Novedad

Ayer salí de la escuela a las cinco y cuarto y era día de feria, ya sabía que la vuelta a lo de mi vieja, donde dejé a Julia, iba a ser difícil.

Una profe me acercó a Olimpo, la avenida, pero estaba cortado más adelante y estaban quemando gomas, los colectivos no pasaban. Yo tenía que llegar a camino de cintura, volví a la escuela y esperé el 306 en la feria, este bondi va por otro camino. No pasaba ninguno y luego de media hora pasa una combi hecha pelota, para y desde adentro una mujer grita: “hasta Olimpo y camino de cintura cuatro pesos” me subí. Al llegar al corte nos dicen que nos bajemos, que no seguía, que no sabían del corte y tomaron un camino equivocado y mil excusas más. me re enojé. La gente bajaba, aceptaba callada la situación.
Después de discutir cinco minutos accedieron a llevarme por otro camino si pagaba cuatro pesos más. Me dijeron que me agachara porque ese camino es peligroso y “andaban a los tiros hace un rato”. Ok, me agaché.

Ya cuando supe que iba a llegar hasta la parada del colectivo que me llevaba a Julia me tranquilicé y me puse a charlar con la mujer, para pasar el mal rato. Hace veinte años que vino desde La Paz. Habla perfecto aymara pero no lo usa casi. Esta cansada de la discriminación y me agradeció por hablar tantas cosas lindas de su país. Yo, loca, estaba extasiada babeandome contando cosas que amo de Bolivia y hablándoles en quechua pero me entendían poco y nada.

Llegamos a destino y luego de un rato, embarrada hasta el tobillo, me subí a la costera. Una hora después bajé y corrí las cuatro cuadras hasta lo de mi vieja como perro persiguiendo un hueso, con la imagen de Julia en la mente, no me importaba más nada que llegar y verla luego de trece horas.

Abrí la puerta y ahí estaba, mi chiquita, hermosa y risueña. Mi vieja me dice: “hoy hizo algo nuevo” y Julia, como si entendiera todo, arranca con un suavecito pero continuo “pà pà pà pà”

lo mismo te amo, hija

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Al trabajo con Julia

A las 8 dela noche sonó mi celular y era el abuelo de Julia, que estaba muy engripado y no podía cuidarla la mañana siguiente.

¿Qué hago? Porfi puede venir a la una recién, yo me tengo que ir a las ocho y pico de la mañana. Toda esa seguridad que tenía hasta el día anterior se me fue a la mierda. Estoy sola, mi bebita que sale recién de una gripe depende de mí y no sé que hacer.
No me convencía faltar, recién vuelvo de mi licencia y me encanta mi trabajo, no había avisado con tiempo y si faltaba iba a necesitar un certificado médico y llevarlo hasta Lomas a reconocimiento, o sea que igual iba a tener que salir con ella.

Me fui a dormir porque no daba más de la angustia. Obvio que la pasé a mi cama.

Al otro día me desperté bien temprano y tenía que decidir, pero ya no lo veía como una tragedia, la mañana me hace ver todo menos terrible.

La llevo. Mi directora va a entender, mis compañeras seguro me la tienen un ratito al mediodía y mis alumnos se van a portar bien. Ni hablar que sé que Julia no va a llorar en la tela.
¿Y si se contagia gripe o algo? Y bueno. Este es el trabajo de su mamá y ante un imprevisto tenemos que adaptarnos una a la otra. Hoy le toca a ella adaptarse a mí.
Preparé el bolso, la abrigué bien, la metí en la tela y salimos. Un bondi, el otro, teta en el bondi, (porque hacemos 20, hagamos 23) y llegar a la escuela.

Tal como me imaginé mi directora me recibió con una sonrisa, mis compañeros y alumnos también. Las maestras me la pedían en los recreos y yo descansaba un poco. Mis alumnos también la tenían, la hacían reír y se portaron increíble. Mis alumnos de 6to me emocionaron cuando, tipo una de la tarde, Julia se durmió en la tela y todos hablábamos bien bajito para que no se despierte. Me preguntaban cosas, la corrección de los ejercicios en el pizarrón, ida y vuelta al comedor, todo en susurros para no molestarla.
Las últimas dos horas ya estábamos muy cansadas, pero también se pasaron rápido.

