Happy Holi

El domingo por la mañana abrí la puerta de casa y como si fuera un sueño hecho realidad, Martín estaba sentado en mi mesa, vistiendo mi pollera verde y un top haciendo juego.

Durante tantos meses deseé que mis amigos pudieran ver lo que yo estaba viendo, asombrarse, enojarse y reirse con esas particularidades indias que no se pueden explicar y que las fotos no terminan de enseñar. Hoy tengo la dicha de compartir las calles de Delhi con mi hermano sol, con mi mejor amigo y con quien desde hace años compartimos todo lo que nos es posible porque, simplemente, nos cuesta no hacerlo.

Y más allá de que conozco Delhi y ya estoy acostumbrada al ritmo de la ciudad, con Martín todo es nuevo otra vez, llegamos a un barrio y es lo mismo que cuando llegamos a La Paz, en ese primer viaje largo en enero de 2012. Es eso, no importa si el día es lindo, la ciudad es perfecta o tenemos la guita necesaria para pasarla genial, todo puede salir mal e igual nosotros la pasamos increíble.

Mañana, gracias a que Andrés es genio y se queda con julia, vamos a tomar nuestro primer tren indio que nos va a llevar a Mathura y de ahí iremos (no sé cómo) hacia Vrindavan, dos de las ciudades más importantes de Lord Krishna, y por tanto, las más importantes para festejar holi.

Holi es un festival que se celebra en toda India (sobre todo en el norte) durante marzo y los días son signados por la luna llena,  éste año holi se celebra el cinco y seis de marzo. Hay varias historias que cuentan los orígenes del holi, pero como nosotros vamos a Mathura, ciudad donde nació Lord Krishna, les cuento esa historia: En Vrindavan y Mathura, donde el dios Krishna creció, el festival se celebra durante 16 días (hasta Ragpanchimi en conmemoración al amor divino de Radha por Krishna). Se cree que Krishna popularizó este festival por sus travesuras. Se quejó a su madre por el contraste entre su color oscuro (azul) y el color claro de su consorte Radha. Entonces la madre de Krishna decidió colorear la cara de Radha. También escuché que cuando Krishna ya estaba entrado en años, tenía muchas amantes y para distinguirlas les pedía que usaran un saree de cada color. En fin, hay muchas historias y muchas formas de celebrar holi. En Barsana, una ciudad en Uttar Pradesh, holi dura dos semanas y durante uno de los primeros días de la celebración las mujeres se reúnen y atacan con palos a los hombres, que se defienden con escudos. Es un juego, aunque más de una aprovechará para descargarse con el marido o familiar que la oprime. En la mayor parte del norte de India holi comienza hoy con grandes hogueras que simbolizan el bien venciendo al mal. La gente se reune a cantar alrededor de estas hogueras y celebran hasta tarde entrada la noche. Mañana temprano arranca de nuevo la celebración de colores, donde unos a otros se tiran con polvos de colores y bombitas de agua.

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lathmar holi, mujeres contra hombres en Barsana

Lo divertido es que NADIE SE SALVA de quedar coloreado. Ya sea porque te tiran agua rosa o se acercan a llenarte la cara de polvos violetas mientras te dicen “happy holi!” vas a quedar manchado de pies a cabeza.

Y nosotros vamos al epicentro de la fiesta. Mucha gente (sobre todo mi amiga Samrita) me advirtió sobre el peligro de holi en Vrindavan. Resulta que muchos, con la excusa de la fiesta, manosean a las mujeres y se pueden llegar a poner pesados. También se ponen todos en pedo y toman bhang, una bebida con marihuana, entonces están un tanto del orto. Eso sumado a la aglomeración de gente.

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Los consejos que nos dieron:

  • Se supone que tenés que usar ropa que no te importe que quede arruinada por completo. Pero tiene que ser blanca, así se ven los colores y es más divertido. Si usás negro sos botón.
  • No todos los polvos de colores que se venden son sanos y naturales. Muchos son tóxicos y puede que hasta te dejen ciego temporalmente (Obvio, es India, todo tiene su lado terrorífico). Entonces, para protejerse y sobre todo para evitar tener la piel de colores durante una semana, hay que bañarse en aceite de coco (o cualquier aceite), incluso en el pelo.
  • Pañuelo que cubra el pelo y lentes de sol
  • Ropa que no transparente nada cuando se moje.
  • No comer nada que nos den en la calle porque todo estará contaminado con droga (?)
  • No llevar la cámara.

Sí, esta última hace llorar al niñito krishna, pero parece que es imposible que la cámara sobreviva al festival, sobre todo si es en Vrindavan, donde todo es un descontrol y no tenes dónde escapar del agua coloreada.

