Mujeres

Christelle limpiaba la quemadura de Muskan y la volvía a vendar mientras ella, en silencio, miraba su nuevo pañuelo amarillo. Chenna, en mis brazos, tomaba sus vitaminas y Marlenne untaba crema en la piel de la mujer que hace unos años su marido prendio fuego antes de matarse. Un día normal.

En eso entró una pareja, Meenama y Raju. Ella hermosa, él se veía un poco ridículo. Samrita nos tradujo lo que pasaba: Raju se cortó el brazo unos días atrás y en el hospital le cosieron la herida. Los puntos se le infectaron, el brazo estaba hinchado y lleno de pus y apenas Christelle se acercaba para lavar la herida este hombre se retorcía de dolor.

Samrita le explicó a Raju que Christelle tenía que limpiar la herida y sacar algo de pus, que se aguantara, pero Raju era incapaz de soportar el dolor. Entre Meenama y Samrita trataron de sostenerlo pero no había caso. Raju se largó a llorar como un bebé y se negaba a que se acercaran a su brazo.

Diez mujeres observando cómo este hombre que un día normal ni nos dirigiría la palabra escondía la cabeza en el pecho de su pareja. Se retorcía usando de pañuelo el saree de la mujer a la que engaña, a la que le pega cuando está borracho, la que tiene que tener sexo cuando él quiere, la que puede echar de su familia cuando se le de la gana.

Nos burlamos un poco de su llanto y Meenama lo consolaba. “No es un mal esposo. Y cuando me pega yo se la devuelvo”

Algunas de las mujeres de Motia Khan fueron abandonadas por sus maridos y sólo velan por el bienestar de sus hijos. Otras, muchas, soportan a las bestias con las que se juntaron porque no les queda otra, porque es parte de su cultura. Muchas se drogan y se abandonan porque no aguantan la vida que les tocó en suerte.

Es verdad que las mujeres de Motia Khan no son modositas y débiles. Es cierto que me resulta chocante verlas, a veces. Porque en lugar de ser tiernas damas vistiendo sarees de colores están sucias, gritan, se pelean y en su cara se nota que los años pasados no fueron fáciles. Porque para sobrevivir en el Motia Khan hay que ser fuerte y mucho más si sos mujer. Mucho más porque a nadie le interesa que hayas nacido, porque aparte del hambre hay que soportar el maltrato de los hombres y porque para llegar a la adolescencia sin haber sido violada es considerado un milagro.

Meenama es joven y no tiene hijos. Es despierta, atrevida y contestadora. No se calla y todos saben que con ella no se puede jugar. Aprovechando el momento le pregunté por qué no quería ser madre aún. Dijo que porque ya vio demasiadas mujeres sufrir por amor y por sus hijos. Que ella primero quiere asegurarse de que su pareja la vaya a acompañar y que tenga trabajo fijo.

Samrita terminó de traducir y las tres miramos a Raju, que sacó la cabeza escondida en el saree de Meenama y la miró sollozando: “me quiero ir”.

Ella largó un suspiro, le besó la frente y se lo llevó.

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Sin filtro

El despertador sonó a las 7 am pero ya estaba despierta chequeando argentina. Siempre que me levanto me fijo las  notificaciones pues las horas más importantes de mi país me las paso durmiendo.

Tomé un té, me puse protector solar y mi buzo favorito que compré en Sarojini Market, una especie de La Salada donde se encuentran gangas si uno sabe revolver montañas de porquerías.

Me pasó a buscar mi amiga colombiana y nos fuimos charlando hasta el Liceo Francés. Desde ahí salimos a Motia Khan los martes miercoles y jueves. Charlamos en la puerta del colegio y saludé a tres colombianos que vinieron especialmente a conocer el Motia Khan. Estaban nerviosos por lo que podrían encontrar.

9 am Llegamos al refugio y se nos amontonaron una horda de niños mayor a la usual. Por los feriados de Holi no íbamos desde el martes pasado. Samrita y los indios nos recomendaron no ir porque el ambiente se pone pesado entre el alcohol, la fiesta y los polvos tóxicos, así que estaban excitados de vernos después de una semana de ausencia.

