Happy Diwali

Hoy se festeja Diwali, la fiesta de las luces del hinduismo que tiene lugar cada otoño entre octubre y noviembre. Los preparativos para la noche de Diwali arrancan cinco días antes. Hay que limpiar la casa y decorarla con estatuitas de los dioses, luces, velitas  y guirnaldas de flores naranjas y amarillas. Hay que ponerse el mejor vestido (si es posible que sea nuevo) y hacer ofrendas y rezos a  Lakshmi, diosa del dinero y la prosperidad. El cielo se cubre con fuegos artificiales y lamentablemente también explotan petardos a lo loco. Pero sacando eso viene siendo hermoso todo. La gente se regala cosas aunque sea un pequeños presentes, generalmente son dulces. Se comen muuuchos dulces, ya los he probado y son riquísimos. Hace cosa de tres días que cada vez que voy a comprar a alguna tienda me ofrecen dulces o un descuento especial y me saludan con un “happy diwali”.

Mamila y Kamla me regalaron velitas hermosas para decorar el balcón y fue cuando me di cuenta de que se intercambiaban regalos así que fui a comprarles a ellas y dulces y chocolates a todos los empleados de la cuadra. A la dueña del edificio no le compré nada, fiel a mi estilo discriminador de ricos procasta.

Sipu, mi cyclerickshaw puller, está con su familia en Calcuta, fue gracias a una lectora del blog que me ayudó a hacer eso posible. Mandé un saree nuevo para su esposa y juguetes para su bebito.

Esta mañana sorteamos el pánico de la aglomeración de los mercados (si normalmente están abarrotados imaginen en diwali) y llevé a mi madre a Kotla. Compramos comida y llevamos juguetes donados por otra lectora que me mandó un paquete a Roma y nos fuimos a ver a la familia de Lala. No estaban, no entendí lo que me dijeron los vecinos, pero espero que hayan ido a visitar parientes y no sea nada malo. Ya me enteraré mañana o pasado cuando vuelva. Cuestión que me estaba yendo y me encontré con Lucky, Prem, Lakshmi y otros niños del slum y les repartí toda la comida y los dulces que había llevado. Se quedaron contentísimos con los juguetes y querían compartir la comida con nosotras. Siempre hacen eso en signo de agradecimiento. Me puso contenta darles una alegría en estas fechas.

Ahora me estoy yendo al depto de arriba, a la casa de una pareja de españoles con los que organizamos una reunión para algunos expatriados. Después de abarrotarnos a momos y dulces, subiremos a la terraza a ver los fuegos artificiales. Después les cuento cómo salió todo. Happy Diwali!

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esto se llama rangoli y son dibujos que se hacen con arroz, azucar o harina teñidas de colores y pétalos de flores.

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guirnaldas de flores para decorar las entradas

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esto es muy modesto y minimalista comparado con las luces de mi barrio.

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lakshmi and friends

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Antes de partir

Estos son mis últimos tres días en Delhi. Con mi hindi lastimoso, trato de contarle a la gente a la que ayudo que vuelvo en dos semanas. También tengo que ver cómo hago con la familia de Lala, porque dejarles un cargamento de comida para los días en los que voy a estar en Roma no sirve, se comen todo el día uno y se enferman. Ya se me ocurrirá algo.

Nos vamos con Juli a Roma con escala en Moscú. Allí me encuentro con mi madre, que llega dos horas después que nosotras y nos quedamos unos días en la casa de Ceci, mi suegra. La vamos a pasar genial, pero voy a extrañar mucho. Gorda sentimientos.

El viernes temprano fui al mercado de Kotla a comprar verduras, frutas, huevos, cereales, lentejas y demás para la familia de Lala. Tienen que comer bien así que no puedo conformarme con dejarles cien rupias porque no sé qué compran con eso. También tenía que llevar vaselina líquida para que tomen los chicos y les ayude a eliminar los parásitos. En fin, en todas las farmacias a las que entré expliqué lo que necesitaba y me daban crema tipo Nivea. Yo volvía a explicar y me ofrecían desde laxantes hasta gotas para el glaucoma. Si yo no me fijaba bien me vendían algo que no era, incluso habiendo entendido que era para niños de dos y tres años. Eso me hizo recordar lo que me contó una conocida que viajó desde Uruguay porque unos indios de una página web le habían prometido un curso de tejido especial que sólo existe en el sur de India. Cuando llegó, dispuesta a hacer el curso, se dio cuenta de que no sólo no había ningún curso sino que los indios querían venderle sus productos. O sea que le habían mentido. Ella estaba desesperada y no entendía por qué la habían hecho venir desde el otro lado del mundo sin razón. Yo entiendo perfectamente. Esto pasa todo el tiempo. Los indios te dicen lo que querés escuchar, ya sea vendiéndote una cosa por otra en una farmacia como haciéndote venir desde el otro lado del mundo. Son así.

Cuestión que no pude conseguir vaselina por ningún lado. Igual cuando llegué con todas las cosas saltaban de alegría. Fue muy lindo. Y ni siquiera es que llevaba golosinas o algo rico, saltaban por arroz y bananas. En fin.

Reuní a los chicos y les expliqué (con señas) que tenían que lavarse las manos antes de comer y luego de hacer sus necesidades y les di jabones de esos antibacteriales. Espero que me hagan caso, si no van a volver a tener parásitos en cuestión de días.

Cuando me estaba yendo, un hombre que hablaba algo de inglés me pidió que visite a otra familia que vive a una cuadra y que no tienen para comer. Hice unos pasos y me di media vuelta. No puedo. No puedo ir con otra familia y encargarme de más nada. Al menos no ahora y no sin recursos. Si voy y los visito ya no puedo no volver. Y la familia de Lala necesita demasiado. Así que le di al hombre dos kilos de arroz y un paquete de dhal para que se los alcance y me volví a casa.

Fui a buscar a mi hija al jardín y tuve la feliz noticia de que las dos más grandes de la obra en construcción están yendo a la escuela! Se ve que el capataz me ve tantas veces que habrá pensado que yo iba a hacer algo o denunciar que los chicos no estaban escolarizados, no sé, pero están yendo a la escuela. Una buena.

Hoy miré a Sipu y lo vi limpio, con el pelo prolijo y una camisa nueva. Le pedí al guardia de casa que le dijera que lo veía muy bien y él contestó que estaba feliz de poder viajar a visitar a su mujer y a su bebé y que el trabajo fijo llevándonos a nosotras cada día le daba más confianza para gastar en otra muda de ropa y en una cama para dormir. Ya no duerme en la calle y se nota. Tuve que subir rápido al rickshaw para que no me viera los ojos llenos de lágrimas. Me sentí muy bien porque en medio de tanta tristeza y de sentirme tan chica entre el mar de desprotección y sufrimiento, algunas cosas sí funcionan. Algunas cosas que hago dan sus frutos.

Aunque suene cliché, es cierto que este lugar te cambia. El estar expuesto constantemente a ver gente que no tiene absolutamente nada y que cada día tiene que luchar por apenas un plato de comida nos obliga a darnos cuenta de lo extremadamente afortunados que somos y a vivir siendo más amables, agradecidos y a disfrutar de todo con una sonrisa. Así soy estos días: más alegre, menos cínica y quejosa. Esta experiencia me está haciendo mejor de lo que jamás hubiese esperado. India, te adoro.

Mañana empiezo a trabajar con las francesas en Motia Khan y estoy contenta y nerviosa. Después les cuento como me fue.

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