Viva el exhibicionismo

Cuando una tiene unos días de antigüedad como madre, osa pensar en salir a la calle a otro lado que no sea dar una vuelta manzana con el pijama, el pelo revuelto y cara de zombie.

Yo recuerdo que mi primera salida sola con Julia fue a almorzar con una amiga. Pero claro, ¿qué hago cundo tenga hambre? Porque yo recuerdo, cuando era una persona sin hijos, juré no andar mostrando las tetas como si nada a los desconocidos. Me prometí a mí misma no caer en esa asquerosidad de “pelar” en el bondi sin ningún tipo de pudor. Esas madres del mal gusto no tienen nada que ver conmigo.
Entonces usé el aparato maligno para sacarme leche y la puse en su mamadera. Salí con la mamaderita lista y cuando Julia tuvo hambre, en pleno restorán, me dispuse a darle de comer.

ILUSA, YO.

Mi hijita se me reía en la cara, no hubo manera de darle de esa mamadera hostil, ella quería tomar la teta como en casa. Por supuesto tuve que volver.

Esos días han quedado en el pasado, porque ahora me pasé de bando, señores, ahora soy culo y calzón con las que dan la teta en todos lados.

Los seres sin hijos que me leen pensarán que soy floja y seguirán cuestionando con sus razones, por ejemplo, que no les parece agradable tener que ver la anatomía de cualquiera de buenas a primeras. Bueno, sepan que es eso o aguantar los gritos de un bebé. ¿Qué prefieren? ¿Mirar para otro lado en el transporte público/banco/plaza/restorán o escuchar alaridos desaforados?

Aparte ahora entiendo otra cosa, la más importante de todas: mi hija me importa más que los demás. De ningún modo voy a dejar a mi hija con hambre para que la gente no se ponga incómoda. Lo siento. Sí voy a tratar de cubrirme para que no tengan que ver toda la escena con detalle, pero ni hablar de complicarme más la existencia para ahorrarles el momento.

Ahora, a cinco meses de haber parido, doy la teta donde sea. Ya no es ¿cuál es el lugar mas raro en el que tuviste sexo? sino ¿cuál es el lugar más insólito en el que amamantaste a tu bebé?
Hoy, por ejemplo, perdí el invicto del tren. Y sé que quedan muchos lugares por descubrir, insólitos recintos donde tendré que acomodarme a alimentar a mi retoña sin vergüenza alguna. Porque parte de una maternidad feliz es entender estos detalles y tomarlos con humor, ¿no?
Bueno, ¡bienvenido, exhibicionismo! Julia y yo te queremos.

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