Subimos al primer piso y arrancamos con la distribución de leche y avena. Yo, como siemre, tuve un largo rato a Chenna en brazos e hice toda la repartija de leche, los juegos y las idas y vueltas con ella a upa. La gente se acerca y te habla para contarte lo que le pasa, entonces llamo a Samrita, ella traduce y entre las dos tratamos de dar una respuesta o derivar al que pueda dar lo que esa persona necesita. Básicamente escuchamos y atendemos los pedidos mientras la médica de hoy revisaba a los enfermos.

Me acerqué a los voluntarios colombianos y les pregunté cómo estaban pues los vi un tanto shockeados. Les dije “hoy es un día tranquilo, un día lindo”.

No terminé de decir la frase y entró el viejo sin ojo de la mano de dos niños de unos diez años. Los dos lloraban. La niña se corrió el pañuelo que la cubría y vimos que tenía el torso quemado. Lo que entendimos es que se había quemado con té cuatro días atrás. El hermano estaba más nervioso que ella. Lloraba y la agarraba fuerte de la mano. La médica la revisó y le limpió la quemadura antes de ponerle una pomada y vendas. Me emocioné viendo a esa niña que estando quemada, dolorida y rodeada de gente, respondía cada caricia o cada gesto con una sonrisa. No sólo aguantaba una curación que a cualquiera de nosotros nos tendria llorando y a los gritos sino que se encargaba de responder cada mirada de los que se acercaban a hablarle en un idioma desconocido.

Yo preferí no acercarme porque no quería darle más trabajo del que ya tenía.

Cuando mi amiga terminó con la niña siguió con una infección urinaria y un par de casos más. Luego se fue con el resto de voluntarios y francesas. Samrita y yo bajamos a la escuela a estar un poco con los chicos y a entregar los primeros dos kits de bordado para Sarji y Kajal. A Kajal le encanta coser y es muy hábil para las manualidades. Aparte decidimos darle un incentivo porque cumplió tres meses de asistencia perfecta en la escuela. Sargi es más rebelde y hace unas semanas la vieron aspirando pegamento. Su madre la castigó por eso y Samrita y yo le dijimos que si no paraba la internaríamos en una clínica de rehabilitación.

Bordamos una hora, corregimos ejercicios, ubicamos ciudades indias en el mapa, armamos rompecabezas, jugamos a deletrear nombres.

Salimos a la calle y me encontré con la niña quemada. No tenía ropa limpia para cubrirse y las vendas podían caer así que le dejé mi buzo preferido de sarojini. Le quedaba como vestido.

Atendimos un par de demandas más y nos fuimos a almorzar y a planear los pasos que faltan para la guardería y la esterilización de unas madres que nos pidieron ayuda. Son seis y la ONG india Samarpan, por suerte, está de acuerdo en acompañarlas en el proceso. En la puerta del café al que fuimos vimos a unos niños de Motia Khan que se dedican a mendigar la mayor parte del día y a veces ni estamos al tanto de que existen porque se van del refugio antes de que nosotros lleguemos. Hay que hacer algo. Nos tapa la pila de pendientes.

Un eggwrap picantísimo y un café más tarde salimos para Hati basti, otro de los proyectos de Samarpan. Es a orillas del río Yamuna, entre árboles y miles de flores y huertas. El clima está hermoso. Tenemos que repartir pilas y pilas de ropa donada. Por suerte la escuela llegó hace cuatro años a este lugar y hoy en día no es un infierno como Motia Khan. Todos obedecen y eligen ropa con paciencia. Terminamos y volvemos a la ciudad por un camino angosto de tierra. Esquivamos elefantes y camellos.

Son las 4 de la tarde, camino hasta la estación del metro, mi estación preferida: Mandi House. Estoy agotada. Me arrastro hasta mi casa. Voy a servirme agua y veo que Mamila hizo mi plato favorito pero no tengo hambre. Quiero acostarme y dormir 4 horas seguidas. En lugar de hacerlo, me pongo a escribir este post. En cinco minutos se va la niñera y me llega la hora de ser madre. Antes, apreto send y separo un bolso de ropa y jueguetes para la nenita quemada. Mañana se lo llevo.

