Me tienen re podrida las etapas.

Ya ni pienso en lo que viene, sólo sé que será peor que el presente. Que rompa todo y se tire palomita del sillón es menos doloroso que berrinches tirada en el suelo del supermercado porque no le compro tal juguete y esto suena infinitamente más tolerable que un planteo adolescente.
A esta altura una no habla mucho de los hijos, al menos no como durante el primer año. Ya sabemos que todo pasa, que cada vez es más difícil pero los amamos con más intensidad. Cada día aprendemos a disfrutar más de sus besos y a quejarnos menos de sus enchastres.

El ejercicio constante de la paciencia, la tolerancia y el buen humor.

Mi amiga Javiera, hoy, sobre nuestros hijos que ahora caminan:

Los primeros momentos del niño deambulando son desesperantes. Como todo, el final ya es sabido: el tiempo pasa y la cosa afloja o uno se acostumbra. Cuando Gilda arrancó a caminar yo tenía la sensación de que si la ponía en el Monumental lo cruzaba de lado a lado. Tal su ambición por andar, andar y andar. IMPARABLE. Lo único bueno es que es un paso transicional entre bebés, y niños. Caminar es muy parte aguas. A partir de ahora todo es más: hablan más y tocan todo, pero de a poco empiezan también a concentrarse, a jugar solos, inventar cositas. En cuanto a mí, Intento ser militante del NO, pero me puede, me supera. Hubo siniestro con destrucción total de mi colección de cuadernos bonitos. Perdí los capuchones de todas mis fibras finitas y tuve que tirarlas. Despedí con dolor mis papeles de origami. Decoró con rayas asimétricas los estantes de la biblioteca. La casa es un hospital de campaña para libros mutilados. Y tesoros que guardé x años están totalmente arruinados. Me cuestan los límites, no porque no quiera sino porque no doy abasto. Tiene suerte.

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