hasta que el horóscopo nos separe

hoy les voy a contar una historia que parece salida de una peli de bollywood pero es moneda corriente en el norte de este dichoso país.

Los dos son conocidos míos así que si bien no hablan español, el cambio de nombres me parece necesario.

Ella se llama Djoti y trabaja como cajera en una tienda. Tiene 24 años y es súper tímida. La conocí el día que tuve que esperar una hora mientras cocinaban todas las pakoras necesarias para el desayuno en Motia Khan.

Yo hago abuso de mi ser extrovertido, sobre todo cuando me topo con una india vergonzosa. Entonces me despacho con cualquier disparate, por ejemplo, querer presentarle a mi amigo Prem.

Ambos solteros, ambos divinos y en edad de casarse: bingo.

La chica se rehusaba pero cuando vio la foto de Prem le gustó y aceptó pasarme su número de celular, y mi amigo se enganchó enseguida pues la chica es linda y él está desesperado por ponerla. Y enamorarse (?).

Quedó ahí, corrieron los meses y yo pensé que nada había pasado hasta hace unos  días, cuando me enteré de que Prem y Djoti estaban saliendo. Se gustaron desde el minuto cero. Salieron, pasearon, hablaban de futuros viajes y de mudarse a Kerala. Mi amigo me contaba todo esto y yo me hinchaba de orgullo por haber sido la celestina que terminaba con dos tristes soledades.

Pero claro, esto es india y a la India le encanta el drama.

Resulta que desde el vamos ellos corrían con una desventaja: son de castas y de comunidades diferentes. La casta de ella es mucho más alta que la de Prem y eso a los padres de mi amigo les cayó súper mal.

Ya les conté que en algunas provincias de India como Haryana y Uttar Pradesh (de donde es Prem) para que una pareja (o dos familias) se únan es requisito fundamental pertenecer a la misma comunidad y ser de la misma casta. Una vez que eso se consigue no queda todo ahí, sino que tienen que ganar sueldos parecidos (ella menos que él) y sus horóscopos tienen que ser compatibles. Resulta que hay 36 puntos de sus horóscopos en los que tienen que coincidir al menos en 19, si eso no se da se cancela el noviazgo y chau pinela.

Así de fácil y así de cruel.

Los padres de Prem no son muy flexibles, sobre todo poque él ya está en edad de casarse, pero lo vieron tan enamorado que decidieron ceder ante las diferencias mayores, dejando todo en manos del horóscopo. Si se cruzaban las cartas natales y coincidían en 19 o más de los 36 puntos, entonces aprobarían el noviazgo.

Prem y Djoti estaban felices y nerviosos y cada día más enamorados, porque obvio que si mezclan dos jóvenes vírgenes de veintipico con una historia de amor complicada resulta en una pasion descomunal y prohibida que quita el sueño.

Una semana estuvieron en vilo hasta que los cálculos se hicieron y el resultado salió a la luz.

Catorce coincidencias. Catorce.

No importó el amor por Kerala, ni las ganas de viajar a Suiza ni los nombres de los hijos ni el fanatismo por el fútbol que los dos compartían. Ya no había de donde agarrarse y las familias no se iban a unir.

Entonces Prem me contó que todo quedó en el olvido y que ya no podría volver a ver a Djoti. Ni siquiera como amiga.

Y no sólo eso, sino que los padres de Prem están buscando una reemplazante para casarlo lo antes posible, entonces, mientras él se trata de olvidar de Djoti recibe cinco fotos por día de mujeres que sí son de su comunidad y sí de su misma casta y probablemente el horóscopo y lo demás ya esté chequeado.

Ella, en un intento de salvar el verdadero amor, le propuso irse juntos de viaje sin que sus padres se enteren, y si veían que el viaje juntos salía bien, imponerse ante la familia de él hasta que éstos acepten.

Mi amigo lo pensó, pero conoce sus limitaciones y sabe que por muy abierto que sea, hay cosas que no se anima a hacer pues la decepción de la familia sería demasiado grande.

Ella desconsolada, él sintiendose un boludo sin coraje y otra pareja que queda en el olvido gracias a la maldita tradición india. Prem probablemente se casará con quien sus padres elijan, Djoti se va a recuperar y tal vez pueda enamorarse de alguien que no sea del norte. Lo que sí es seguro es que, aún amándose, no se van a cruzar nunca más.

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Siempre quise trabajar con intocables.

Una tarde de domingo del dos mil siete, mirando video tras video en Youtube llegué a uno sobre los Dalits o “intocables” de la India. El video hacía un pequeño resumen del sistema de castas indio y mostraba como esta gente vivía peor que perros durante toda su vida porque ese era su destino según su religión.

Les cuento como funciona esta máquina perfecta de dominación y sumisión.
Según el hinduismo (religión que profesa el 82% de los indios) los seres humanos fueron creados de distintas partes del cuerpo del dios Brahma. Son cuatro divisiones pero hay muchísimos yatis (subdivisiones de castas). Los brahamanes (sacerdotes e intelectuales) pertenecen a la casta más alta y provienen de la boca de Brahma. Los kshatriyas salieron de los hombros del dios Brahma y tradicionalmente eran los guerreros y reyes. Más abajo vienen los vaishyas, comerciantes, éstos fueron creados con las caderas del dios y por último los shudras, campesinos y sirvientes, creados con los pies de Brahma.

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Los dalits, parias o intocables, no provienen de ninguna parte del cuerpo del dios Brahma y por eso su función es la de ocuparse de todos los trabajos que los de arriba no quieren hacer o que consideran impuros: limpiar baños o pozos sépticos, levantar animales muertos del camino o retirar cuerpos humanos en los accidentes, trabajos que impliquen contacto con sangre y excrementos y son muy mal pagos, obviamente.
La casta define el estatus social, con quién se pueden casar y qué tipos de trabajo pueden realizar. El matrimonio con una casta inferior se considera impuro y contaminante. Y en el caso de los intocables su nombre lo indica: tocarlos contamina.

¿Cuál es el enganche perfecto del hinduismo? ¿Por qué yo, dalit, no puedo mandar a un brahmán al demonio y dejar de limpiar mierda con la mano?
Bueno, el tema es que cada casta tiene su propio deber (dharma) y al morir el cuerpo, el alma afronta su destino (karma) reencarnando en un cuerpo inferior o superior. Si respetaste tu dharma vas a nacer en cuerpo de la siguiente casta superior, pero si no respetaste tu deber dhármico vas a renacer como un intocable o incluso como un animal. Así una y otra vez te vas purificando o hundiendo más en la porquería.
Y su devoción religiosa es tal que consideran que la pobreza y la discriminación son consecuencia de un mal comportamiento en la vida pasada. Y los ricos y poderosos disfrutan de su estatus actual como premio a su buen comportamiento en el pasado.
Es una decisión divina. Ni siquiera hay que sentir pena ante tan injusto sistema social. Es así.

Resulta que hace casi tres mil años existe este sistema de opresión salvaje y a pesar de que la intocabilidad fue abolida por la ley constitucional india de 1950, en la práctica sigue vigente, más aun en zonas rurales.

El sistema indio de castas me quita el sueño hace ya varios años. En poco tiempo voy a estar en India y pienso ir abierta a aprender y a entender esta forma de vida de tantos millones de personas. El desafío es poder sobrevivir sin querer salir a matar a todo aquel que discrimine a un dalit. Poder trabajar con los sin casta, ayudar aunque sea a un par, como hago acá con mis alumnos.
No sé si voy a poder soportar ese nivel de injusticia sin volverme loca. Entonces, como dije, es un desafío enorme. Espero estar a la altura.