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Kajal con su kit de bordado

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La nenita quemada con mi buzo de sarojini

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niño de Motia Khan que pide en la puerta del subte

Vuelta al Ruedo

Acabo de llegar de mi primer día en Motia Khan y estoy tan pasada de revoluciones que tuve que servirme una tacita de clona pues era eso o dormir cuatro horas de siesta reparadora y no puedo hacerlo porque tengo que seguir trabajando desde casa. Ya sé, mis amigos, que cada post que hago cuento que me dispenso una pastilla, ustedes deben pensar que soy pastillera, pero yo sé que no me juzgarán. 0,25 de clona y un vaso de agua no se le niegan a nadie.

Este post arranca cuando tomé el rivo y lo escribiré mientras surte efecto así que muy probablemente empiece trágico y termine con una bella melodía de Thalia de fondo y muchas florecillas y cuentos de felicidad. Ya veremos.

Apenas bajé de la estación de Metro Ashram Marg me tomé un cyclerickshaw que por hacer 15 cuadras me quiso cobrar 150 rupias. Mi amor. Le pagué 50, que es mas de lo que debería ya que es Old Delhi y la gente paga nada. -Volví con poca occidentalidad residual, pensé.

Apenas entré fui a saludar a la escuela, donde me encantó ver chicos nuevos que empezaron en el mes de febrero y, sobre todo, ver que Sargi y Kajal andan muy bien con los símbolos en hindi y muy prolijas con el abecedario. También aprendieron algunas frases en inglés y van limpias y peinadas (kajal sobre todo).

Subí al tercer piso porque no me aguantaba las ganas de abrazar a Chenna. La vi sentada en el piso, raquítica y pelada. Las piernas dos palitos como siempre. Está bien, todos tuvieron el virus, por eso están relativamente más flacos que antes de irme a Buenos Aires. Apenas me vio me abrazó y no me soltó hasta que me fui y no sin mucho llanto. La madre volvió a decirme que me la traiga a casa, que ella no la quiere porque ya tiene dos más. Igual sé que a veces se pone celosa de que que Chenna sea tan cariñosa conmigo asi que no es para tomar tan en serio.

Hablamos con algunas madres, casi todas quieren operarse para no quedar más embarazadas así que ese será uno de los desafíos para este año.

Dos horas después nos fuimos con Samrita a la estación del metro y tomamos un café con comida deliciosa para tener nuestra reunión sobre los temas pendientes. Samrita arracó con:

– podemos empezar a hablar de las muertes

– Cuántas hubo?

– Algunas. Ancianos, dos sobredosis, una mujer en circunstancia dudosa pues sufría violencia familiar pero murió envenenada. Uno se quemó, niños desaparecidos que no se sabe si están muertos.

– …

– la mujer que murió tenía cinco hijos. dos de ellos son del actual marido que le pegaba y éste se los llevó a un slum cercano. los tres restantes eran de un matrimonio previo, su ex marido que se tiró a las vías del tren hace ocho años así que esos niños hoy necesitan un hogar ya que no pueden quedar solos en motia khan porque seria muy peligroso. Hay que ocuparse de eso.

-Ok. Kajal me contó que Sargi empezó a inhalar pegamento hace unos días.

– Sí, ya hablé con ella, vamos a darle una oportunidad porque la amenacé con que si no deja y se enfoca en la escuela la vamos a internar en un lugar para superar su adicción y no va a poder volver a MK por tres meses.

– Sé que Kajal y Sargi son muy buenas con el bordado y les divierte mucho. Para el lunes voy a traer kits de bordado para ellas como regalo por haber asistido estos meses a la escuela y por sus progresos. Kajal se lo merece y Sargi tiene que desviarse de las drogas. Aparte necesitamos modelos para que las niñas que todavía no se engancharon y asisten sólo a veces a la escuela, como Chulbuli, se copen.

Después de darle con un caño a World Vision, una ONG católica que sólo va a sacar fotos y a llevarse nuestro crédito, concluimos con la urgencia de la guardería. No puede pasar más tiempo mientras esperamos que tal empresa o tal otra nos la banque. Hay que arrancarla cuanto antes. cada día, cada mes que pasan los más chicos tirados por ahi, mendigando, sin tocar un juguete, sin recibir una caricia, es un mes perdido. Es nuestra prioridad.

