¿Qué pretende usted de su niñera?

Ante la llegada de un hijo y a menos que no seas ama de casa y te estés por pegar un corchazo, en algún momento, necesitás que alguien se quede con tu crío para poder salir a vivir un rato.

Ya sea que contrates a alguien que venga a diario o sólo una vez por semana, en algún momento surge la pregunta: “¿qué carajo hace esta persona con mi hijo?”

En mi ex grupo de madres en fb, una de las madres contaba que le prepara a su empleada una lista de tareas diarias para que no pierda el tiempo, es decir, que cuando el bebé pestañea ella puede ir pasando el trapo al piso y si El Niño duerme una siestita, la señora debe aprovechar para cocinar, planchar y almidonar a la vez. Porque nada mejor que una empleada PROACTIVA.

Yo soy bastante relajada, tal vez eso tenga algo que ver con que un día llegué a mi casa y la niñera estaba borracha (bueno, soy una exagerada, estaba alegre nomás). Ahora tengo otra niñera, kari, que es mucho más respetuosa del hogar y no se le cae ningún botella de vino al piso.

Más de una vez he llegado a casa y kari estaba mirando intrusos (la banco) y Julia jugaba sola en el piso con sus juguetes. Muchas otras veces llego y Julia duerme y ella toma mate jugando con el celular.

Ahora, ¿qué se supone que tengo que hacer? ¿Pedirle que juegue 24/7 con Julia? No puedo pretender que pase las seis horas jugando, estimulando, charlandole, cantándole. Ni siquiera yo, su propia madre, le doy bola todo el tiempo. Es un embole para ella, para mi hija, y, sinceramente, lo veo ridículo e hipócrita. Yo misma no paso mi horario laboral entero sin chequear el celu cien veces y cruzar al kiosco a fumarme un cigarrillo. No puedo pretender que ella no se relaje y descanse un toque del bardo constante que genera una pibita de un año y además, me gusta que Julia juegue sola un rato, que sepa estar en silencio con sus cosas y que mire alguna novela de canal nueve.

¿Qué pretende usted de su niñera?

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Baby steps

Conseguí niñera. Después de estar unos meses en las sombras, pidiendo a mi vieja que la cuide, intentando que se la lleve su abuelo un par de horas para poder ir al médico o a trabajar sin llevármela a cuestas, la luz ha llegado a nuestras vidas.
No sólo esta santa mujer me cubre mientras trabajo sino que tengo diez horas semanales de jarana loca. Y Julia la quiere (igual Julia quiere a todos, podría armar un muñeco de almohadas y dibujarle una cara con fibrón y ella se quedaría de mil amores). Hasta ahora no he llegado y la he encontrado borracha como me había pasado con la niñera anterior y llega puntual. Una maravilla.

El martes pasado llegué a casa y me senté en el sillón a leer mientras ella jugaba en el piso. Cuando levanté los ojos del libro estaba paradita agarrada de la mesa ratona y me sonrió. Le devolví la sonrisa y empezó a dar pasitos torpes alrededor de la mesa. Como sí me quisiera mostrar su nueva gracia. Despacio dio la vuelta a la mesa mientras yo la miraba extasiada, sin poder creerlo: mi bebé ya está dando sus primeros pasos y yo lo pude ver. Como esos eclipses totales de sol que son raros y que pasan cada treinta años, yo pude ver los primeros pasos de un ser humano que estoy criando y que es lo más importante de mi vida. Cuando dio la vuelta entera se tiró al piso y vino gateando a mí y la abracé. Mi bebita ya no es tan bebita.

No lo pude documentar porque me pareció una boludez distraerla y cortar el momento buscando el celular y preparando todo, fue algo de las dos, de este nosotras dos que es tan increíble y eterno.

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Todo bien

Ayer tuve mi primer día intensivo de trabajo en la escuela. Trece horas lejos de Julia, las primeras trece horas desde que nació.

Me desperté a las cinco, preparé todo para mis alumnos y fotos de Julia por si la extrañaba demasiado. Tomé un té, le di de comer y me fui. En los colectivos leí como para distraerme. Cuando llegué a la escuela me esperaban mis alumnos, que no me dieron un segundo de respiro, ni siquiera para sentarme a comer al mediodía.
Ellos esperaron meses y meses y tenían mil cosas para contarme, viejos alumnos que ahora están enormes y nuevos que se mueren por aprender.
Eso es lo que amo de la escuela primaria, lo que amo de mi escuela. Mis compañeros y yo somos mucho más que docentes, somos todo durante esas cuatro horas que los chicos van a diario.
Todos quieren atención, todos nos quieren contar lo que les pasa en su casa, con sus hermanos, padres, sus problemas más o menos graves. Y los que no hablan, los que no tienen nada para decir, a esos también hay que preguntarles, reparar en ellos, porque por algo no nos cuentan y también quieren nuestra atención, sólo que no la demandan como los otros.
Entonces las horas se suceden entre ejercicios, canciones, gritos, charlas en los recreos, más gritos, más abrazarme seño, Joni me pegó, Pedro se volvió a Bolivia, a Juanito le pegan y no se defiende, y muchos besos y abrazos.
No tuve un segundo siquiera para extrañar a Julia. Porque en esas horas soy de ellos y así me gusta que sea. Necesitaba estos kilos de demandas y amor, porque es lo que me llevó a trabajar en la escuela pública, es lo que hace que cada docente esté en esas escuelas donde se necesita tanta paciencia y tanta devoción hacia el otro.
Y ahora tengo a Julia en brazos pero en mi cabeza planeo mil cosas para mis alumnos. que en 4to B hay muchos chicos sin útiles, que el papá de J se fue de la casa por fin, que N es nuevo y extraña Bolivia y que la mamá de A no está, así que necesita atención extra.

Volví pensando en ellos y en Julia, que estaría con Porfi, su niñera desde que nació. Me alegré de haberla conocido y de haber hecho que ellas se conozcan y se quieran desde siempre.
Entré a casa y estaban las dos jugando. Julia se reía a carcajadas cuando me vio.

Y así vuelvo de a poco a mi vida, y hay amor para todos.

Así terminó mi día de ayer.

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Les recomiendo esta rutina de baño, agua tibiecita, juguetes, todo lo necesario preparado de antemano y se meten a la bañera. Lujo, lujo. (Enchastre también, pero bueh).