Good Morning Motia Khan

Esta mañana llegamos a Motia Khan pensando que sería una jornada tranquila. Bueno, NO LO FUE.

Teníamos turno en el Sir Ganga Ram Hospital para llevar a Guldesh, el hermano de Adeeb que también muestra signos de raquitismo. La idea era llegar al refugio, repartir leche y avena e irnos al hospital con el niño y el padre.

Ya ni bien nos pusimos a repartir la comida vino una madre a contarnos que su bebé estaba con diarrea. Después Aarti, una de las niñas que ahora empezó a ir a la escuela tenía una herida en la planta del pie que estaba infectada. Luego una que había perdido un embarazo y no se sentía bien.

Mientras Samrita (una chica india que ahora trabaja con nosotras) nos hacía de intérprete, yo subí al tercer piso a ver por qué Chena, Chulbuli y la bebita menor no habían bajado a desayunar. Resulta que me encuentro con la madre tirada en el piso retorciéndose de dolor y las tres hijas a su lado llorando. La mujer (que tiene 28 y parece de 45) se peleó con el marido anoche y se tomó 20 pastillas de diclofenac y paracetamol. Llamé inmediatamente a mi amiga médica y me dijo que el paracetamol la podía matar, que era muy tóxico y junto con el diclofenac eran una bomba para el hígado. Que tenía que ir al hospital.

El martes pasado fueron unos médicos del gobierno al refugio y dijeron que volverían hoy así que decidimos esperarlos y llevar al niño al hospital. Dos horas de ir y venir, ya me muevo como pez en el agua en los hospitales indios. Análisis de sangre, radiografías y la semana que viene llevarlo de nuevo a ver los resultados de los exámenes y arrancar un tratamiento.

Listo, pensé, todo marcha sobre ruedas.

Fue terminar de decir eso y Samrita que me llama para decirme que los médicos no iban a venir, que la mujer estaba muy dolorida y que qué hacíamos. Volví al refugio a devolver a Guldesh y al padre y la vi a Chenita sola. Siempre está sola, es la hija del medio y Chulbuli, que tiene seis años, se encarga de la hermanita de uno, así que de Chena se encarga la madre y a veces. Le hice upa y sentí muchas ganas de dejar a la mujer internada y llevarme a las tres niñas a mi casa. Ya sé que no es lo que conviene, ya sé que no es justo para mi familia y todo lo que quieran, pero es demasiado doloroso verlas tan solas y desamparadas y no hacer nada.

Llamamos a una ambulancia, le pedimos a una vecina que cuide a las niñas y nos fuimos Samrita y yo a un hospital público cercano a llevar a la mujer.

Yo temblaba de miedo pues ya sé que los hospitales públicos son lugares donde va la gente sin recursos y encima imaginen en Delhi y en Old Delhi, o sea lo peor de lo peor.

La vieron los doctores más secos que conocí en mis 30 años (OK, 32) y nos dijeron que tenía que quedarse tres días pues es un caso de intento de suicidio y había intervención policial. Le respondimos que las tres niñas no pueden quedarse solas por el riesgo a morir de hipotermia (en Motia Khan en la última semana murieron 3 hombres de frío) y por el riesgo de abuso. Entonces nos dijo que le dieramos sales, un antiácido y que esperaramos a ver cómo sigue.

Nos volvimos en auto rickshaw y de camino paramos en una farmacia para comprar los remedios. Le preparamos una botella de agua con sales y la pastilla que se tiene que tomar.

Nos quedamos un rato en la escuela atendiendo otros casos mientras las ratas nos pasaban entre las piernas. Uno de los casos es el de una mujer del refugio que nos pidió ayuda pues está embarazada de dos meses y no quiere tener al bebé. Con Samrita le dijimos que la vamos a ayudar y nos miró aliviada.

Cuando nos estábamos yendo miré a Chena que estaba sola en el piso llorando. Por un segundo pensé en llevármela. Pensé en cómo cambiaría su vida si la crio yo. En todo lo que la consentiría. En que ya no tendría que estar casi desnuda con los mocos colgando con este frío. Que esas piernas ya no serían dos palitos. La abracé una vez más, se la dejé a la madre y nos fuimos.

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Chena (Panga)

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asi pasamos un buen rato cada dia.

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Chúlbuli

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acá sólo se ven dos pero había tres ratas en plena reunión muy panchas.

