Cambios

Hace cosa de cuatro días dejé de amamantar a Julia. Hace cinco que duerme en su cama. Estos dos cambios me devolvieron mucha libertad: duermo despatarrada y no estoy presa de la teta ni tengo que amamantar en el tren ni adelante de amigos. Esta buenísimo, pero igual en un rincón de mi ser (¿) me siento triste. ¿Por qué dejar de alimentarla si todavía tengo leche? ¿Por qué no dormir con ella si me encanta? Nunca voy a saber cuánto hay de mi decisión y cuanto de presión del afuera. “Ya está grande para dormir con su mamá” “no la vas a sacar más de tu cama”, “¿hasta cuando le vas a dar la teta?”

Lo importante es que ella no lo sufrió, se acostumbró enseguida a los cambios, la que no se acostumbra soy yo. En la vida de un bebé todo pasa rapidísimo y de un mes para el otro ya no es más un bebé sino que es una nena que camina y se queda dos días sin mí sin siquiera notarlo. Entonces a una le dan ganas tremendas de aprovechar el momento, de no perderse de nada, de disfrutar hasta el último segundo de esa Julia, porque mañana viene otra, también hermosa, también dulce, pero ya no más la del día de hoy.

Un año dormimos juntas, el invierno lo pasamos las dos acurrucadas, se alimentó de mí once meses.

Ya pasó. lo disfruté. ahora lo que sigue.

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