Volvimos a casa a las siete de la tarde, luego de once horas y no dábamos más, mi espalda todavía duele, pero contentas, ella risueña como siempre, yo feliz porque todo había salido bien y pude cumplir con mi hija y con mi trabajo. Baño, comidita y a la cama (cada una en la suya esta vez).

Me quedé dormida pensando en mis chicos, en como son, lo bien que me hacen. Son lo más demandante que hay, pero ayer se dieron cuenta de que tenían que ayudar y lo hicieron. Estoy orgullosa de ellos.

Y en cuanto a Julia, siempre que pensaba en mi hija, desde chica, la imaginaba conmigo afuera. Llevándola en la espalda, como las cholas, en la naturaleza o por la calle, en viajes, de paseo. Siempre. Y, por ahora al menos, esta pasando.

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Todo bien

Ayer tuve mi primer día intensivo de trabajo en la escuela. Trece horas lejos de Julia, las primeras trece horas desde que nació.

Me desperté a las cinco, preparé todo para mis alumnos y fotos de Julia por si la extrañaba demasiado. Tomé un té, le di de comer y me fui. En los colectivos leí como para distraerme. Cuando llegué a la escuela me esperaban mis alumnos, que no me dieron un segundo de respiro, ni siquiera para sentarme a comer al mediodía.
Ellos esperaron meses y meses y tenían mil cosas para contarme, viejos alumnos que ahora están enormes y nuevos que se mueren por aprender.
Eso es lo que amo de la escuela primaria, lo que amo de mi escuela. Mis compañeros y yo somos mucho más que docentes, somos todo durante esas cuatro horas que los chicos van a diario.
Todos quieren atención, todos nos quieren contar lo que les pasa en su casa, con sus hermanos, padres, sus problemas más o menos graves. Y los que no hablan, los que no tienen nada para decir, a esos también hay que preguntarles, reparar en ellos, porque por algo no nos cuentan y también quieren nuestra atención, sólo que no la demandan como los otros.
Entonces las horas se suceden entre ejercicios, canciones, gritos, charlas en los recreos, más gritos, más abrazarme seño, Joni me pegó, Pedro se volvió a Bolivia, a Juanito le pegan y no se defiende, y muchos besos y abrazos.
No tuve un segundo siquiera para extrañar a Julia. Porque en esas horas soy de ellos y así me gusta que sea. Necesitaba estos kilos de demandas y amor, porque es lo que me llevó a trabajar en la escuela pública, es lo que hace que cada docente esté en esas escuelas donde se necesita tanta paciencia y tanta devoción hacia el otro.
Y ahora tengo a Julia en brazos pero en mi cabeza planeo mil cosas para mis alumnos. que en 4to B hay muchos chicos sin útiles, que el papá de J se fue de la casa por fin, que N es nuevo y extraña Bolivia y que la mamá de A no está, así que necesita atención extra.

Volví pensando en ellos y en Julia, que estaría con Porfi, su niñera desde que nació. Me alegré de haberla conocido y de haber hecho que ellas se conozcan y se quieran desde siempre.
Entré a casa y estaban las dos jugando. Julia se reía a carcajadas cuando me vio.

Y así vuelvo de a poco a mi vida, y hay amor para todos.

Así terminó mi día de ayer.

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Les recomiendo esta rutina de baño, agua tibiecita, juguetes, todo lo necesario preparado de antemano y se meten a la bañera. Lujo, lujo. (Enchastre también, pero bueh).

Doce horas

son las seis y media de la mañana y me estoy yendo a trabajar para volver a las siete de la tarde. Es la primera vez que me separo tantas horas de Julia. A su cuidado quedan Jere y Porfi, sus niñeros, y dos cajitas de nutrilón. Yo me voy con mis alumnos, a los que extrañaba como loca y me divierte volver a ver. Les preparé juegos y tareas especiales porque están celosos.
Me llevo esta foto de Julia impresa para combatir la angustia.
Deseenme suerte.

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