Antes de partir

Estos son mis últimos tres días en Delhi. Con mi hindi lastimoso, trato de contarle a la gente a la que ayudo que vuelvo en dos semanas. También tengo que ver cómo hago con la familia de Lala, porque dejarles un cargamento de comida para los días en los que voy a estar en Roma no sirve, se comen todo el día uno y se enferman. Ya se me ocurrirá algo.

Nos vamos con Juli a Roma con escala en Moscú. Allí me encuentro con mi madre, que llega dos horas después que nosotras y nos quedamos unos días en la casa de Ceci, mi suegra. La vamos a pasar genial, pero voy a extrañar mucho. Gorda sentimientos.

El viernes temprano fui al mercado de Kotla a comprar verduras, frutas, huevos, cereales, lentejas y demás para la familia de Lala. Tienen que comer bien así que no puedo conformarme con dejarles cien rupias porque no sé qué compran con eso. También tenía que llevar vaselina líquida para que tomen los chicos y les ayude a eliminar los parásitos. En fin, en todas las farmacias a las que entré expliqué lo que necesitaba y me daban crema tipo Nivea. Yo volvía a explicar y me ofrecían desde laxantes hasta gotas para el glaucoma. Si yo no me fijaba bien me vendían algo que no era, incluso habiendo entendido que era para niños de dos y tres años. Eso me hizo recordar lo que me contó una conocida que viajó desde Uruguay porque unos indios de una página web le habían prometido un curso de tejido especial que sólo existe en el sur de India. Cuando llegó, dispuesta a hacer el curso, se dio cuenta de que no sólo no había ningún curso sino que los indios querían venderle sus productos. O sea que le habían mentido. Ella estaba desesperada y no entendía por qué la habían hecho venir desde el otro lado del mundo sin razón. Yo entiendo perfectamente. Esto pasa todo el tiempo. Los indios te dicen lo que querés escuchar, ya sea vendiéndote una cosa por otra en una farmacia como haciéndote venir desde el otro lado del mundo. Son así.

Cuestión que no pude conseguir vaselina por ningún lado. Igual cuando llegué con todas las cosas saltaban de alegría. Fue muy lindo. Y ni siquiera es que llevaba golosinas o algo rico, saltaban por arroz y bananas. En fin.

Reuní a los chicos y les expliqué (con señas) que tenían que lavarse las manos antes de comer y luego de hacer sus necesidades y les di jabones de esos antibacteriales. Espero que me hagan caso, si no van a volver a tener parásitos en cuestión de días.

Cuando me estaba yendo, un hombre que hablaba algo de inglés me pidió que visite a otra familia que vive a una cuadra y que no tienen para comer. Hice unos pasos y me di media vuelta. No puedo. No puedo ir con otra familia y encargarme de más nada. Al menos no ahora y no sin recursos. Si voy y los visito ya no puedo no volver. Y la familia de Lala necesita demasiado. Así que le di al hombre dos kilos de arroz y un paquete de dhal para que se los alcance y me volví a casa.

Fui a buscar a mi hija al jardín y tuve la feliz noticia de que las dos más grandes de la obra en construcción están yendo a la escuela! Se ve que el capataz me ve tantas veces que habrá pensado que yo iba a hacer algo o denunciar que los chicos no estaban escolarizados, no sé, pero están yendo a la escuela. Una buena.

Hoy miré a Sipu y lo vi limpio, con el pelo prolijo y una camisa nueva. Le pedí al guardia de casa que le dijera que lo veía muy bien y él contestó que estaba feliz de poder viajar a visitar a su mujer y a su bebé y que el trabajo fijo llevándonos a nosotras cada día le daba más confianza para gastar en otra muda de ropa y en una cama para dormir. Ya no duerme en la calle y se nota. Tuve que subir rápido al rickshaw para que no me viera los ojos llenos de lágrimas. Me sentí muy bien porque en medio de tanta tristeza y de sentirme tan chica entre el mar de desprotección y sufrimiento, algunas cosas sí funcionan. Algunas cosas que hago dan sus frutos.

