Comer, Rezar, Amar

¿Donde les gustaría vivir? No en un año ni en diez ni cuando sean viejos. Ahora. Si pudieran elegir un lugar en todo el mundo, ¿cuál sería?

Me hice esta pregunta ayer cuando recordé que cuando estaba en pleno idilio con la India, allá por agosto, una twittera me dijo que era una fase y que mi excitación iba a pasar. Que después de ese frenesí de amor iba a venir una etapa donde odiara la ciudad para finalmente terminar aceptándola. Recuerdo que desestimé ese comentario pues pensé que a la India no había con qué darle, es un país fascinante y nunca me iba a cansar. Pero no.

Ahora estoy en la fase de no querer a la India. Aunque prefiero decir que no quiero a Delhi, extenderlo a todo el país me parece injusto ya que no lo conozco. Si me invitaran hoy a un viaje todo pago a Varanasi diría que no. Quiero ir al sur, tal vez buscando el respiro de smog, basura y miseria que Delhi nunca me va a poder dar.

Hay muchas cosas que no entiendo y no puedo aceptar aún. Muchas veces al día haría un bollo con el relativismo cultural y me pelearía con más de uno.

Me cuesta entender cómo un tipo puede pensar que está bien ponerse a mear al lado tuyo.

Cómo pueden obligar a una mujer a matar a su bebita porque las niñas son caras y no sirven.

Cómo un grupo de niños y madres hambrientos golpean la ventana de un auto pidiendo una rupia en vez de robar el auto y a los pasajeros.

Cómo alguien puede pagarle mensualmente a su chofer lo mismo que gasta en una sola cena.

Cómo el chofer no envenena al que le paga esa miseria.

Cómo dos hombres pueden violar a una niña de seis años.

Cómo pueden no admitir en un hospital público a una niña de seis años a la que violaron salvajemente dos hombres sólo porque es dalit.

Cómo pueden ser tan ridículamente chupamedias de los blancos.

Esa necesidad de los indios de decirte que sí aunque la verdadera respuesta sea no sé o no.

La tonada asquerosa de los indios ricos.

El esfuerzo desmesurado por aparentar algo que no son.

Al mismo tiempo quiero a esta ciudad. Y la defiendo cuando alguien la ataca. Cuando escucho que elogian Mumbai digo que Delhi tiene más espacios verdes y South Delhi es tranquilo. Cuando los expatriados me dicen que India es lo más difícil de Asia digo que buenísimo, que después de acá podés vivir casi en cualquier lado.

Si pienso en qué lugar quiero estar aún elijo Nueva Delhi. Porque todavía no fue suficiente, porque irme ahora sería injusto para toda la experiencia y porque no me quiero ir. Porque hay cosas que amo de acá, porque adoro a Mamila, a Kamla, a los empleados de la calle que me enseñan hindi y a los que les convido golosinas argentinas. Amo el 3G indio, los auto rickshaws, amo a los niños indios tan adorables, tan respetuosos y fotogénicos. Porque adoro la comida, porque quiero conocer el sur y viajar al sudeste asiático, porque tengo un proyecto que está creciendo y porque nunca aprendí tantas cosas en tan poco tiempo. Porque vivir acá es un constante aprendizaje.

El otro día vi Comer, Rezar, Amar, esa peli con Julia Roberts donde ella se siente como el culo porque se acaba de separar y decide viajar durante un año. Arranca en Italia, donde todo es perfecto y divertido. Después sigue por India y aunque va con la idea de encontrarse a sí misma y mambo místico y de sabiduría, termina pasándola mal y no encontrando eso que se había imaginado que conseguiría. Todo le cuesta el doble y se siente sobrepasada por un no sé qué que no sabe si es la India, su propio fracaso amoroso o ambas cosas. Entonces, en vez de quedarse en India, la piola de Julia se va a Bali, donde todo es perfectamente lindo y prístino. Playas paradisíacas, un número tolerable de pobres, gran comunidad europea y Javier Bardem. Ninguna boluda.

La peli termina con ella quedándose con Bardem en ese lugar maravilloso, pero habiendo aprendido a disfrutar de lo bueno que tiene la vida en Italia y sufrido y ganado experiencia y madurez a los ponchazos en India.

India te muestra lo que nadie quiere ver, la basura que todos esconden bajo la alfombra, en dosis masivas.

India acaso no será la tierra prometida pero es esa tierra que te vapulea, te pone los pies en la tierra, te hace agradecer cada bocado que te llevás a la boca y te enseña a los golpes. Y sin eso, Bali no sería Bali.

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Julia Roberts chocha de la vida en Roma.

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Mirada de “no sé si la estoy pasando bien o como el orto” en India. Conozco esa mirada, Julia.

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Final feliz en Bali.

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Limbo

Ya tenemos pasajes: el lunes catorce de julio a la noche vamos a estar en Delhi.

Las despedidas fueron difíciles. Odio despedirme pero también sé que no se puede uno esfumar mágicamente. Entonces aprender a disfrutar de las despedidas también.

El viaje en avión fue un infierno. No sólo no pude dormir más de una hora de las trece sino que ni siquiera fue una hora de corrido. Para que julia durmiera y no se quejara tenía que ocupar los dos asientos, toda despatarrada como le gusta dormir a ella. Y bueno, yo me acomodaba en un rincón en el mejor de los casos o en el piso. Así trece interminables horas. ‘Entretener a un bebé de año y medio en el avión’ puede ser perfectamente un curso de verano. Gracias al dios iPad pude cruzar palabras con otros argentinos: “te vas a la India?? Qué looooco” “estas loca, con una bebé, no sabes lo que es, mi tía fue y se volvió antes” “yo ni looooco”

Bueno, vos ni loco, gordo abominable, yo de mil amores.

Ahora estamos en Italia, Julia ya pasó la primera semana de adaptación que también fue difícil. Cuestión que yo también me adapté y me quedaría a vivir en este país exageradamente hermoso, sólo que me traería a mis amigos y a mi familia.

Estos días de paraíso me desdibujan un poco la ansiedad por llegar a India. Tengo un poco de miedo, pero no del que paraliza.

En seis días sale el avión que nos lleva a Delhi. Vamos a llegar a medianoche. Entonces nos iremos en taxi a nuestra nueva casa. Muy raro llegar de noche a una ciudad desconocida de un país desconocido y entrar a la casa que vas a habitar por muchos meses y tampoco sabes ni como es.

Entonces, paciencia y calma.