Hong Kong, Macao, Nueva Delhi

Volvimos el domingo a la noche con unas ganas de pegarnos un corchazo épicas pues nos gustó mucho Hong Kong.

Entiendan por el amor de la pombayira que hasta la bandera es linda.

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Ni bien uno llega le toca enamorarse perdidamente de los mercados, los medios de transporte, los cerros verdes, la prolijidad de todo, el clima y largo etc.

Una de las cosas que me enamoró fue que la segunda vez que fuimos a Kowloon, en un mercado de Mong Kok me detuve a ver unos sellitos muy simpáticos y le pregunté el precio al viejito que los vendía. Me dijo que el que yo había elegido estaba 35 HKD y yo le tiré “twenty”. El viejo me miró con cara de orto, me sacó el sello de la mano y me gritó “GO! GO AWAY!”

Nos fuimos muertos de risa con Andrés. Que viejito amoroso.

Los últimos tres días de vacaciones los pasamos en Macao, una antigua colonia portuguesa que nos habría gustado más si no fuera que estábamos enloquecidos con Hong Kong y ya nada iba a poder superarlo. Macao es un antro de perdición lleno de casinos y malls gigantes donde si sos millonario y te gusta el juego la pasas de perlas, mas si no te interesa jugar y no te da el piné para comprar en marcas de lujo te quedan dos manzanas con restaurantes y casitas bajas que son amenas mas prescindibles. Igual es interesante la mezcla portuguesa y china y el último día fuimos a un parque a ver una pareja de pandas que China le regaló a Macao como símbolo de amistad en el 2009. Llegamos y ya se había muerto la hembra, quedaba el macho vivo, para el deleite de los visitantes. Luego, en un intento de que el día remonte intentamos cruzar a China mas nos sacaron carpiendo pues no teníamos visa. Seguimos de largo con el colectivo y terminamos en una playa con unos puestitos parecidos a los que hay en costanera sur, solo que en lugar de vaciopan te vendían pulpo, ojos de calamar rebozados, cabeza de pollo y otras rarezas que mi paladar no está preparado para degustar. Andrés, A.K.A “antes muerto que sencillo” terminó la noche eligiendo una anguila de la pecera de un restaurante de Taipa Village mientras yo lloraba de dolor.

Ni bien subimos al avión lleno de indios me acordé de que a la ida nos cruzamos con una familia india que vive en Canadá y habían venido a Delhi por un casamiento y nos preguntaron si estabámos en india de vacaciones. Cuando les contamos que vivimos acá por elección no lo podían creer. Al tipo no le entraba en la cabeza que pudiendo vivir en cualquier parte del mundo habíamos elegido vivir en India. “están locos? este lugar es un asco” repetía consternado. Me hizo acordar a esto:

Esta mañana arrancamos Motia Khan con buenas noticias, ya que una empresa se ofreció a ayudarnos mensualmente y con ese dinero podremos dar mejores desayunos en la escuela, comprar shampoo, jabón, cepillos de dientes y demás, pagarle a una chica que haga las veces de intérprete y nos ayude a enseñarle a los chicos las rutinas básicas de higiene diaria y abrir una zona de guardería para que una niñera se ocupe de los bebés y menores de 4 años así sus hermanas pueden ir a clases tranquilas, ya que hoy en día no asisten pues tienen a los hermanitos a su cuidado.

Esto es un avance increíble que cambia drásticamente la vida diaria de los chicos del refugio. De no tener absolutamente nada, pasan a comer todos los días, aprender a leer y escribir, tener un espacio de juego, asearse. Hoy llegamos y aunque el frío te cala los huesos ellos están descalzos, semi desnudos, sucios. Sabemos que va a llevar tiempo, pero este cambio es radical y a largo plazo. Estoy muy feliz.

Mañana llevo a Sargi a su consulta con un cirujano ortopedista muy capo que nos dio un turno para ver si es posible operarla y que vuelva a caminar bien. Hoy le llevé una bolsa con ropa limpia, shampoo, crema de enjuague, jabón, cepillo de dientes, pantuflas, peine y colitas para el pelo para que mañana vaya limpia a la consulta. Ni bien se lo di se fue a bañar, estaba loca de contenta.

Mañana es el cumpleaños de Julia, en un mes me voy a buenos aires, en marzo llega Martin. Más feliz no se puede estar.

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me muero fallecida con esta vista

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más lindo que tranvia de hong kong

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holi

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media hora de esta cosa para llegar al Buda Gigante.

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200 escalones faltaban para el buda este. Aguante Buda.

