Hacer que cuente

Ayer me tocó ir a un Shopping indio pues ya no sé cómo hacer para encontrar ropa occidental acá en Delhi. Vaya al mercado que vaya, más atestado o más lindo, carísimo o lleno de gangas, todo es kurtas, kurtis, sarees, lehengas, todo ropa india y nada occidental. Y si encontrás un sweater o pollera están indianizados, o sea la pollera tiene tul rosa chicle o el sweater tiene 30 rosas pegadas al cuello; tampoco me gusta.

Mi amiga colombiana me contó que si vas a los mercados con alguien que conozca bien podés comprar la ropa de marcas tipo Zara o Desigual por nada, o sea, un sweater que en Zara sale 50 dólares te lo venden a 500 rupias (diez dólares). Pero sin gurú de compras que sepa dónde exactamente están esos negocios la verdad es que no se entiende nada y uno se amarga de tanto ver sarees y no encontrar una puta camisa.

Entonces me fui al mall nomás, ya que en casa hubo quejas de que en lo único que pienso es en los pobres y que no me compro ropa y ando como una presa, siempre con lo mismo, y que julia casi que no tiene nada que le entre.

Cuando estaba en el probador de Zara esperando mi turno vi cómo la empleada trataba super mal a una chica negra que estaba adelante mío. Pensé que era una mal educada, pero resulta que cuando me atendió a mí fue un amor. La diferencia fue tan chocante que cuando estábamos las dos probándonos ella me dijo (en francés, para que la empleada no entendiera) que está acostumbrada al racismo demencial que padece en India. Los indios son así, cuanto más blanco sos, mejor te tratan. Yo estoy en el medio y creo que salgo ganando, en el extremo negro es pura indiferencia y maltrato y con los blancos y rubios son tan densos, pegajosos y serviles que es incómodo.

Salí del mall con mi ropa de Zara y me la puse para una reunión en la casa de la cónsul argentina que ya es nuestra amiga. No saben la excitación de cenar y charlar con argentinos. Yo caminaba por las paredes. Estaba como drogada, como si recién saliera de la selva y viera gente por primera vez en años.

Esta mañana en Motia Khan estuve todo el rato con la chiquita de 3 años hermana de Chulbuli. No sabemos nada de su madre desde la semana pasada y ella, al ser la del medio, es la que la pasa peor pues a Chulbuli (de siete años) le da para ocuparse sólo de su hermanita de un año y Panga, de 3, queda afuera y anda solita caminando desnuda por todo el refugio. Cuando llegamos siempre tira los bracitos hasta que alguna de nosotras le hace upa y ahí se queda hasta que nos vamos. Hoy éramos pocas y estábamos todas ocupadas, yo repartía la avena cuando siento una manito en el tobillo y era Panga, que me daba la cuchara para que  le diera la avena en la boca. Me dio tanta ternura que me agaché y fui dándole hasta que la terminó. Después le di leche y ya no se bajó hasta que nos fuimos. No me despegaba la cabecita del pecho y poco a poco dejó de tener las manos y pies helados. Lovely Sharma,  quevive en el refugio, sabe un poco de inglés y hace de traductor me dijo “baby go to france” como que me la lleve a Francia. Y sí, la verdad me los llevaría a todos y a ella primero pues fue la niña a la que desparasité en mi primer visita a Motia Khan y que vi cómo fue engordando y ganando fuerzas para caminar gracias a nuestros cuidados.

Es imponente la cantidad de ONGs y fundaciones que trabajan de sol a sol por los pobres en India. Pero claro, más imponentes son los 800 millones de pobres. En fin, acá hay que enfocarse en lo positivo y trabajar sin muchas espectativas, se hace lo que se puede.

Antes de irnos vimos a Sargi, la niña a la que atropelló un auto hace tres años y quedó con una displacia de cadera y casi ni apoya uno de sus pies. Ya tengo ropa, jabón y shampoo para darle el día previo a la visita al traumatólogo. Si vieran lo emocionada que está. Dos cirugías se vienen, escuela, desayuno diario, medicos tres veces por semana. Nuestro trabajo está buenísimo y estoy muy orgullosa de mis compañeras. Este tiempo en India es tan valioso que no puedo más que sentirme súper afortunada de vivir acá.

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Panga

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Chulbuli, su hermanita bebé y Panga

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argentinos 🙂

Una escuela en Motia Khan

Ayer era un día festivo para los Sikhs así que salimos a pasear con Andrés por Sarojini Nagar, que es un mercado que está siempre un tanto atestado de gente para mi gusto. El tema de las aglomeraciones en este país es normal pero para mi frágil y panicosa cabeza puede ser un problema. Me pasa que en un momento del paseo recuerdo que si dos se pelean, que si alguien grita “bomba” o se produce un incendio, lo más probable es que no la cuente: muero aplastada. Sí, un pensamiento un poco negativo, pero ya les comenté que desde que soy madre+muerte de mi abuela y muerte de mi padre con una semana de diferencia quedé un poquito trastornada. Igual lucho contra el tema claustrofòbico y sigo adelante porque estoy en India, o sea, la aglomeración es la regla y no la excepción.

Volvimos a casa en Auto Rickshaw, el medio de transporte más genial que pueda existir. Cuando me vaya de la India no sé cómo voy a hacer para volver al bondi o al subte a diario. Quiero parar un Auto Rickshaw y  regatear el precio en hindi, subirme y mirar el paisaje sin ventanas molestas. La vista desde el Auto Rickshaw es tan genial que te hace parte de la calle y de lo que está pasando, no vas pasiva en el asiento de atrás y abstraída de todo.

Con la cara al viento como iba, abrí mis mails y vi las novedades de Motia Khan: un maestro y un ayudante van a ir de lunes a sábados para darle clases (en dos turnos) a 50 chicos de 5 a 14 años que nunca asistieron a una escuela. La idea es prepararlos para que el año que viene o el otro -según el progreso de cada uno- puedan entrar a una escuela pública. Nosotras vamos a ayudar, a pintar con ellos y a enseñarles palabras en inglés y demás, pero van a tener un maestro que les enseñe desde higiene a leer y escribir en su idioma, van a agarrar el ritmo diario de ir a la escuela y hasta estamos pensando en hacer uniformes.

Con este proyecto se me olvida la claustrofobia, los ataques de ansiedad, la angustia de estar lejos y de lo cruel que es el mundo. Motia Khan es de los que viven en él pero ahora es un poco de todos. Mío y de mis compañeras francesas y de todos ustedes que me leen y que entran a la wish list para ayudar a enderezar el camino de esos pibes, a cambiarles el destino de parias sin derechos y darles una oportunidad de que levanten la cabeza y puedan sentirse mejor.

Gracias a todos los que me estan haciendo llegar útiles o fondos para Motia Khan. Los útiles serán para la escuela, los fondos para los uniformes, zapatos y las meriendas de los chicos.

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vista desde el Auto Rickshaw

Y una de mis canciones favoritas desde 2009 y, obvio, de mi estadía en India. La amo y si no vieron la peli véanla.