Terminamos la reunión y me subí al metro aceleradísima. Estoy como si no hubiese dormido en cinco días.

Es que a a veces me olvido que Motia Khan no es precisamente Rincón de Luz. Veo las caras felices, las fotos de los chicos mostrando sus cuadernos completos y siento que están mejorando. Pero la realidad es que hay una hora en que nosotros nos vamos, las maestras terminan de enseñar, se hace de noche y todo vuelve a ser un infierno. Un infierno al que están acostumbrados, pero no por eso es menos horrendo.

Hay unos cincuenta niños que no entran en nuestros números pues mendigan todo el día. Se van tan temprano y vuelven tan tarde que nunca llegamos a verlos. Tenemos que llegar también a ellos.

Hay años de trabajo por delante.

Pero como aprendí acá, es importante entender que no se puede cambiar a la india. No voy a solucionar nada del desastre demencial que vive su gente. Hay que aceptar que no se puede todo. Hay que trabajar en lo posible y enfocarse en lo positivo para no quedar internado en un psiquiátrico.

Eso haré.

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Kajal

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nominada a foto mas cursi del año

butter chicken para todos y todas

Acá les paso la receta que tanto me pidieron y aprovecho el post para agradecer a cada uno de los lectores que conocí con la excusa de la venta de los calendarios. Con todos charlé, me rei y me sentí cómoda. Gracias por apoyar nuestro proyecto y por estar siempre, con comentarios, con chats de fb y en vivo. Con lo que recaudamos de la venta en buenos aires vamos a armar una guardería para los más chiquitos del refugio, para que tengan un espacio de juego y estén contenidos mientras sus hermanos mayores estudian. No es genial? Me enorgullece saber que tanta gente se comprometió y cuando vean las fotos sé que se van a sentir muy contentos de haber participado.

Mi idea durante meses fue armar una cena con muchos de mis amigos y conocidos en twitter y cocinarles butter chicken. Pero al final no tenía dónde meter a todos los que quería invitar y tuve que desistir, así que dejo la receta para que al menos  lo intenten en su casa. Acá va:

Importante: no pierdan el tiempo asombrándose con lo pesado que es este plato. sí, es pesado, sí, tiene mucha materia grasa. coman poco si quieren (y si pueden).

Ingredientes para cuatro personas (y que sobre):

4 o 5 pechugas de pollo

8 dientes de ajo grandes (o diez si son chiquitos)

1 pote de yogur natural

2 falanges de jengibre fresco

cinco cebollas (si es cebolla morada mejor, pero la común sirve igual)

siete u ocho tomates perita

400 cc de puré de tomate

100 gramos de manteca

1 cdita de té colmada de garam masala (especia deliciosa q encontrarán en hipermercados y en el barrio xino)

150 cc de crema de leche

sal, aceite y chili powder si les gusta picante.

arroz basmati para acompañar.

Preparación:

Por un lado cortan el pollo en cubos y lo dejan en un recipiente. Muelen cinco dientes de ajo y los agregan al pollo junto con sal y el pote de yogur natural. Mezclan con las manos o cuchara, asegurándose de que todo el pollo quede impregnado con el menjunje ya que lo vamos a dejar marinar al menos media hora mientras cocinamos lo que sigue.

calentamos media taza de aceite en una olla y cuando está bien caliente agregamos el ajo (los 5 que nos quedaron) picado chiquito junto con el jengibre picado chiquito y las cebollas picadas (no muy chiquitas).