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un cachito de templo perfecto celestial

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el interior del templo. hiperventilo.

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Kowloon. No me puedo calmar.

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En macao te venden este snack

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El panda que quedó

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Curiosidades

Hoy estaba en el metro y pensé en contarles curiosidades de esta parte del mundo que fui descubriendo y llamaron mi atención:

En cada estación de subte hay un puesto con maquinas que escanean tu bolso y oficiales que te pasan el detector de metales por el cuerpo para asegurarse de que no lleves una bomba. Todo el tiempo la voz del subte que nombra las estaciones te recuerda que cualquier paquete, juguete o recipiente abandonado puede ser una bomba.

En el andén del metro hay una zona con carteles que indican que ahí para el vagón de mujeres. No es una sugerencia: los hombres no pueden subirse en el vagón y si intentan subir las mujeres le dicen de todo. El vagón de mujeres existe para evitar los manoseos violentos que dicen que son moneda corriente, yo nunca lo viví.

Hay tanto smog en Delhi que el cielo nunca está competamente celeste. También hay una bruma constante que es linda, aunque significa que hay mucho smog y tosés como loco. Mucha gente se cubre para protegerse de la contaminación del aire y del polvo, ya que como no llueve hace cuatro meses, vuela un polvo que me hace recordar Puente la Noria como un paraíso terrenal.

En india está prohibido que el ecógrafo te diga el sexo de tu bebé. Obvio que podés tener la suerte de que el tipo haga algún gesto para que tengas una idea, pero generalmente lo hacen sólo con los extranjeros. Se prohibió ya que muchas parejas, luego de saber que el bebé era una niña, decidían abortar.

Cuando nace un bebé no se le elige nombre hasta que tiene al menos una semana. La razón es que como tantos bebés mueren en los primeros días de vida, que no tenga nombre hace todo más facil si el bebé no sobrevive.

Los indios no tienen sexo nunca. Quiero decir, sí tienen, pero muy poco. Primero, tienen que esperar hasta casarse. Es muy común encontrar indios de 25, 27 años y vírgenes. Entonces se los ve o súper infantiles o frustrados o pajeros. Imaginen que tienen acceso al porno pero no la ponen nunca. Se enferman. Tanto, que las violaciones en India son muy, muy frecuentes.

Como si esto no fuera poco, la realidad de muchísimos hombres de la India rural es viajar a las ciudades para trabajar y volver a su pueblo sólo una vez o dos al año. El resto del tiempo trabajan sin descanso. Y no la ponen nunca.

Toda la familia ahorra una cantidad desmesurada de plata para la boda de la hija mujer. La prioridad es casar a la hija mujer y padres y hermanos deben trabajar y endeudarse hasta la manija para la boda y los regalos con los que la hija será recibida por su nueva familia. Entre el vestido, la comida para tanta gente, las flores, el oro y demás, la familia puede endeudarse de por vida.

La mujer que queda viuda puede ser expulsada de la familia, pero si tienen suerte y sus parientes políticos  la quieren, pueden ofrecerle casarse con un hermano del muerto u otro hombre de la familia.

Los indios desayunan, almuerzan y cenan lo mismo: lentejas con arroz. Los olores a comida son siempre los mismos, sean las ocho de la mañana o la una de la tarde.

Los indios se pintan el pelo de naranja cuando tienen canas. Naranja fuego. Les queda un tanto desagradable pero ellos adoran.

A medida que recuerde más cosas les iré contando pues sé que les re interesa (?).

Se pensaron que iba a pasar un post sin hablar de pobres? ILUSOS. Motia Khan anda muy bien, (bueno, muy bien en el sentido positivo e inocente, claro) y la escuela funciona cada día mejor. Tenemos dos chicos que necesitan ser operados, uno pues nació con las piernas torcidas y no puede caminar bien y otra, de diez años, que fue atropellada por un auto cuando tenía siete años y se descaderó, pero como no tenían las 20000 rupias que necesitaban para la operación, la niña quedó así y hoy renguea y no se puede sentar. Los vamos a llevar a ambos a un traumatólogo a ver qué se puede hacer. Ya les contaré.

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Delhi Metro

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gente no china protegiéndose del smog y el polvo.

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Comer, Rezar, Amar

¿Donde les gustaría vivir? No en un año ni en diez ni cuando sean viejos. Ahora. Si pudieran elegir un lugar en todo el mundo, ¿cuál sería?

