Juguetes

Ayer estaba por salir a buscar a julia al jardín y, como cada día, metí en una bolsa golosinas, galletitas y alguna cosa extra para los chicos que viven en la obra en construcción. Mamila me vio agarrar juguetes de Julia y me preguntó por qué me los llevaba. Respondí que eran para los chicos de la obra y muy seria me dijo que no podía sacarle los juguetes a mi hija, que ese peluche era suyo. Yo le respondí que sí, pero que casi ni lo usaba y lo metí en la bolsa.

Llegué al jardín y Sipu, mi chofer de cyclerickshaw, llamó a los niños con un grito para que yo le diera las cosas. Sipu me ayuda a comunicarme con ellos porque no hay manera de pedirle a nadie que hable inglés que me haga de traductor. Los indios de clase alta no quieren comunicarse con esta gente. me miran como si estuviera loca por hablarle a las mujeres y niños. Son de Bihar, son malos, son chorros, no son confiables. Eso es lo que ellos quieren creer para no tener que mirarlos, la realidad es que son esclavos.

¿Qué se puede hacer por ellos? No mucho. No existe denunciar por trabajo esclavo, ni siquiera pedir que los dueños del proyecto les compren uniformes acordes para trabajar en una obra. Yo no aspiro a más que un ratito diario de sorpresa porque siempre les doy algo diferente. Un día chocolates y jugo, otro pulseras y esmaltes de uñas que ya no uso (desde que llegué a india no me las pinto más), otro libros para colorear y crayones, otros juguetes y así. Entonces les doy la bolsa y ya tenemos un ritual que es que cierran los ojos y meten las manitas a ver si adivinan lo que hay. Después los abren y comprueban si habían acertado. Ese momento es perfecto y equivale a una ampolla de morfina directo en mi sistema.

Ayer hablando con una amiga me di cuenta de que nunca jamás le compro cosas a Julia. Tiene poquísimos juguetes, todos entran, cómodos, en un canasto de esos para la ropa sucia. Trajimos algunos de Argentina y la mayoría los heredó del niño que vivía antes en esta casa. Ni a Andrés ni a mí nos gusta llenarla de juguetes, yo por mi pavor al derroche y andrés andá a saber por qué. No queremos que tenga de más, que su cuarto se caiga de cosas. Entonces no sé si se entretiene con cajitas y pavadas porque ella es así o porque tiene los juguetes más truchos y viejitos del mundo.

Más allá de nuestra política austera, le reconocí a Mamila que no está bien que le saque a mi hija los poquitos juguetes y ropa que tiene para dárselo a niños a los que sí les compro cosas nuevas.

“julia first, then the other children” (Julia primero y después los otros niños). Me dijo la muy Sai Baba.

 

Hoy les compré golosinas y unos libritos para practicar el abecedario. Cuando llegué me estaban esperando en la entrada de la obra. Pasó lo de siempre, metieron las manos en la bolsa y cuando la más grande, de unos ocho años,  vio los libritos le dijo algo a Sipu. Sipu no habla inglés, tuve que convencer a un vecino para que me haga el favor de traducir.

“la niña dice que su sueño es aprender las letras para escribir su nombre, que le encataría que le enseñes”

Nah. No puede ser. Parece una peli yankee golpe bajo. Falta que la nena tenga cáncer y ya estamos.

Me quedé más dura que Montaner en el living de Susana y la piba se dio cuenta. Le dijo otra cosa al viejo traductor. “dice que sólo su nombre, nada más. que si no se puede igual muchas gracias por todo”.

Vamos a ver cómo y dónde le enseño a estas dos las letras. Ella y su hermana, tendrán 8 y 6.

 

 

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Como en los viejos tiempos

Ayer visitamos a una amiga que tiene una bebé de un año, Antonia, y otra en camino. Antonia heredó y recibió desde su nacimiento muchísimos juguetes. El playroom de la casa parece disneylandia. Tiene hasta un mini pelotero. Me dan ganas de tirarme a la alfombra a hacer castillos de lego, jugar con el carrito de las compras o con la mesa interactiva, es genial.

Ahora bien, mi hija juega con tapers. La verdad no ha recibido muchos juguetes y yo le compro sólo los que me indica el pediatra. Cada consulta me dice “bueno, ahora le puede interesar jugar con una pelota y autitos” ok, voy a once y compro una pelota y una gallina con ruedas y listo. Disculpen pero he comprado juguetes de marca, lindos, hermosos y Julia sólo quiere jugar con la caja. Nah. Hace una semana en lugar de entrar a una juguetería entré a isadora y me compré pulseras y collares y se las presto para jugar. Es genial. El top five de objetos amados por Julia es:

El frasquito de ferramin (hierro)
Esmalte rojo
Pulseras de colores
Cajita de tic tacs
Taper chiquito

Todos los demás juguetes le aburren y no la entretienen más de diez segundos. Ahora, con el esmalte puede estar toda la tarde.

El otro día hablaba con una amiga de que Julia y su relación con los frasquitos me recuerda las historias de mis abuelos maternos que jugaban con huesitos de vaca o carreteles de hilo, o peor, los paternos, que jugaban a esconder monedas de los alemanes durante la guerra.

Hablando de juguetes, una amiga me pasó este link y por dios, si no lo vieron aún, deben verlo, es genial.

Girl power

Estamos en días difíciles, el papá de Julia está en Libia en una misión humanitaria con médicos sin fronteras y nosotras acá, todo el tiempo juntas, sin descanso, los únicos momentos que tengo niñera o abuelos son para reemplazarme mientras trabajo, el resto es mamá y Julia y viene siendo intenso.

Desde el día que se fue Andrés, Julia está con mocos, hace más de dos semanas, pero a la vez, en este tiempo cambió muchísimo y es otra Julia, mucho más interactiva.

Primero ya se sienta firme y derechita. Disfruta mucho de los baños, tenemos la rutina del baño antes de su hora de dormir y estamos un rato largo chapoteando con sus juguetitos.
Ahora come. Zapallo, zanahoria. No le gusta mucho la manzana pero toma el jugo y adora las galletitas de agua.
Cuando no estoy pasa horas sin tomar leche, se ve que esperando por mí, hasta que no da más y cede. Me recibe tirándome los brazos y totalmente eufórica. Está muy pegote y lo entiendo, no ve otra cara que la mía, pobre hija.
Ama a mi gato mayor, Camilo, y lo pellizca, él se deja y se tira panza arriba para que ella lo acaricie.
Y acá va lo mejor de todo: ahora la puedo dejar en el piso, con su mantita y sus juguetes mientras yo cocino, lavo, corrijo, twitteo, escribo o lo que sea. Siempre que estemos en la misma habitación ella se queda.

Nunca tuve problema con su sueño porque ella duerme mucho y yo duermo poquísimo (con cinco horas estoy perfecta) pero, hijita, me salvás la vida con esas cuatro siestas diarias.

En fin, eso que pensé que sería trágico viene dándose muy bien, cansador, pero bien, me baño menos, pero bien. No está nada mal, me gusta. Falta que nos recuperemos del resfrío y días lindos primaverales y estamos.

Girl power, little mother.

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