Lo dejamos cocinar hasta que las cebollas están doradas, entonces agregamos los tomates perita cortados en cubos, sal y revolvemos un poco. Dejamos que se cocine todo durante unos minutos hasta que notemos que el tomate ya está casi  puré. Ahí es cuando agregamos el puré de tomate, un poco de agua y revolvemos apenas. Cuando pasan unos cinco munutos retiramos del fuego y dejamos a un lado. con la mini pimer procesamos así no queda rastro de cebolla o piel del tomate sino que es todo un puré.

mientras, en un wok ponemos el pan de manteca y cuando vemos que la manteca ya está casi toda derretida agregamos el pollo que estuvo marinandose con el yogur y el ajo. Van a ver que entre la manteca y el yogur va a haber bastante líquido y el pollo va  a tardar en cocinarse, pero sean pacientes. Mientras todo esto ocurre, es el momento de echar el garam masala y el chili si quieren que salga picante, yo sólo le agrego el garam masala. Mueven todo con cuchara de madera y esperan que se cocine. Si quieren pueden sacar con una cuchara algo de líquido, sobre todo si sienten que de sólo ver tanta manteca se les tapa una arteria. Yo lo hago pero no es necesario.

Cuando el pollo está cocido agregan el tuco que hicieron previamente y ya está procesado. mezclan y dejan que se cocine junto unos dos minutos. Agregan la crema de leche que es a gusto, pueden obviarla también. Luego apagan el fuego y voilá! El butter chicken está listo.

Les recomiendo que cuando terminan el butter chicken recién cocinen el arroz, ya que queda mejor cuando lo dejamos reposar un poco que si lo servimos inmediatamente después de haber apagado el fuego.

Si quieren hacerlo con toda la pompa y adquirir un colesterol digno del señor barriga, compren paratha en algun restaurant indio. El parata es una tortilla de pan con aceite con la que los indios acompañan el butter chicken y cualquier otro plato de estos.

Cualquier cosa que no hayan entendido me preguntan en los comentarios.

háganlo y me cuentan como les salió!

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como ven en la foto 2, la vez que saqué esta foto no tenía yogur natural y mariné el pollo sólo con ajo y sal, por eso lo ven así. igual quedó genial.

Les amo.

Volver

Estoy sentada en el sillón blanco inmaculado de la casa de mi suegra, en Roma. En siete horas sale el avión que nos va a llevar a Buenos Aires. Mañana temprano voy a volver a estar en Argentina después de siete meses- y lo que pareció media vida- de ausencia. Y no es para quedarme, entonces sé que tengo exactos veinte días Para jugar con mi sobrino, para abrazar a mis amigas, hacer chistes con mi hermano, cocinarle a mi nonno. Tengo tres semanas para ir a la peluquería a explicar lo que quiero y que lo hagan sin decirme “yes yes” aunque no me hayan entendido nada, comprar todos los vinos que me entren en la valija y regalitos autóctonos para mis amigos indios.

Y lo que más me gusta es que vuelvo deseando hacer todas las cosas que antes eran parte del cotidiano y no valoraba, más bien me parecían hasta pesadas. Ejemplos:

Quiero tomarme un bondi bien tarde a la noche, que recorra la nueve de julio y avenida de Mayo.

Quiero caminar por San Telmo y parar el Pirilo a comerme una pizza con ese pedazo de papel duro anti absorbente que te dan a modo de servilleta.

Quiero caminar un domingo al mediodía por costanera sur, comerme una hamburguesa con un vaso de litro de cerveza.

Sentarme en un barcito típico (nada de Tea Connection ni Starbucks) y que venga el mozo sin carta a ver qué quiero, pedirle un cortado en jarrita con un tostado, que me lo traigan tarde y me cobren como si fuese de oro.

Andar en bicicleta por Palermo.

Y así muchas cosas. Me sorprende no tener ganas de visitar plaza miserere a pesar de que fue tan significativa en mi vida. Pero bueno, no le voy a dar muchas vueltas, debe ser que estoy nostálgica pero no para tanto. Al final, como siempre, Andrés tiene razón: Once es un poquito horrendo.

No sólo voy a estar tres semanas de verano en mi país sino que cuando vuelva Sandy va a esperarme en casa, en bata y pantuflas. Imagínense lo que va a ser vivir aventuras juntas. Cantar Fey por las calles mientras todo el mundo se muere a nuestro alrededor. Nosotros con sarees y bindi. Y gafas de corazón. Será muy bello.

No es una casualidad que Sandy y yo nos encontremos en India. Más bien es que desde que nos vimos por primera vez, un domingo de 2008, nunca pudimos estar mucho tiempo separados.