Me hice esta pregunta ayer cuando recordé que cuando estaba en pleno idilio con la India, allá por agosto, una twittera me dijo que era una fase y que mi excitación iba a pasar. Que después de ese frenesí de amor iba a venir una etapa donde odiara la ciudad para finalmente terminar aceptándola. Recuerdo que desestimé ese comentario pues pensé que a la India no había con qué darle, es un país fascinante y nunca me iba a cansar. Pero no.

Ahora estoy en la fase de no querer a la India. Aunque prefiero decir que no quiero a Delhi, extenderlo a todo el país me parece injusto ya que no lo conozco. Si me invitaran hoy a un viaje todo pago a Varanasi diría que no. Quiero ir al sur, tal vez buscando el respiro de smog, basura y miseria que Delhi nunca me va a poder dar.

Hay muchas cosas que no entiendo y no puedo aceptar aún. Muchas veces al día haría un bollo con el relativismo cultural y me pelearía con más de uno.

Me cuesta entender cómo un tipo puede pensar que está bien ponerse a mear al lado tuyo.

Cómo pueden obligar a una mujer a matar a su bebita porque las niñas son caras y no sirven.

Cómo un grupo de niños y madres hambrientos golpean la ventana de un auto pidiendo una rupia en vez de robar el auto y a los pasajeros.

Cómo alguien puede pagarle mensualmente a su chofer lo mismo que gasta en una sola cena.

Cómo el chofer no envenena al que le paga esa miseria.

Cómo dos hombres pueden violar a una niña de seis años.

Cómo pueden no admitir en un hospital público a una niña de seis años a la que violaron salvajemente dos hombres sólo porque es dalit.

Cómo pueden ser tan ridículamente chupamedias de los blancos.

Esa necesidad de los indios de decirte que sí aunque la verdadera respuesta sea no sé o no.

La tonada asquerosa de los indios ricos.

El esfuerzo desmesurado por aparentar algo que no son.

Al mismo tiempo quiero a esta ciudad. Y la defiendo cuando alguien la ataca. Cuando escucho que elogian Mumbai digo que Delhi tiene más espacios verdes y South Delhi es tranquilo. Cuando los expatriados me dicen que India es lo más difícil de Asia digo que buenísimo, que después de acá podés vivir casi en cualquier lado.

Si pienso en qué lugar quiero estar aún elijo Nueva Delhi. Porque todavía no fue suficiente, porque irme ahora sería injusto para toda la experiencia y porque no me quiero ir. Porque hay cosas que amo de acá, porque adoro a Mamila, a Kamla, a los empleados de la calle que me enseñan hindi y a los que les convido golosinas argentinas. Amo el 3G indio, los auto rickshaws, amo a los niños indios tan adorables, tan respetuosos y fotogénicos. Porque adoro la comida, porque quiero conocer el sur y viajar al sudeste asiático, porque tengo un proyecto que está creciendo y porque nunca aprendí tantas cosas en tan poco tiempo. Porque vivir acá es un constante aprendizaje.

El otro día vi Comer, Rezar, Amar, esa peli con Julia Roberts donde ella se siente como el culo porque se acaba de separar y decide viajar durante un año. Arranca en Italia, donde todo es perfecto y divertido. Después sigue por India y aunque va con la idea de encontrarse a sí misma y mambo místico y de sabiduría, termina pasándola mal y no encontrando eso que se había imaginado que conseguiría. Todo le cuesta el doble y se siente sobrepasada por un no sé qué que no sabe si es la India, su propio fracaso amoroso o ambas cosas. Entonces, en vez de quedarse en India, la piola de Julia se va a Bali, donde todo es perfectamente lindo y prístino. Playas paradisíacas, un número tolerable de pobres, gran comunidad europea y Javier Bardem. Ninguna boluda.

La peli termina con ella quedándose con Bardem en ese lugar maravilloso, pero habiendo aprendido a disfrutar de lo bueno que tiene la vida en Italia y sufrido y ganado experiencia y madurez a los ponchazos en India.

India te muestra lo que nadie quiere ver, la basura que todos esconden bajo la alfombra, en dosis masivas.

India acaso no será la tierra prometida pero es esa tierra que te vapulea, te pone los pies en la tierra, te hace agradecer cada bocado que te llevás a la boca y te enseña a los golpes. Y sin eso, Bali no sería Bali.

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Julia Roberts chocha de la vida en Roma.

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Mirada de “no sé si la estoy pasando bien o como el orto” en India. Conozco esa mirada, Julia.

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Final feliz en Bali.

