Cruzada contra la homeopatía

Recuerdo que cuando era chica solía mantener discusiones interminables con cualquiera que me dijera que creía en dios. No podía dejarlo pasar, seguir con la charla o cambiar de tema, empezaba un interrogatorio que la gente no tenía ganas de contestar. Después de años lo entendí: creen en dios porque quieren creer. Creen en dios por herencia, porque es fácil, porque les conviene y por mil razones más.

Hoy no me interesa polemizar sobre el tema, si te autoproclamás católico pero a la vez chequeas el horóscopo, hacés reiki y le rezás al gauchito gil, allá vos.

Con la  homeopatía no puedo avanzar. Los años pasan y cuando sale el tema en una reunión no puedo dejar de preguntar y dar mi postura, aunque se rompa el clima, aunque suene como una pesada, aunque parezca que busco pelea.

Resulta que el principio básico de la homeopatía es el uso de cantidades ínfimas de sustancias que en grandes dosis producirían síntomas parecidos a los de la enfermedad que está siendo tratada. Cómo se diluyen estas sustancias? Bueno, en agua. Pero se diluye a tal punto que en el resultado final no se encuentre ni una molécula del principio activo. Se supone que estos productos son más efectivos cuanto más diluidos están. Cualquier persona en su sano juicio diría que si ya no hay más que agua, cómo que eso me va a curar? Bueno, los homeópatas apelarán a la “memoria del agua” o al proceso de dinamización, que transmite al agua el espíritu curativo de la sustancia. O sea que si el agua memoriza la sustancia ya no presente, también puede memorizar toda otra sustancia con la que alguna vez tuvo contacto: petróleo, pis de gato, excremento humano, y largo etcétera. En resumidas cuentas, un disparate. El efecto que tiene es el efecto placebo, el mismo que puede tener rezar una novena o ir a un curandero.

Entonces, Cómo no angustiarme cuando escucho que van ciegamente, que aceptan globulitos sin saber lo que son, que no tienen idea de las bases de la homeopatía ni del efecto placebo ni de si hay estudios serios que avalan algo de lo que les dicen estos chantas.

Claro, el pediatra homeópata escucha y aconseja a los padres durante una hora o más porque cobra la consulta el triple que cualquier otro pediatra, por eso puede dedicar tanto tiempo.

Si lo escuchás pero no le agarrás los globulitos y le das ibu profeno cuando tiene fiebre, no importa, estás escuchando y creyendo en un hombre que usa agua para curar. Un chamán al menos mata una gallina y pronuncia cánticos, no sé, pero estos ni eso. Este miente vilmente. No interesa si después no le comprás el frasquito, es un chanta y lo estás pasando por alto.

Para mí la homeopatía, la imposición de manos, el horóscopo y la virgen desatanudos son la misma cosa. Ahora, por alguna razón, una mujer que se autoproclama vidente natural y te adelanta el futuro en una covacha de Once me molesta muchísimo menos que un homeópata que en su consultorio de Villa Crespo te vende franquitos de agua por abultadas sumas de dinero.

No sé si será la cantidad de gente que conozco que le cree a estos ladrones, el clima o que estoy belicosa, pero no puedo parar. No me voy a quedar callada ante recetas milagrosas sin sentido, voy a hablar, a pasar links, a evangelizar. A riesgo de que me echen de los grupos de madres o de resultar un pelotazo, no cedo, no gambeteo los temas, no me callo:

Pseudociencias, no pasarán.

Yo le miento al pediatra ¿y usted?

Mi hija tiene un pediatra amoroso y relajado. Lo puedo llamar cuando quiero, me atiende y me despeja dudas, me tranquiliza. Aún así le miento descaradamente.
¿Por qué? No lo sé, pero le miento. Podría bancarme mis posturas y cuestionar las suyas, de hecho podría contarle lo que hago, la madre soy yo y hago lo que quiero, pero me aburre, prefiero mantener estas pequeñas mentiritas.

Aquí algunos ejemplos:

Pediatra: mamá le diste la vacuna de la gripe, no?
Agos: claro, sí, el mes pasado.
Realidad: de haragana no la llevé en su momento y ahora no hay y paja mortal.

Pediatra: a la hora de la comida nada de cuchara, que ella coma con los dedos, tiene que experimentar con las manos, la textura de la comida.
Agos: ok, buenísimo.
Realidad: ¿venís a limpiar vos el enchastre? Ni en pedo lo hago, come con cuchara y se acabó, qué experimentar ni experimentar.

Pediatra: nada de nebu, vapor. Baños de vapor tres veces por día durante diez minutos.
Agos: ok, tres veces por día.
Realidad: la reputisima madre, me embola estar en el baño sufriendo de esa manera tres veces por día, el frizz que te queda en el pelo es un horror, en mi baño cuando prendo la luz se prende el extractor y tengo que estar a oscuras con la niña y mucha paja, lo hago una vez x día a lo sumo jiji.

Pediatra: jueguen juntas en el piso, no más de quince minutos diarios de tele.
Yo: no, claro que no, juegos y música.
Realidad: lo único que le falta a Julia es picarse con jeringa de baby tv, está siempre de fondo y me permite bañarme, cocinar, vivir.

Pediatra: a la noche si llora te levantás y le hablás, la tranquilizás pero no la lleves a tu cama.
Yo: ok, le hablo y me vuelvo a acostar.
Realidad: todo ocurre en estado de zombie total, lo que sé es que me despierto con la pibita al lado mío.

Y en esto la máquina de la verdad de chiche gelblung colapsaría, tamaña mentira es digna de una reprimenda.

Pediatra: entonces eso es lo que puede comer. Nada más. Y sobre todo, NADA DE PAN.

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