam” No, no los atienden en el hospital.

Recuerdo la última vez que lo vi, estaba acurrucado en su carro durmiendo. Me acerqué y le puse cincuenta rupias en el bolsillo de la camisa. Pensé en alcanzarle un plato de comida y al final no lo hice. Lamento no tener ni siquiera una foto de él. Lamento no haber hecho algo más.

Llegué a la escuela. La obra en construcción de al lado ya es un edificio. Las familias que trabajaban y vivían allí ya no están. No se sabe a dónde fueron.

Me vine con julia a casa y repasé las fotos de Motia Khan. Los chicos desencajados de la risa. Bailando música de bollywood y comiendo golosinas. Probando el chocolate por primera vez. Contentos.

Hay esperanzas.

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bailando bollywood en la fiesta de inauguración de la escuela

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preparándose para entrar a clases

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saludando antes de que nos fuéramos y los dejáramos con las maestras.

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lindos

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cycle rickshaw. para los que los confunden con los AUTO rickshaws, q son los carritos a motor.

Quisquillosos

Todos los martes cuando suena el timbre del primer recreo vienen dos de mis alumnas a charlar “a solas” conmigo. Esto sucede hace tres años y hablamos de todo un poco: de telenovelas mexicanas, de los chicos de les gustan, de Julia y de los problemas que tienen. Una de ellas, J, hace tiempo me viene contando de la situación que vive en su casa. Su padre era violento con su mamá y recién este año pudieron sacarlo de la casa y vivir tranquilas con su mamá, sin violencia.

Hace un par de semanas en nuestras charlas J se quejó de que su mamá no la quiere y la pone a limpiar y no está nunca y la reta. Años atrás yo hubiese pensado “que mala, pobre j” pero esta vez fue diferente: yo también soy madre.

Entonces le dije que su mamá trabaja todo el día y que ellas tienen que entender que está cansada y las quiere mucho y tienen que adaptarse a la situación y ayudar en la casa, colaborar con lo que puedan.

Mi alumna se quedó atónita. Esperaba que yo le diera la razón y no pasó. Al final me la dio ella a mí y se corrió un poco de la postura dramática.

Me consta que su madre las adora a ella y a sus hermanas y hace lo imposible para que tengan lo que necesitan. Soportó malos tratos hasta que pudo independizarse y trabaja de sol a sol para darles todo lo que tienen.

Ahora lo veo del lado de la madre, antes hubiese pensado que esa madre no hacía lo suficiente.

Ahora escucho historias de gente sin hijos quejándose de sus padres y responsabilizandolos de todo lo malo que ellos hacen, de que no tienen un buen laburo, de que no pueden salir de una relación, de no poder enfrentar situaciones. ¿Hasta cuándo podemos culpar a nuestros padres de todo lo malo que nos pasa?
Ahora esos discursos me parecen cobardes e infantiles y estos hijos me resultan ingratos y quisquilosos.

“Mi viejo nunca me leyó para dormir”

Y, tal vez porque llegaba muerto de laburar catorce horas para darte de comer, tarambana.

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Al trabajo con Julia

A las 8 dela noche sonó mi celular y era el abuelo de Julia, que estaba muy engripado y no podía cuidarla la mañana siguiente.

¿Qué hago? Porfi puede venir a la una recién, yo me tengo que ir a las ocho y pico de la mañana. Toda esa seguridad que tenía hasta el día anterior se me fue a la mierda. Estoy sola, mi bebita que sale recién de una gripe depende de mí y no sé que hacer.
No me convencía faltar, recién vuelvo de mi licencia y me encanta mi trabajo, no había avisado con tiempo y si faltaba iba a necesitar un certificado médico y llevarlo hasta Lomas a reconocimiento, o sea que igual iba a tener que salir con ella.

Me fui a dormir porque no daba más de la angustia. Obvio que la pasé a mi cama.

Al otro día me desperté bien temprano y tenía que decidir, pero ya no lo veía como una tragedia, la mañana me hace ver todo menos terrible.

La llevo. Mi directora va a entender, mis compañeras seguro me la tienen un ratito al mediodía y mis alumnos se van a portar bien. Ni hablar que sé que Julia no va a llorar en la tela.
¿Y si se contagia gripe o algo? Y bueno. Este es el trabajo de su mamá y ante un imprevisto tenemos que adaptarnos una a la otra. Hoy le toca a ella adaptarse a mí.
Preparé el bolso, la abrigué bien, la metí en la tela y salimos. Un bondi, el otro, teta en el bondi, (porque hacemos 20, hagamos 23) y llegar a la escuela.

Tal como me imaginé mi directora me recibió con una sonrisa, mis compañeros y alumnos también. Las maestras me la pedían en los recreos y yo descansaba un poco. Mis alumnos también la tenían, la hacían reír y se portaron increíble. Mis alumnos de 6to me emocionaron cuando, tipo una de la tarde, Julia se durmió en la tela y todos hablábamos bien bajito para que no se despierte. Me preguntaban cosas, la corrección de los ejercicios en el pizarrón, ida y vuelta al comedor, todo en susurros para no molestarla.
Las últimas dos horas ya estábamos muy cansadas, pero también se pasaron rápido.

