Amibitas

Una tarde mi amiga Paz ofreció su casa para que yo informe a mis amigas sobre mi embarazo. Llevamos porquerías para comer y yo temblaba de los nervios.

Cuando lo conté, G. se puso a llorar, pero no de alegría. Estaba indignada, le parecía una locura. Recuerdo que todas la consolamos y le explicamos que todo iba a estar bien. Las demás me escucharon e hicieron lindos comentarios, pero yo sabía que pensaban que estaba haciendo cualquiera. La única que se alegró de entre todos mis amigos, la que se alegró realmente, fue Paz.

Pero Paz porque es Paz, pero a los demás los entiendo. Nosotros no somos así. Hasta el año pasado me gustaban los niños, sí, pero los bebés me parecían insoportables, aburridos, babosos, corta mambo. Abrazaba mi tiempo y mi individualismo con amor adolescente. Disfrutaba de cada segundo sola, haciendo lo que se me cantaba, leyendo, durmiendo, yéndome de vacaciones y durmiendo en antros de perdición por las anécdotas. Cada vez que me mostraban un bebé tenía que mentir que era lindo, ni siquiera me salía qué decir. Si vos estas leyendo mi blog, tenés un hijo y yo te lo halagué antes de 2013, te dije cualquiera, era mentira, de compromiso. Después me juntaba con mis amigas a sentir lástima por las pobres madres que no tenían vida, o sí tenían, pero una más aburrida que la nuestra.

Con seis meses de embarazo G. me dice: “¿Che, el crio tuyo ya tiene forma humana?” Ante mi asombro, la bruta dijo el HIT del año, la frase que le sigo repitiendo cada vez que la veo: “bueno, yo pensé que era un tronco con muñoncitos”

Sí. En un punto sentí miedo de que mis amigas no quisieran a Julia, pero siempre valoré que no me mientieran, que fueran sinceras con respecto a lo que sentían con el embarazo. Ahora, a cinco meses de su nacimiento, Julia va a cada reunión, o ellas la visitan, le hacen upa, caras, la duermen, le juegan. Para Paz julia es su sobrina, Nati le trae juguetitos autóctonos de sus viajes, G le quiere sacar fotos y fantasea con un hijo propio.

Y me alegra haber sido la primera, me alegra que Julia nos haya cambiado la cabeza a todas y ahora comprendamos a las madres y veamos la belleza de la maternidad.

Y claro, para qué me hago tanto la misteriosa con G, si todos sabemos que es la yisela del pueblo.

Las amo amiguitas.

20130627-142444.jpg

Cinco meses de vida

Julia es tranquila porque vos sos tranquila y le trasmitís paz.

Eso me dicen cada vez que cuento que mi hija duerme bastante bien de noche y no llora casi nunca.
Otra que me dicen mucho es la del embarazo tranquilo, generalmente lo dice la gente que no me conoce o no me vio durante mi embarazo.

Cuando lo escuchaba antes de parir vaticinaba una bebita llorona e histérica, porque así soy yo, o así era, antes de que me cubriera el halo sedante de la maternidad. Es verdad que cambié mucho, pero durante mi embarazo fui una loca panicosa que no paraba de quejarse y lamentar absolutamente todo.

Como ya conté antes, no planeé el embarazo. Me costó mucho hacerme la idea de ser madre. Me encantaba mi vida como estaba, no me estaba sonando ninguna alarma biológica ni nada del estilo.
Cuando me relajé, un segundo, mi abuela entró en la fase final de su leucemia y con cinco meses de embarazo la acompañé en sus últimas horas, le sostuve la mano hasta que murió. Fue lo más duro que me tocó vivir hasta ese día. Mi abuela querida. No pude irme de su lado porque sentí que era un momento tan difícil el que tenía que atravesar, que irme de esa habitación era algo cobarde. Cuando murió salí y estaba mi viejo totalmente desbordado. Me dijo que no iba a poder superarlo.

Y no pudo.

Ése fin de semana vi a mi padre por última vez. Me llevó al tren, le di un beso así nomás sin sospechar que ya no lo vería más, que iba a morir una semana después de un infarto sin saber que era nieta y no nieto, como me habían dicho. Él quería una nena y soñaba con tenerla con él, cuidarla, hacer la siesta juntos.
Mi viejo murió con 54 años. Tantas cosas no le dije.
Mis otras pérdidas fueron con tiempo, cáncer, que es tan hijo de puta con la persona pero permite a los que se quedan despedirse, hacerse una idea de lo que se viene, recuperar algo del tiempo perdido.
No pude hacer nada de eso con mi padre.
Me dejé cuidar por él como nunca antes durante los poquitos meses que me vio embarazada. Me hacía mi comida preferida, dormía en un colchón a mis pies para que yo durmiera en su lado de la cama, me cuidaba con tanto amor.

Todavía mi cabeza no entiende que Julia no lo va conocer, que él no la ve tan linda y risueña, que no va a sanar todas las heridas de su vida jugando con ella y sintiendo su cariño.

Y es tan triste, una herida que no sana, la tapo para que no se vea.

Tuve ataques de pánico desde que murió mi viejo hasta el nacimiento de Julia y traté de parecer lo más normal que me era posible cuando por dentro estaba desencajada.

Julia nació y es una beba tranquila, dulce, simpática y no llora nunca.

A veces pienso (aunque no debe ser así, pero me gusta pensarlo igual), que ella es la bebita que yo necesitaba, que me trajo la paz y la alegría, que me hizo todo más fácil.

No aclarés que oscurece

Durante el embarazo me compré varios libros alusivos. De la lectura de todos ellos saqué una conclusión inesperada: me quedo con los más pelotudos.

