C’est fini

Llegó la hora del destete. Hace cosa de dos meses que me vengo sintiendo muy bien. Más segura, flaca, alegre, dicharachera. Estoy genial, digamos. Y de a poco vengo recuperando a la agos de antes de embarazarme, sólo que con mejoras, por ejemplo soy más paciente, Menos criticona. No sé, el halo de la maternidad me ha bañado, pero no lo suficiente como para convertirme en un embole. Ahora salgo y me emborracho con amigos, voy al cine, al teatro, vuelvo a la madrugada. Estoy bastante descocada. Me quedaban dos cosas para sentirme completamente individua feliz con hija: pasar a juli a su cama y cortar con la lactancia.

Pero claro, si bien soy un ser de luz y divertida, también soy holgazana, y no me animaba a cortar con esas dos figuritas difíciles de la maternidad porque suponen unos días de acomodamiento y terror. Si tuviera que hacer un gráfico de torta representando la razón por la cual mantenía la teta, una ínfima porción respondía al deseo de darle lo mejor de mí, una porción un poco más grande porque es gratis y el resto, la cruda realidad: SOY VAGA. La teta es lo más práctico que hay.
Pero es cierto que más allá de la comodidad y el momento amoroso entre madre e hija, me tenía un tanto harta el asedio de mi criatura en todo lugar, tirándome de la ropa, metiéndome la mano en la remera, con rabietas si no la dejaba usarme de chupete.
Entonces había que enfrentar el garrón de los cambios.

Por suerte tengo un hada madrina: CHECHILIA.

La abuela paterna de Julia es un amor y la amamos (yo y todos ustedes también). Es amorosa y me llena de regalos geniales y a la vez un sargento que me azota si no le llevo el capuchino light al balcón por las mañanas. Ella, toda solemne como es, se ofreció a ayudarme con estos menesteres en sus días de visita en casa y hace dos o tres días cortamos casi todas las tomas (en tres días le di sólo teta a la noche) y la pasamos a su cunita. Es duro, no les voy a negar. Me parte el alma ver a mi cholita que me llora para que la lleve a mi cama, que me mira con cara de pollito mojado cuando le ofrezco la mamadera en lugar de darle teta. Pero cuando voy a flaquear, cuando ya no aguanto el quejido de Julia, cuando me muero de cansancio y me duermo en pleno arrullo, aparece ella; estoica, no tiene que abrir la boca, yo obedezco al primer movimiento de cejas.

Y, es que prefiero tener problemas con Julia que con chechilia, para que les voy a mentir.

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