Volvimos a casa a las siete de la tarde, luego de once horas y no dábamos más, mi espalda todavía duele, pero contentas, ella risueña como siempre, yo feliz porque todo había salido bien y pude cumplir con mi hija y con mi trabajo. Baño, comidita y a la cama (cada una en la suya esta vez).

Me quedé dormida pensando en mis chicos, en como son, lo bien que me hacen. Son lo más demandante que hay, pero ayer se dieron cuenta de que tenían que ayudar y lo hicieron. Estoy orgullosa de ellos.

Y en cuanto a Julia, siempre que pensaba en mi hija, desde chica, la imaginaba conmigo afuera. Llevándola en la espalda, como las cholas, en la naturaleza o por la calle, en viajes, de paseo. Siempre. Y, por ahora al menos, esta pasando.

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Todo bien

Ayer tuve mi primer día intensivo de trabajo en la escuela. Trece horas lejos de Julia, las primeras trece horas desde que nació.

Me desperté a las cinco, preparé todo para mis alumnos y fotos de Julia por si la extrañaba demasiado. Tomé un té, le di de comer y me fui. En los colectivos leí como para distraerme. Cuando llegué a la escuela me esperaban mis alumnos, que no me dieron un segundo de respiro, ni siquiera para sentarme a comer al mediodía.
Ellos esperaron meses y meses y tenían mil cosas para contarme, viejos alumnos que ahora están enormes y nuevos que se mueren por aprender.
Eso es lo que amo de la escuela primaria, lo que amo de mi escuela. Mis compañeros y yo somos mucho más que docentes, somos todo durante esas cuatro horas que los chicos van a diario.
Todos quieren atención, todos nos quieren contar lo que les pasa en su casa, con sus hermanos, padres, sus problemas más o menos graves. Y los que no hablan, los que no tienen nada para decir, a esos también hay que preguntarles, reparar en ellos, porque por algo no nos cuentan y también quieren nuestra atención, sólo que no la demandan como los otros.
Entonces las horas se suceden entre ejercicios, canciones, gritos, charlas en los recreos, más gritos, más abrazarme seño, Joni me pegó, Pedro se volvió a Bolivia, a Juanito le pegan y no se defiende, y muchos besos y abrazos.
No tuve un segundo siquiera para extrañar a Julia. Porque en esas horas soy de ellos y así me gusta que sea. Necesitaba estos kilos de demandas y amor, porque es lo que me llevó a trabajar en la escuela pública, es lo que hace que cada docente esté en esas escuelas donde se necesita tanta paciencia y tanta devoción hacia el otro.
Y ahora tengo a Julia en brazos pero en mi cabeza planeo mil cosas para mis alumnos. que en 4to B hay muchos chicos sin útiles, que el papá de J se fue de la casa por fin, que N es nuevo y extraña Bolivia y que la mamá de A no está, así que necesita atención extra.

Volví pensando en ellos y en Julia, que estaría con Porfi, su niñera desde que nació. Me alegré de haberla conocido y de haber hecho que ellas se conozcan y se quieran desde siempre.
Entré a casa y estaban las dos jugando. Julia se reía a carcajadas cuando me vio.

Y así vuelvo de a poco a mi vida, y hay amor para todos.

Así terminó mi día de ayer.

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Les recomiendo esta rutina de baño, agua tibiecita, juguetes, todo lo necesario preparado de antemano y se meten a la bañera. Lujo, lujo. (Enchastre también, pero bueh).

Doce horas

son las seis y media de la mañana y me estoy yendo a trabajar para volver a las siete de la tarde. Es la primera vez que me separo tantas horas de Julia. A su cuidado quedan Jere y Porfi, sus niñeros, y dos cajitas de nutrilón. Yo me voy con mis alumnos, a los que extrañaba como loca y me divierte volver a ver. Les preparé juegos y tareas especiales porque están celosos.
Me llevo esta foto de Julia impresa para combatir la angustia.
Deseenme suerte.

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Mezclar los mundos

Recuerdo una tarde, cuando era sola, en el comedor de mi escuela, abstraerme un segundo y mirar a mis compañeras.

Estaban como adormecidas, sedadas en un mar de gritos infantiles. Yo a mil con los pibes, charlando, jugando, cantando con ellos. Y pensé: claro, acá me vuelven loca los “seño, seño” pero cuando llego a casa no me habla nadie y me tiro en el sillón a ver series y a twittear. Pobres ellas que cuando llegan tienen el “mamá, mamá”. ¿cómo harán?

Bueno, en ese momento fue un pensamiento, ahora será una realidad. Mi licencia terminó y estoy feliz de volver a trabajar, pero me pasan dos cosas:

1) quiero dedicarme a mis alumnos como antes de que existiera Julia.
2) quiero ir al trabajo con Julia en la tela.

¿Cómo hago para dejar a mi bebita tantas horas? ¿Cómo hacen ustedes?
quisiera llevármela y enseñar a mis alumnos con Julia a upa y que aprenda quechua y guaraní y que ellos la sientan como a una amiguita. Sí, pensamiento boludón, pero sería felicidad pura.

Hoy hablé de esto con mi alumna J. y me dijo:

Tu te haces mucho problema, señorita. No puedes traer a Julia, porque entonces la traes a tu mundo y la pegas a ti demasiado, desde chiquita ya tiene que tener su mundo y tu el tuyo, así el mundo de ustedes dos cuando se juntan es un mundo de armonía.

Chan.