Primer tren, primer holi  y todo esto con mi mejor amigo. Mi sueño dorado. Mañana, si es que no terminamos molidos, les contamos como nos fue. Besos a todos y HAPPY HOLI!!

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lluvia de colores. imaginen la cámara rn medio de ese desmadre.

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así terminaremos

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gorda reflexiones

Hace tiempo, en el blog de un viajeronoturista, leí un post sobre la depresión post viaje. Básicamente cuenta que cuando volvés a casa luego de meses o años de estar lejos, te sentís raro, incómodo y con leves ganas de darte un escopetazo.

No es que me sienta así ahora, pero los primeros días fueron muy raros. Como ya dije, caminaba por las calles que eran mías y que adoraba y me sentía una extraña. Eso. Sentirme una extraña en Buenos Aires es triste. Sobre todo porque Delhi es hoy mi casa pero tampoco es del todo mi ciudad. Entonces eso me deja automaticamente sin un lugar que sea mío.

Creo que por eso hay gente que te dice que es “ciudadana del mundo” y como bien dice Sandy te los querés comer crudos, pero entiendo que hay algo de verdad en eso. Andrés tampoco tiene una ciudad, mi amigo Joey menos. Deambulan por el mundo, van donde haya trabajo o algo que les interese conocer y no se pueden quedar mucho tiempo en nunguna parte.

¿Quiero eso para mi vida? No lo sé. En Delhi no me voy a quedar a vivir, pero sé que si elijo volver a Argentina ya no voy a ser la misma Agos que se fue ese junio de 2014, ya soy otra, con ganas de ver cosas nuevas todo el tiempo, de moverme, de viajar. Ya no sé si pueda vivir en una casa grande con mi familia y un perro. Una casa armada con tiempo, con detalles, con muebles lindos y mil adornos como hace la gente que se queda en un lugar.

Sin dudas la vida nómada te da muchas satisfacciones. Eso de salir de tu casa y tener la certeza de que vas a vivir cosas emocionantes, distintas, complicadas y únicas es bastante adictivo una vez que pasó el miedo y rechazo inicial.

Pero yo soy muy gorda amigos y me aterra ir perdiéndolos. Y esta vida es de constantes pérdidas. Vivís despidiéndote. Llegás a un lugar y sabés que a Pepita le quedan seis meses así que tampoco da que te hagas super amiga, Juancito se queda dos años igual que vos así que hay que armar amistad aunque sea de la secta Los Niños de Dios y no tengas nada en común. Y Menganita se va el mes que viene así que casi que mejor ni la veo. Todo así.

Por suerte si algo he aprendido con el timpo es que todo pasa, las cosas se dan como se tienen que dar y que, al final, (al menos que esté en roma a punto de viajar para buenos aires que siempre se me muere un pariente) las cosas salen bien.

Al fin y al cabo ya estoy en esto. Ya no puedo volver atrás. Crucé la línea esa de la que hablan los viajerosnoturistas. Ahora sólo queda mirar para adelante y disfrutar de todo lo que me da está nueva vida y aprovechar que aunque me siento un poco extraña en buenos aires, gracias a los audios de whatsapp y a mi twitter querido, con mi familia y amigos no ha pasado ni un día.

Anoche tenía que despedirme de mi familia y me sentí tan bajón que finalmente accedí a tomarme 0.25 de rivotril. Veinte minutos después mi vida era una fiesta, todo fluía y el mundo era hermoso y fácil. Dormí plácidamente y cuando desperté me encontré con una foto de mi compañera de Motia Khan, Sophie,  nacida en congo, con padres belgas y que desde que se casó ha vivido de país en país. Inmediatamente recordé lo que siempre me dice, que esta vida es genial si te lo tomás con humor y alegría. Así que, como dice la ohlalá, voy a soltar, a relajarme y que sea lo que la vida quiera.

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lo que creció chennita no tiene nombre. es por la pichicata que le estamos dando.

PD: Ya conocí a muchos lectores que estuvieron en casa o que encontré por ahí y ya tienen su calendario. Gracias a todos por la buenísima onda. Aun quedan calendarios así que hay tiempo de pedirlos escribiendo a labonaerense@gmail.com. Todo lo que recaudemos con los calendarios que venda acá en argentina será destinado a la guardería de Motia Khan, para que los bebés y niñitas como Chenna tengan un lugar de juego y cuidados mientras sus hermanos estudian.

