Una escuela en Motia Khan

Ayer era un día festivo para los Sikhs así que salimos a pasear con Andrés por Sarojini Nagar, que es un mercado que está siempre un tanto atestado de gente para mi gusto. El tema de las aglomeraciones en este país es normal pero para mi frágil y panicosa cabeza puede ser un problema. Me pasa que en un momento del paseo recuerdo que si dos se pelean, que si alguien grita “bomba” o se produce un incendio, lo más probable es que no la cuente: muero aplastada. Sí, un pensamiento un poco negativo, pero ya les comenté que desde que soy madre+muerte de mi abuela y muerte de mi padre con una semana de diferencia quedé un poquito trastornada. Igual lucho contra el tema claustrofòbico y sigo adelante porque estoy en India, o sea, la aglomeración es la regla y no la excepción.

Volvimos a casa en Auto Rickshaw, el medio de transporte más genial que pueda existir. Cuando me vaya de la India no sé cómo voy a hacer para volver al bondi o al subte a diario. Quiero parar un Auto Rickshaw y  regatear el precio en hindi, subirme y mirar el paisaje sin ventanas molestas. La vista desde el Auto Rickshaw es tan genial que te hace parte de la calle y de lo que está pasando, no vas pasiva en el asiento de atrás y abstraída de todo.

Con la cara al viento como iba, abrí mis mails y vi las novedades de Motia Khan: un maestro y un ayudante van a ir de lunes a sábados para darle clases (en dos turnos) a 50 chicos de 5 a 14 años que nunca asistieron a una escuela. La idea es prepararlos para que el año que viene o el otro -según el progreso de cada uno- puedan entrar a una escuela pública. Nosotras vamos a ayudar, a pintar con ellos y a enseñarles palabras en inglés y demás, pero van a tener un maestro que les enseñe desde higiene a leer y escribir en su idioma, van a agarrar el ritmo diario de ir a la escuela y hasta estamos pensando en hacer uniformes.

Con este proyecto se me olvida la claustrofobia, los ataques de ansiedad, la angustia de estar lejos y de lo cruel que es el mundo. Motia Khan es de los que viven en él pero ahora es un poco de todos. Mío y de mis compañeras francesas y de todos ustedes que me leen y que entran a la wish list para ayudar a enderezar el camino de esos pibes, a cambiarles el destino de parias sin derechos y darles una oportunidad de que levanten la cabeza y puedan sentirse mejor.

Gracias a todos los que me estan haciendo llegar útiles o fondos para Motia Khan. Los útiles serán para la escuela, los fondos para los uniformes, zapatos y las meriendas de los chicos.

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vista desde el Auto Rickshaw

Y una de mis canciones favoritas desde 2009 y, obvio, de mi estadía en India. La amo y si no vieron la peli véanla.

Lista de deseos.

Hoy en Motia Khan tuvimos la primera jornada de dibujo, o sea que después de darles el desayuno, el calcio y demás, los hicimos sentar en el piso y repartimos libritos para colorear y lápices de colores. Se armó revuelo al principio porque se desesperaron al ver tantas cosas nuevas para ellos, pero luego de unos minutos estaban todos pintando y compartiendo los colores. Estuvimos un rato así, ayudándolos a sostener los lápices de la manera correcta, festejándoles cuando terminaban de pintar, evitando peleas. En un momento me levanté del piso y vi que una mamá de tres niñas estaba con su bebé en la teta pintando como los demás chicos. Probablemente ella tampoco haya podido pintar ni ir a la escuela. Seguro cuidó hermanos desde chiquita como hoy hace su hija mayor. La miré, le alcancé más colores y seguí pasando por los grupos. Verlos a todos tan sonrientes, haberles podido dar ese momento de alegría me dejó en un estado que no entiendo del todo. Estoy ridículamente feliz, estoy emocionada, ansiosa por seguir yendo. Y sobre todo me siento satisfecha porque un día, hace años, pensé que quería trabajar para esta gente, para este grupo de olvidados entre los olvidados. Soñé con aliviarlos de alguna manera, con aprender de su fuerza para afrontar la vida, soñé con tener en brazos a estos niños a los que nadie quiere tocar. Y hoy estoy acá. Entonces finalmente todo lo duro de este viaje tiene su recompensa, porque es difícil pero es extremadamente gratificante. Porque vale la pena, porque no importa que sean miles y que no vaya a ver la solución mientras viva. Vale la pena.

Gracias a Gloria, a Mara, a Maria Luisa, a Valeria y a todos los que confían en mí y me ayudan.

Acá va la wishlist de Amazon, recuerden que 7,20 rupias son 1 peso argentino.

Update: una lectora me dijo que el link da a la pagina de wishlists pero no a la mía, por ahora no pude arreglarlo pero se soluciona si ustedes ingresan mi mail labonaerense@gmail.com en el buscador de wishlists.

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me muero por esta niña

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Clo, una de mis compañeras francesas

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No sé si me explico

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