Nos conocimos por internet, por nuestros blogs. Un día quedamos de encontrarnos en el Alto Palermo y cuando me vio me dijo “pensé que eras una vieja con chal de lana” y así arrancó nuestra amistad. Desde ese día hasta hoy pasaron tantas cosas. Recuerdo la noche de mi cumpleaños número 26 que estaba deprimida y me tomé siete cervezas y Sandy me excusó con la vecina de mi departamento cuando le vomité la alfombrita de entrada.

La vez que fuimos a Paraná y como me hablaba mucho le pedì que abriera la boca, le introduje media chicha sin preguntarle nada y le dije “no la tragues”.

El día de la victoria de Cristina, en 2011, cuando nos subimos a la pirámide y gritamos “el amor vence al odio” revoleando pañuelos.

Su mudanza al sucucho de la calle Catamarca y todas las corridas escapando de chorros con tramontina en nuestro querido Once.

Los mediodías que caía en su casa con una botella de vodka en la cartera.

Encontrarnos por casualidad en una calle de Bolivia después de tres días de viaje en micro y que Sandy me confiese que le habían fisurado el ano.

El escape del bar/disco Calipso, en La Paz, cuando dos tortas se pelearon y empezaron a los tiros.

La chicha en El Alto, viendo a las cholitas luchadoras mientras Sandy bailaba Britney semidesnuda frente a toda la tribuna.

Subirnos a un taxi en la frontera con Ecuador y darnos cuenta de que el chofer nos había llevado a un descampado para robarnos.Sucumbir al robo y después tenernos que fumar al chorro excusándose de que nos había robado porque tenía que alimentar a sus hijos.

Las incontables veces que nos juntamos para grabar videos bailando “limón limonero” de Thalía.

Tantas cosas. Nuestro propio idioma.

Entonces, sé que cuando vuelva a India le mostraré la cuidad como Aladín cuando la sacó a pasear en la alfombra a la princesa Jazmín, entienden? Cantando “un mundo ideal” sólo que en vez de ver cosas maravillosas veremos mancos y leprosos. Le voy a mostrar mi mundo de parásitos estomacales, piojos, hospitales indios y cyclerickshaws. Lo esperaré despierta las noches que salga a encontrarse con viejos con turbante y le ofreceré una tacita de té para que me cuente cómo fue todo.

Entonces, sigo apoltronada en el sillón pensando estas cosas y escribiéndolas. Ahora faltan seis horas. Me olvido de la India por un rato: casi casi que le digo hola a Argentina.

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acá cuando éramos gordos y pobes.

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Acá cuando éramos flacos y pobres.

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acá cuando éramos drogodependientes y pobres.

Un Tinder para toda la vida

Esta mañana mientras me acicalaba me sonó el celular y vi que eran mis 10 pretendientes del día en Shaadi. Shaadi es una aplicación que te bajás en tu teléfono y funciona como un Tinder pero en vez de buscar gente para salir y ver qué onda, se busca candidato para casamiento.

Cuando subís tu perfil te preguntan desde qué color de piel tenés hasta cuánta plata ganás anualmente. Y no todos los perfiles los suben los candidatos en cuestión sino que es muy común que los padres busquen pareja para sus hijos.

Si no fíjense en esta publicidad de Shaadi.com donde una madre sufre pues su hija no demuestra mucho apego por las tradiciones y no encuentra candidato para casarse. El padre le cuenta a la pobre mujer que gracias a Shaadi.com encontró como 50 posibles maridos para la joven rebelde.

Esto es muy común en India porque aun entre las familias más abiertas y modernas, cuando van pasando los años y los hijos no se casan, los padres empiezan a presionar. Ni hablar que los padres conservadores prefieren tener a todos sus hijos casados antes de los 25 años. Entonces, podés tener la suerte de que no te elijan a tu marido o mujer, siempre y cuando no pases de los treinta.

En tu perfil es obligatorio aclarar tu edad, comunidad (casta), color de piel, horóscopo (con ascendente, luna en qué planeta y demás), nivel de estudios, trabajo que desempeña el padre, sueldo y si la suya es una familia apegada a las tradiciones o no. Es que, aunque a ustedes les parezca demasiada información, piensen que se busca alguien para toda la vida.