Aunque suene cliché, es cierto que este lugar te cambia. El estar expuesto constantemente a ver gente que no tiene absolutamente nada y que cada día tiene que luchar por apenas un plato de comida nos obliga a darnos cuenta de lo extremadamente afortunados que somos y a vivir siendo más amables, agradecidos y a disfrutar de todo con una sonrisa. Así soy estos días: más alegre, menos cínica y quejosa. Esta experiencia me está haciendo mejor de lo que jamás hubiese esperado. India, te adoro.

Mañana empiezo a trabajar con las francesas en Motia Khan y estoy contenta y nerviosa. Después les cuento como me fue.

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Mamila es mi sai baba – Kotla y los Parásitos

Hoy temprano tuve reunión con unas francesas que se ocupan de la salud y el bienestar de la gente que vive en Motia Khan, que es una especie de edificio abandonado habitado por dalits. Si bien el trabajo de un año hizo que los niños ya no estén desnutridos y si se lastiman puedan ser atendidos por un médico etc, este año la idea es hacer más que esa primera atención y repartir kits de higiene, enseñarles cómo asearse, a no hacer sus necesidades ahí mismo donde duermen, que puedan aprender algo básico de inglés, que puedan empezar a pensar en asistir a una escuela, etc. También hay que ocuparse del invierno porque diciembre y enero en Delhi hace frío y por ende hay muchas muertes por hipotermia. Todo esto es lo que entendí, después hablaron dos horas más pero sinceramente fue chino para mí. Obvio, entiendo francés porque mi profesora me hablaba en cámara lenta y como si fuese yo un mono. A éstas les entendí un 20% pero yo asentía igual. Ya me acostumbraré.

Estoy contenta de trabajar con estas chicas, espero me guste Motia Khan, empiezo el martes. Igual qué estresante es tener que hablar siempre en otro idioma, si no es en inglés, con el que estoy cómoda, es hindi o francés. Me hirrrrve la cabeza.

En otro orden de cosas, la familia de Lala está mejor ya que llevo comida a diario y me ocupo de que coman bien. Una médica de twitter me dijo que uno de los chicos mostraba signos de desnutrición y de parásitos, al final los revisé a todos y cinco de los seis tienen los mismos síntomas. Así que hoy compré los antiparasitarios y me fui con mi amor, mi idola, mi sai baba MAMILA para que haga las veces de intérprete.

Llevamos repelente (por el dengue), paracetamol, solución para la diarrea y los antiparasitarios. La idea es averiguar qué vitaminas necesitan y sumarlo a la dieta de los chicos y de la madre, ya que está amamantando.

Una vez que estén un poco mejor alimentados, sin piojos, que tengan ropa y unas chapas más para cerrar la choza esa de la muerte donde viven,  la idea es que el padre arranque alquilando un cyclerickshaw para tener un ingreso más fijo que el de hoy. Además quiero que se opere, en india las vasectomías no sólo son gratis sino que te pagan unas cuantas rupias si vas a cualquier hospital a que te hagan una.

Cuando volvimos de Kotla me encontré con la dueña del departamento y charlando le contamos de donde veníamos. Nos dijo lo que mucha gente me dice siempre: que para qué ayudar, que tanta pobreza no tiene remedio y que cuando yo me vaya van a seguir igual.

Yo respondí que si bien no puedo solucionar los problemas de Kotla y ni siquiera los de esa familia, al menos esos niños no van a tener parásitos, no van a pasar hambre ni frío este invierno y van a empezar a ir a la escuela. Si puedo convencerlos, el padre puede trabajar en otro lado (ahora hace changas donde le pagan nada) ganar un poco mejor y no concebir más hijos. Y me parece un montón. Claro que si no los ves, si no te acercás, si cuando te vienen a golpear la ventanilla del auto ni levantás la mirada, todo lo que me dijo tiene sentido. Es fácil hacerse el boludo, incluso en India.

Me contestó que los occidentales no tenemos remedio, que queremos ayudar a India y que India es así. Para que haya ricos tiene que haber pobres y está bien que así sea.

Le hubiese hundido el cráneo con un matafuegos, pero hay que admitir que al menos no es hipócrita.

Dandraj

Dandraj

Lala y bebito

Lala y bebito

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Laxmi