Hacer que cuente

Ayer me tocó ir a un Shopping indio pues ya no sé cómo hacer para encontrar ropa occidental acá en Delhi. Vaya al mercado que vaya, más atestado o más lindo, carísimo o lleno de gangas, todo es kurtas, kurtis, sarees, lehengas, todo ropa india y nada occidental. Y si encontrás un sweater o pollera están indianizados, o sea la pollera tiene tul rosa chicle o el sweater tiene 30 rosas pegadas al cuello; tampoco me gusta.

Mi amiga colombiana me contó que si vas a los mercados con alguien que conozca bien podés comprar la ropa de marcas tipo Zara o Desigual por nada, o sea, un sweater que en Zara sale 50 dólares te lo venden a 500 rupias (diez dólares). Pero sin gurú de compras que sepa dónde exactamente están esos negocios la verdad es que no se entiende nada y uno se amarga de tanto ver sarees y no encontrar una puta camisa.

Entonces me fui al mall nomás, ya que en casa hubo quejas de que en lo único que pienso es en los pobres y que no me compro ropa y ando como una presa, siempre con lo mismo, y que julia casi que no tiene nada que le entre.

Cuando estaba en el probador de Zara esperando mi turno vi cómo la empleada trataba super mal a una chica negra que estaba adelante mío. Pensé que era una mal educada, pero resulta que cuando me atendió a mí fue un amor. La diferencia fue tan chocante que cuando estábamos las dos probándonos ella me dijo (en francés, para que la empleada no entendiera) que está acostumbrada al racismo demencial que padece en India. Los indios son así, cuanto más blanco sos, mejor te tratan. Yo estoy en el medio y creo que salgo ganando, en el extremo negro es pura indiferencia y maltrato y con los blancos y rubios son tan densos, pegajosos y serviles que es incómodo.

Salí del mall con mi ropa de Zara y me la puse para una reunión en la casa de la cónsul argentina que ya es nuestra amiga. No saben la excitación de cenar y charlar con argentinos. Yo caminaba por las paredes. Estaba como drogada, como si recién saliera de la selva y viera gente por primera vez en años.

Esta mañana en Motia Khan estuve todo el rato con la chiquita de 3 años hermana de Chulbuli. No sabemos nada de su madre desde la semana pasada y ella, al ser la del medio, es la que la pasa peor pues a Chulbuli (de siete años) le da para ocuparse sólo de su hermanita de un año y Panga, de 3, queda afuera y anda solita caminando desnuda por todo el refugio. Cuando llegamos siempre tira los bracitos hasta que alguna de nosotras le hace upa y ahí se queda hasta que nos vamos. Hoy éramos pocas y estábamos todas ocupadas, yo repartía la avena cuando siento una manito en el tobillo y era Panga, que me daba la cuchara para que  le diera la avena en la boca. Me dio tanta ternura que me agaché y fui dándole hasta que la terminó. Después le di leche y ya no se bajó hasta que nos fuimos. No me despegaba la cabecita del pecho y poco a poco dejó de tener las manos y pies helados. Lovely Sharma,  quevive en el refugio, sabe un poco de inglés y hace de traductor me dijo “baby go to france” como que me la lleve a Francia. Y sí, la verdad me los llevaría a todos y a ella primero pues fue la niña a la que desparasité en mi primer visita a Motia Khan y que vi cómo fue engordando y ganando fuerzas para caminar gracias a nuestros cuidados.

Es imponente la cantidad de ONGs y fundaciones que trabajan de sol a sol por los pobres en India. Pero claro, más imponentes son los 800 millones de pobres. En fin, acá hay que enfocarse en lo positivo y trabajar sin muchas espectativas, se hace lo que se puede.

Antes de irnos vimos a Sargi, la niña a la que atropelló un auto hace tres años y quedó con una displacia de cadera y casi ni apoya uno de sus pies. Ya tengo ropa, jabón y shampoo para darle el día previo a la visita al traumatólogo. Si vieran lo emocionada que está. Dos cirugías se vienen, escuela, desayuno diario, medicos tres veces por semana. Nuestro trabajo está buenísimo y estoy muy orgullosa de mis compañeras. Este tiempo en India es tan valioso que no puedo más que sentirme súper afortunada de vivir acá.

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Panga

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Chulbuli, su hermanita bebé y Panga

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argentinos 🙂