Como este fenómeno me parece de lo más interesante decidí armarme un perfil en Shaadi y me llegan muchos candidatos cada dia, la mayoría de mi edad o mayores. Hombres de 32 para arriba que nunca estuvieron casados, con esto me refiero a que tuvieron raros si no nulos encuentros sexuales con el sexo opuesto. A eso hay que sumarle dos datos más: El primero, la mayoría de las mujeres indias están en la casa y salen poco y nada. Hoy viajaba en subte y confirmé una vez más que de los ocho vagones sólo uno está lleno de mujeres. En los siete restantes viajan hombres. Siete a uno. Y eso que vivo en la capital. En la calle también se nota la mayoría abrumadora de hombres.

El segundo dato: En india hay más hombres que mujeres. El estado donde hay diferencia mayor es Haryana, al norte de Delhi, con setecientas mujeres cada mil hombres. Es que como dice el refrán indio, “Tener una hija es como plantar una semilla en el jardín de otra persona”. Son caras porque trabajan poco, hay que juntar plata toda la vida para la dote y una vez que se casan se mudan a vivir con su nueva familia. Entonces sucede que abortan o matan a las recien nacidas esperando que nazca un hijo varón al que después no tienen con quién casar. Eso da lugar al tráfico de esposas. Las compran de estados pobrísimos como Bihar o West Bengal y se las traen a Haryana para casarlas con estos hombres desesperados. Imagínense estas pobres mujeres, que son compradas por nada y deben cruzar medio país para ir a parar a una familia que en el mejor de los casos no la muele a golpes si se queja de algo. Y se tiene que acostar con un tipo que no eligió y fumarse toda la vida a una suegra insufrible.

Hay campañas para alentar a las familias a celebrar el nacimiento de una niña, pero todavía son inútiles en los estados más conservadores.

Mi amigo indio, (con el que ya me arreglé por cierto) me contó que ni en Shaadi puede encontrar mujeres. Que el 70% de los perfiles son hombres. Shaadi sirve sobre todo si sos mujer.

Entonces pienso y deseo unir soledades. Samrita y mi amigo indio. Los voy a presentar. Se imaginan?

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carroza en el Republic Day “Beti Bachao, Beti Padhao” significa proteger y educar a las niñas.

Así es India

El sábado a la noche llamamos a Mamila a que oficie de niñera para poder irnos a una cena en la casa de una argentina amiga. Amo que este blog nació siendo un medio para contar el crecimiento de mi hija y casi que ni la nombro, las veces que hablo de ella son para contar cómo la dejo a cuidado de otros para salir a hacer mi vida. Bien, continúo pues ya hablé suficiente de mi hija por hoy.

Cuestión que había latinoamericano variado y yo, cómo siempre, hiperventilé y me emocioné tanto que terminé cantándole el tema de la novela María la del Barrio a la cónsul mexicana, a un chileno le dije que me da mucho asco la palabra “pololo” y en un momento interrumpí una charla profunda de política entre andrés y un funcionario colombiano para decir “vengan que se armó la fiesta negra”. No sé bien qué carajo es una fiesta negra mas me pareció propicio evocar ese vocablo pues tenía dos vinos Norton encima.

El domingo, como todos bien sabemos, tenía turno para que el curandero Patricio me saque el diablo de adentro mas recibí un whatsapp de mi amiga miembra de secta Samrita en el que me decía que la mujer de Motia Khan que había sufrido el aborto espontáneo el domingo anterior se había escapado del hospital y al seguir con fiebre volvió a internarse pero en otro hospital. Así que tuvimos que posponer a Patricio y quedamos en encontrarnos en el centro de Delhi para ir juntas a este hospital que queda en los quintos infiernos.

