Cambios

Hace cosa de cuatro días dejé de amamantar a Julia. Hace cinco que duerme en su cama. Estos dos cambios me devolvieron mucha libertad: duermo despatarrada y no estoy presa de la teta ni tengo que amamantar en el tren ni adelante de amigos. Esta buenísimo, pero igual en un rincón de mi ser (¿) me siento triste. ¿Por qué dejar de alimentarla si todavía tengo leche? ¿Por qué no dormir con ella si me encanta? Nunca voy a saber cuánto hay de mi decisión y cuanto de presión del afuera. “Ya está grande para dormir con su mamá” “no la vas a sacar más de tu cama”, “¿hasta cuando le vas a dar la teta?”

Lo importante es que ella no lo sufrió, se acostumbró enseguida a los cambios, la que no se acostumbra soy yo. En la vida de un bebé todo pasa rapidísimo y de un mes para el otro ya no es más un bebé sino que es una nena que camina y se queda dos días sin mí sin siquiera notarlo. Entonces a una le dan ganas tremendas de aprovechar el momento, de no perderse de nada, de disfrutar hasta el último segundo de esa Julia, porque mañana viene otra, también hermosa, también dulce, pero ya no más la del día de hoy.

Un año dormimos juntas, el invierno lo pasamos las dos acurrucadas, se alimentó de mí once meses.

Ya pasó. lo disfruté. ahora lo que sigue.

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C’est fini

Llegó la hora del destete. Hace cosa de dos meses que me vengo sintiendo muy bien. Más segura, flaca, alegre, dicharachera. Estoy genial, digamos. Y de a poco vengo recuperando a la agos de antes de embarazarme, sólo que con mejoras, por ejemplo soy más paciente, Menos criticona. No sé, el halo de la maternidad me ha bañado, pero no lo suficiente como para convertirme en un embole. Ahora salgo y me emborracho con amigos, voy al cine, al teatro, vuelvo a la madrugada. Estoy bastante descocada. Me quedaban dos cosas para sentirme completamente individua feliz con hija: pasar a juli a su cama y cortar con la lactancia.

Pero claro, si bien soy un ser de luz y divertida, también soy holgazana, y no me animaba a cortar con esas dos figuritas difíciles de la maternidad porque suponen unos días de acomodamiento y terror. Si tuviera que hacer un gráfico de torta representando la razón por la cual mantenía la teta, una ínfima porción respondía al deseo de darle lo mejor de mí, una porción un poco más grande porque es gratis y el resto, la cruda realidad: SOY VAGA. La teta es lo más práctico que hay.
Pero es cierto que más allá de la comodidad y el momento amoroso entre madre e hija, me tenía un tanto harta el asedio de mi criatura en todo lugar, tirándome de la ropa, metiéndome la mano en la remera, con rabietas si no la dejaba usarme de chupete.
Entonces había que enfrentar el garrón de los cambios.

Por suerte tengo un hada madrina: CHECHILIA.

La abuela paterna de Julia es un amor y la amamos (yo y todos ustedes también). Es amorosa y me llena de regalos geniales y a la vez un sargento que me azota si no le llevo el capuchino light al balcón por las mañanas. Ella, toda solemne como es, se ofreció a ayudarme con estos menesteres en sus días de visita en casa y hace dos o tres días cortamos casi todas las tomas (en tres días le di sólo teta a la noche) y la pasamos a su cunita. Es duro, no les voy a negar. Me parte el alma ver a mi cholita que me llora para que la lleve a mi cama, que me mira con cara de pollito mojado cuando le ofrezco la mamadera en lugar de darle teta. Pero cuando voy a flaquear, cuando ya no aguanto el quejido de Julia, cuando me muero de cansancio y me duermo en pleno arrullo, aparece ella; estoica, no tiene que abrir la boca, yo obedezco al primer movimiento de cejas.

Y, es que prefiero tener problemas con Julia que con chechilia, para que les voy a mentir.

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Duérmete niña

Luego de intentar un par de noches (sí, sólo dos) el tema del cuentito, calmarla cuando llora y demás, tomé una decisión: no escuchar a más nadie y hacer lo que quiero.

Es muy difícil que duerma en su cama y en su cuarto, pero lo más difícil de todo es dormir sin ella. La verdad, me encanta dormir con ella. Ya no es una bebita diminuta (ok, nunca fue diminuta, hablo de la versión recién nacida de Julia, o sea cuatro kilos de rollos), esa Julia ya fue, ahora es otra y también va a seguir creciendo y a convertirse más y más en una niña. No me puedo dar el lujo de dormir lejos de esos rollos, de esas piernotas gordas que pellizco entre sueños. Me vuelve loca abrazarla y que me despierte con sus manitas en mi cara. Entonces, Faga, capo, te quiero pero no voy a aplicar tu técnica del sueño. Abuela paterna de Julia, mi querida Cecilia, sos lo más de la vida y te extraño, estoy deseando que vengas y reírnos tomando vino blanco y contando anécdotas locas, pero en esta no te hago caso.

Hoy, mañana, pasado y hasta que se nos ocurra, dormiremos pegadas.

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Duérmete niña (pero conmigo)

Aprendí lo que era el colecho una de las primeras noches con Julia en casa. Me dolía la herida de la cesárea y cada vez que me incorporaba a buscar a Julia a su moisés veía las estrellas. Y ya me habían cortado el chorro de ketrolac que me mantuvo en un limbo de drogadicción los primeros días. Me acosté con Julia y, la verdad, no quería devolverla a su camita. O sea, era una bebita minúscula, tierna, no se movía mucho, se quedaba donde la apoyara, no tiraba del pelo ni baboseaba la nariz, como ahora.
En twitter, una gurú de la maternidad, Muma, me contó por primera vez las bondades del colecho.
Que es seguro dormir mamá con bebé, que hay que poner algo entre el bebé y el padre sobre todo antes de los tres meses, que una descansa mejor y el bebé también.

Leer sitios melosos me dieron luz verde a la fiesta del colecho. Dormirme con mi hija toda chiquita y darle la teta entre sueños, sin tener que levantarme. Incluso tenía el ok del pediatra.
Pero a los dos meses de vida de Julia, una noche, se quedó dormida temprano y la acosté como en una siesta, en su Moisés. Desde esa noche nunca más colechamos. A mi hija le gusta dormir en su cama, en su cuarto. Tengo que aceptarlo. Duerme mejor, de corrido, se despierta mas descansada. cuando duerme conmigo lloriquea, como si estuviese incomoda. duermo mejor yo también, debo aceptarlo, porque me estiro tranquila sin temor a tirarla de la cama.

A mi hija no le gusta tanto dormir conmigo, pero igual a veces me valgo de artimañas como fiebre, dolor de encías y mocos para traermela a la cama y dormir cachete con cachete.

¿Ustedes pudieron colechar? Miren esta imagen sobre el babysutra del colecho. ¿No es tierno?

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