Volver

Estoy sentada en el sillón blanco inmaculado de la casa de mi suegra, en Roma. En siete horas sale el avión que nos va a llevar a Buenos Aires. Mañana temprano voy a volver a estar en Argentina después de siete meses- y lo que pareció media vida- de ausencia. Y no es para quedarme, entonces sé que tengo exactos veinte días Para jugar con mi sobrino, para abrazar a mis amigas, hacer chistes con mi hermano, cocinarle a mi nonno. Tengo tres semanas para ir a la peluquería a explicar lo que quiero y que lo hagan sin decirme “yes yes” aunque no me hayan entendido nada, comprar todos los vinos que me entren en la valija y regalitos autóctonos para mis amigos indios.

Y lo que más me gusta es que vuelvo deseando hacer todas las cosas que antes eran parte del cotidiano y no valoraba, más bien me parecían hasta pesadas. Ejemplos:

Quiero tomarme un bondi bien tarde a la noche, que recorra la nueve de julio y avenida de Mayo.

Quiero caminar por San Telmo y parar el Pirilo a comerme una pizza con ese pedazo de papel duro anti absorbente que te dan a modo de servilleta.

Quiero caminar un domingo al mediodía por costanera sur, comerme una hamburguesa con un vaso de litro de cerveza.

Sentarme en un barcito típico (nada de Tea Connection ni Starbucks) y que venga el mozo sin carta a ver qué quiero, pedirle un cortado en jarrita con un tostado, que me lo traigan tarde y me cobren como si fuese de oro.

Andar en bicicleta por Palermo.

Y así muchas cosas. Me sorprende no tener ganas de visitar plaza miserere a pesar de que fue tan significativa en mi vida. Pero bueno, no le voy a dar muchas vueltas, debe ser que estoy nostálgica pero no para tanto. Al final, como siempre, Andrés tiene razón: Once es un poquito horrendo.

No sólo voy a estar tres semanas de verano en mi país sino que cuando vuelva Sandy va a esperarme en casa, en bata y pantuflas. Imagínense lo que va a ser vivir aventuras juntas. Cantar Fey por las calles mientras todo el mundo se muere a nuestro alrededor. Nosotros con sarees y bindi. Y gafas de corazón. Será muy bello.

No es una casualidad que Sandy y yo nos encontremos en India. Más bien es que desde que nos vimos por primera vez, un domingo de 2008, nunca pudimos estar mucho tiempo separados.

Nos conocimos por internet, por nuestros blogs. Un día quedamos de encontrarnos en el Alto Palermo y cuando me vio me dijo “pensé que eras una vieja con chal de lana” y así arrancó nuestra amistad. Desde ese día hasta hoy pasaron tantas cosas. Recuerdo la noche de mi cumpleaños número 26 que estaba deprimida y me tomé siete cervezas y Sandy me excusó con la vecina de mi departamento cuando le vomité la alfombrita de entrada.

La vez que fuimos a Paraná y como me hablaba mucho le pedì que abriera la boca, le introduje media chicha sin preguntarle nada y le dije “no la tragues”.

El día de la victoria de Cristina, en 2011, cuando nos subimos a la pirámide y gritamos “el amor vence al odio” revoleando pañuelos.

Su mudanza al sucucho de la calle Catamarca y todas las corridas escapando de chorros con tramontina en nuestro querido Once.

Los mediodías que caía en su casa con una botella de vodka en la cartera.

Encontrarnos por casualidad en una calle de Bolivia después de tres días de viaje en micro y que Sandy me confiese que le habían fisurado el ano.

El escape del bar/disco Calipso, en La Paz, cuando dos tortas se pelearon y empezaron a los tiros.

La chicha en El Alto, viendo a las cholitas luchadoras mientras Sandy bailaba Britney semidesnuda frente a toda la tribuna.

Subirnos a un taxi en la frontera con Ecuador y darnos cuenta de que el chofer nos había llevado a un descampado para robarnos.Sucumbir al robo y después tenernos que fumar al chorro excusándose de que nos había robado porque tenía que alimentar a sus hijos.

Las incontables veces que nos juntamos para grabar videos bailando “limón limonero” de Thalía.

Tantas cosas. Nuestro propio idioma.

Entonces, sé que cuando vuelva a India le mostraré la cuidad como Aladín cuando la sacó a pasear en la alfombra a la princesa Jazmín, entienden? Cantando “un mundo ideal” sólo que en vez de ver cosas maravillosas veremos mancos y leprosos. Le voy a mostrar mi mundo de parásitos estomacales, piojos, hospitales indios y cyclerickshaws. Lo esperaré despierta las noches que salga a encontrarse con viejos con turbante y le ofreceré una tacita de té para que me cuente cómo fue todo.

Entonces, sigo apoltronada en el sillón pensando estas cosas y escribiéndolas. Ahora faltan seis horas. Me olvido de la India por un rato: casi casi que le digo hola a Argentina.

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acá cuando éramos gordos y pobes.

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Acá cuando éramos flacos y pobres.

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acá cuando éramos drogodependientes y pobres.