Nos encontramos a las 3 de la tarde en una de las estaciones de la Yellow Line del Delhi Metro. El subte de Delhi no sólo es genial y limpio y la frecuencia es óptima sino que llega a todos lados. No es como en argentina que tenés una parada cada cuatro cuadras mas si te caés un toque del mapa ya no podés contar con el subte, acá llega muy lejos y constrantemente están construyendo estaciones nuevas. Esta estación estaba un poco muerta, no había ni el loro así que no encontramos ningún Auto Rickshaw que nos acercara al Hindu Rao Hospital, que quedaba a unas quince o veinte cuadras. Apenas encontramos a un cycle rickshaw wallah que se ofreció a llevarnos a ámbas. Yo estaba reticente pues me molesta que el tipo tenga que cargarnos a las dos, pero Samrita me dijo que están acostumbrados y que no joda y yo soy muy dócil y bastante vaga para caminar así que accedí.

Ni bien arrancamos ya era todo una lágrima pues ibamos a paso de tortuga y el camino era todo de subida. Entonces el tipo nos preguntó a qué nos dedicábamos y le contestamos que al trabajo social. “¿Y ayudan a la gente? porque tengo un amigo que necesita ayuda”.

El hombre nos contó que un amigo suyo tuvo un accidente con su rickshaw, lo chocó un auto y casi se muere. Lo salvaron pero perdió una pierna. Obvio el auto no paró, en este país los autos no paran cuando atropellan a alguien, menos si ese alguien es pobre. Entonces este pobre hombre pasó un mes en el hospital y ya le habían dado de alta pero sin una pierna no podía hacer más su trabajo de rickshaw puller, así que él, su mujer y sus siete hijos estaban sobreviviendo con ayuda de los otros pullers como él que le llevaban alimentos pero que estaban desesperados.

Con Samrita nos miramos y automáticamente le dijimos que íbamos a ayudar a su amigo, que nos diera su dirección.

Lo bueno de Samrita es que es como yo pero en versión india, no lo piensa ni un minuto, le sale ayudar como a mí, se mete en bardos que muchos evitarían igual que yo. Es como tener una compinche del trabajo social. La amo.

Charla va charla viene llegamos a una zona de subida que estaba completamente desolada de humanos mas REPLETA DE MONOS. No les puedo decir cuántos había pero seguro más de cien. Salían por todos lados. Era el camino y a los costados mucha vegetación y monos. Sin humanos, sin casas. árboles y monos. Samrita me dijo que mejor bajáramos porque el camino era demasiado empinado para que el puller tire del carro. Yo le dije “sabías que estos monos nos pueden comer el cerebro?” “sí, no los mires a los ojos, caminá sin llamar la atención y por el amor de dios NO SAQUES LA CÁMARA.” Ahí me morí de susto porque yo hice un chiste y Samrita, que se crió en medio de la selva en Assam, no se estaba riendo, estaba tan asustada como yo.

Pasamos entre los monos asesinos y llegamos al hospital de la muerte.

No les puedo describir el lugar pero imaginen un descampado horroroso y una construcción enorme tipo el posadas en el medio. Así es el Hindu Rao hospital.

El interior parecía haber sufrido un atentado de bomba. Estaba destruido, sucio y la gente acampando en el piso pues a veces esperan días y días hasta que alguien les da bola.

Nos encontramos a la pobre Kamlu que estaba tirada, ensangrentada y volaba de fiebre. Samrita fue a hablar con los doctores y volvió diciendo “hay que esperar porque ahora no pueden atendernos”.

Un segundo me quedé esperando y pensé ¿qué haría Andrés en mi lugar? Me lo imaginé gritando y peleándose con todo el equipo médico entonces decidí probar suerte e ir a hablar haciendo uso de mi mejor blancura occidental.

“es que no la pudimos atender porque tenemos dos bebés que están a punto de morir, ella no es prioridad”

“el bebé de ella murió primero, hace una semana, y todavía lo tiene adentro, así que sí es prioridad”.

En menos de diez minutos estaba en una cama con una via puesta. Así de fácil.

Después de un rato llegó la hermana de Kamlu y nos volvimos a nuestras casas. Cuando pasamos por la zona de los monos, vimos desde el auto rickshaw que estaban atacando a un perro. Una camioneta que llevaba a un becerro todo ornamentado paró y sus ocupantes bajaron a ayudar al perro exponiéndose a los monos asesinos y sin poder hacerles nada, porque el mono es un animal sagrado.

“así es India” dijo Samrita.

India en su máxima expresión, respondí yo.