Antes de partir

Estos son mis últimos tres días en Delhi. Con mi hindi lastimoso, trato de contarle a la gente a la que ayudo que vuelvo en dos semanas. También tengo que ver cómo hago con la familia de Lala, porque dejarles un cargamento de comida para los días en los que voy a estar en Roma no sirve, se comen todo el día uno y se enferman. Ya se me ocurrirá algo.

Nos vamos con Juli a Roma con escala en Moscú. Allí me encuentro con mi madre, que llega dos horas después que nosotras y nos quedamos unos días en la casa de Ceci, mi suegra. La vamos a pasar genial, pero voy a extrañar mucho. Gorda sentimientos.

El viernes temprano fui al mercado de Kotla a comprar verduras, frutas, huevos, cereales, lentejas y demás para la familia de Lala. Tienen que comer bien así que no puedo conformarme con dejarles cien rupias porque no sé qué compran con eso. También tenía que llevar vaselina líquida para que tomen los chicos y les ayude a eliminar los parásitos. En fin, en todas las farmacias a las que entré expliqué lo que necesitaba y me daban crema tipo Nivea. Yo volvía a explicar y me ofrecían desde laxantes hasta gotas para el glaucoma. Si yo no me fijaba bien me vendían algo que no era, incluso habiendo entendido que era para niños de dos y tres años. Eso me hizo recordar lo que me contó una conocida que viajó desde Uruguay porque unos indios de una página web le habían prometido un curso de tejido especial que sólo existe en el sur de India. Cuando llegó, dispuesta a hacer el curso, se dio cuenta de que no sólo no había ningún curso sino que los indios querían venderle sus productos. O sea que le habían mentido. Ella estaba desesperada y no entendía por qué la habían hecho venir desde el otro lado del mundo sin razón. Yo entiendo perfectamente. Esto pasa todo el tiempo. Los indios te dicen lo que querés escuchar, ya sea vendiéndote una cosa por otra en una farmacia como haciéndote venir desde el otro lado del mundo. Son así.

Cuestión que no pude conseguir vaselina por ningún lado. Igual cuando llegué con todas las cosas saltaban de alegría. Fue muy lindo. Y ni siquiera es que llevaba golosinas o algo rico, saltaban por arroz y bananas. En fin.

Reuní a los chicos y les expliqué (con señas) que tenían que lavarse las manos antes de comer y luego de hacer sus necesidades y les di jabones de esos antibacteriales. Espero que me hagan caso, si no van a volver a tener parásitos en cuestión de días.

Cuando me estaba yendo, un hombre que hablaba algo de inglés me pidió que visite a otra familia que vive a una cuadra y que no tienen para comer. Hice unos pasos y me di media vuelta. No puedo. No puedo ir con otra familia y encargarme de más nada. Al menos no ahora y no sin recursos. Si voy y los visito ya no puedo no volver. Y la familia de Lala necesita demasiado. Así que le di al hombre dos kilos de arroz y un paquete de dhal para que se los alcance y me volví a casa.

Fui a buscar a mi hija al jardín y tuve la feliz noticia de que las dos más grandes de la obra en construcción están yendo a la escuela! Se ve que el capataz me ve tantas veces que habrá pensado que yo iba a hacer algo o denunciar que los chicos no estaban escolarizados, no sé, pero están yendo a la escuela. Una buena.

Hoy miré a Sipu y lo vi limpio, con el pelo prolijo y una camisa nueva. Le pedí al guardia de casa que le dijera que lo veía muy bien y él contestó que estaba feliz de poder viajar a visitar a su mujer y a su bebé y que el trabajo fijo llevándonos a nosotras cada día le daba más confianza para gastar en otra muda de ropa y en una cama para dormir. Ya no duerme en la calle y se nota. Tuve que subir rápido al rickshaw para que no me viera los ojos llenos de lágrimas. Me sentí muy bien porque en medio de tanta tristeza y de sentirme tan chica entre el mar de desprotección y sufrimiento, algunas cosas sí funcionan. Algunas cosas que hago dan sus frutos.

Aunque suene cliché, es cierto que este lugar te cambia. El estar expuesto constantemente a ver gente que no tiene absolutamente nada y que cada día tiene que luchar por apenas un plato de comida nos obliga a darnos cuenta de lo extremadamente afortunados que somos y a vivir siendo más amables, agradecidos y a disfrutar de todo con una sonrisa. Así soy estos días: más alegre, menos cínica y quejosa. Esta experiencia me está haciendo mejor de lo que jamás hubiese esperado. India, te adoro.

Mañana empiezo a trabajar con las francesas en Motia Khan y estoy contenta y nerviosa. Después les cuento como me fue.

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