Sí, esos que te dicen cuántos centímetros mide el bebé cada semana, cuándo vas a sentir la primera patadita, qué ejercicio te alivia el dolor de espalda y te tira opciones de nombres pretenciosos con sus respectivos significados.

Amo y venero esos libros.

Porque vieron que también están los que prometen contarte LA VERDAD absoluta, esa verdad que nadie antes había dicho y te está siendo negada a vos, pobre embarazada.

Estos libros te informan que la mayoría de los embarazos resultan de un error, del reloj biológico que te obligó a enchufarle un pibe al primero que tocó la puerta, que en verdad es porque estabas frustrada con tu carrerucha y querías sentirte útil en la vida o notaste que se te estaba por piantar el novio y lo quisiste retener, cual Soraya Montenegro con Luis Fernando.

Te cuentan que cuando nazca el pobre bebé tu vida va a ser un infierno, tu suegra y tu madre te van a romper las pelotas sin descanso, tu marido probablemente se vaya de casa, no vas a dormir más, te vas a deprimir, tu hijo llorará descontrolado todo el día y vas a tener que olvidarte de tus aspiraciones profesionales para siempre. Eso, claro, si no entrás en el 5% de las mujeres que recurren al infanticidio.

Les agradezco la información, pero no me rompan los huevos, gracias, ya tengo suficiente. De todo eso, en caso de que sea así, ya me iré enterando, no necesito que con una panza gigante con un signo de interrogación adentro me estén sumando el estrés de tener que plantearme por qué carajo me embaracé. Déjenme ver ropita y pensar nombres en paz, que en pocos meses me voy a tener que internar en el infierno que me están describiendo.

20130528-141638.jpg

A eme o

Ni pensé en un embarazo. No me venía pero estaba tan flaca que creí que eso tendría algo que ver. Estaba yendo de la escuela a la psicóloga y en la esquina me compré un evatest. Porque sí. Subí y le dije que me lo iba a hacer en el baño, porque si estaba embarazada necesitaba esa sesión para descargar los nervios.

Lo dije en chiste, era imposible.
Cuando salí del baño vimos las dos líneas azules perfectas. Me tomé 0,50 de clonazepam que tenía en la cartera.

Salí de ahí, todavía loca, pensando que no era el momento, estaba muy mal con mi novio, “soy muy chica (?) y no estoy lista para ser madre.”
Me senté en Kentucky a tomar un agua sin gas y a llamar a mi madre. Le dije y se alegró. Cuando volví a casa le dije a mi novio y se puso contento. No le dio miedo, al contrario.

No era el momento, no fue buscada, yo siempre lo soñé diferente. Seguí fumando porque todavía no quería a esa cosa.

En la semana ocho fui a hacerme una ecografía. Cuando escuché los latidos me largué a llorar y volví a casa pensando que todo estaría bien, a pesar de que mis amigas no apoyaban del todo la idea y yo me sentía tan incómoda con la idea de la maternidad, no lo sentía para mí.

Me di cuenta de que quería ser madre una noche que le escribí a @angulita y le conté, sin conocerla demasiado sentí ganas de contarle eso tan íntimo. Miré sus fotos y un video en particular. Uno que había hecho su hermana para el día de la madre, con fotos de agus y su hijo coco. El video tenía de fondo una canción que me acompañó durante todo el embarazo, y es el día de hoy que se la pongo a Julia y la escuchamos juntas, porque esa noche que la escuché, solas las dos, decidimos que sí.

Hola

Que alguien me explique qué tiene de bueno el embarazo.

No, sí, tiene de bueno que todo el mundo hace lo que a vos se te canta y te olvidás de lo que era viajar parada en el Bondi o hacer una cola en el banco. Sacando eso es una real cagada.

Como no conectaba con ese feto que tenía adentro me metí en foros de embarazadas.
No me sentía identificada con la mayoría de ésas embarazadas. mientras ellas morían por la primer patadita yo soñaba con lluvia de rivotriles de 2mg. Ellas imaginaban a quién se parecería El Niño y yo qué enfermedad podía heredar. Ellas lo sentían como un pececito y y como una anguila maligna que se movía en mi panza. Ellas alegría, yo ataque de pánico. Ellas felicidad yo alien el octavo pasajero.

esa maravilla de momento en la vida de toda mujer a mi me generaba la muerte misma y me daba la pauta de que si ya estaba sufriendo tanto, ¡me esperaba lo peor! ¡Efectivamente iba a tener que fumarme a ese engendro hasta la mayoría de edad! Mi vida estaba acabada, mis gintonics a las 7 de la tarde, mis salidas con lía, mi viaje al sudeste asiático, mis 50 kilos. Lo mejor de todo era ese momento de mierda que yo estaba viviendo, después venía algo súper difícil y no dormir nunca más, jugarle a un pendejo todo el día, cambiar pañales, ser más pobre.
Llegue a la clínica como quien camina hacia el cadalso. Mientras esperaba entre contracción y contracción me imaginaba lo engorroso de tener que fingir de por vida que ese ser me parecía tolerable.

Y después la vi. Y no era deforme ni horrenda ni insoportable. Cada hora que pasaba la quería más. Podía dormir, pero me parecía más interesante mirarla a ella. Y lloraba, si, pero recién vino al mundo, mi amorcito, ¿cómo no va a estar asustada?
De repente yo era una más del foro. Ella es la más linda del mundo y quiero hablar de su caca. Y me despierto tres veces por noche pero sin mal humor. Y miramos series. Y no tomo gintonics pero ya volveré a tomar. Y vamos a ir a Bolivia juntas. Y ya era medio aburrido salir tanto hasta cualquier hora.
Y con la lactancia bajo los kilos del embarazo. Y no sólo no es tan malo, sino que es ese cliché de los foros, es lo mejor que me ha pasado en la vida.