Mujeres

Christelle limpiaba la quemadura de Muskan y la volvía a vendar mientras ella, en silencio, miraba su nuevo pañuelo amarillo. Chenna, en mis brazos, tomaba sus vitaminas y Marlenne untaba crema en la piel de la mujer que hace unos años su marido prendio fuego antes de matarse. Un día normal.

En eso entró una pareja, Meenama y Raju. Ella hermosa, él se veía un poco ridículo. Samrita nos tradujo lo que pasaba: Raju se cortó el brazo unos días atrás y en el hospital le cosieron la herida. Los puntos se le infectaron, el brazo estaba hinchado y lleno de pus y apenas Christelle se acercaba para lavar la herida este hombre se retorcía de dolor.

Samrita le explicó a Raju que Christelle tenía que limpiar la herida y sacar algo de pus, que se aguantara, pero Raju era incapaz de soportar el dolor. Entre Meenama y Samrita trataron de sostenerlo pero no había caso. Raju se largó a llorar como un bebé y se negaba a que se acercaran a su brazo.

Diez mujeres observando cómo este hombre que un día normal ni nos dirigiría la palabra escondía la cabeza en el pecho de su pareja. Se retorcía usando de pañuelo el saree de la mujer a la que engaña, a la que le pega cuando está borracho, la que tiene que tener sexo cuando él quiere, la que puede echar de su familia cuando se le de la gana.

Nos burlamos un poco de su llanto y Meenama lo consolaba. “No es un mal esposo. Y cuando me pega yo se la devuelvo”

Algunas de las mujeres de Motia Khan fueron abandonadas por sus maridos y sólo velan por el bienestar de sus hijos. Otras, muchas, soportan a las bestias con las que se juntaron porque no les queda otra, porque es parte de su cultura. Muchas se drogan y se abandonan porque no aguantan la vida que les tocó en suerte.

Es verdad que las mujeres de Motia Khan no son modositas y débiles. Es cierto que me resulta chocante verlas, a veces. Porque en lugar de ser tiernas damas vistiendo sarees de colores están sucias, gritan, se pelean y en su cara se nota que los años pasados no fueron fáciles. Porque para sobrevivir en el Motia Khan hay que ser fuerte y mucho más si sos mujer. Mucho más porque a nadie le interesa que hayas nacido, porque aparte del hambre hay que soportar el maltrato de los hombres y porque para llegar a la adolescencia sin haber sido violada es considerado un milagro.

Meenama es joven y no tiene hijos. Es despierta, atrevida y contestadora. No se calla y todos saben que con ella no se puede jugar. Aprovechando el momento le pregunté por qué no quería ser madre aún. Dijo que porque ya vio demasiadas mujeres sufrir por amor y por sus hijos. Que ella primero quiere asegurarse de que su pareja la vaya a acompañar y que tenga trabajo fijo.

Samrita terminó de traducir y las tres miramos a Raju, que sacó la cabeza escondida en el saree de Meenama y la miró sollozando: “me quiero ir”.

Ella largó un suspiro, le besó la frente y se lo llevó.

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Sin filtro

El despertador sonó a las 7 am pero ya estaba despierta chequeando argentina. Siempre que me levanto me fijo las  notificaciones pues las horas más importantes de mi país me las paso durmiendo.

Tomé un té, me puse protector solar y mi buzo favorito que compré en Sarojini Market, una especie de La Salada donde se encuentran gangas si uno sabe revolver montañas de porquerías.

Me pasó a buscar mi amiga colombiana y nos fuimos charlando hasta el Liceo Francés. Desde ahí salimos a Motia Khan los martes miercoles y jueves. Charlamos en la puerta del colegio y saludé a tres colombianos que vinieron especialmente a conocer el Motia Khan. Estaban nerviosos por lo que podrían encontrar.

9 am Llegamos al refugio y se nos amontonaron una horda de niños mayor a la usual. Por los feriados de Holi no íbamos desde el martes pasado. Samrita y los indios nos recomendaron no ir porque el ambiente se pone pesado entre el alcohol, la fiesta y los polvos tóxicos, así que estaban excitados de vernos después de una semana de ausencia.

Subimos al primer piso y arrancamos con la distribución de leche y avena. Yo, como siemre, tuve un largo rato a Chenna en brazos e hice toda la repartija de leche, los juegos y las idas y vueltas con ella a upa. La gente se acerca y te habla para contarte lo que le pasa, entonces llamo a Samrita, ella traduce y entre las dos tratamos de dar una respuesta o derivar al que pueda dar lo que esa persona necesita. Básicamente escuchamos y atendemos los pedidos mientras la médica de hoy revisaba a los enfermos.

Me acerqué a los voluntarios colombianos y les pregunté cómo estaban pues los vi un tanto shockeados. Les dije “hoy es un día tranquilo, un día lindo”.

No terminé de decir la frase y entró el viejo sin ojo de la mano de dos niños de unos diez años. Los dos lloraban. La niña se corrió el pañuelo que la cubría y vimos que tenía el torso quemado. Lo que entendimos es que se había quemado con té cuatro días atrás. El hermano estaba más nervioso que ella. Lloraba y la agarraba fuerte de la mano. La médica la revisó y le limpió la quemadura antes de ponerle una pomada y vendas. Me emocioné viendo a esa niña que estando quemada, dolorida y rodeada de gente, respondía cada caricia o cada gesto con una sonrisa. No sólo aguantaba una curación que a cualquiera de nosotros nos tendria llorando y a los gritos sino que se encargaba de responder cada mirada de los que se acercaban a hablarle en un idioma desconocido.

Yo preferí no acercarme porque no quería darle más trabajo del que ya tenía.

Cuando mi amiga terminó con la niña siguió con una infección urinaria y un par de casos más. Luego se fue con el resto de voluntarios y francesas. Samrita y yo bajamos a la escuela a estar un poco con los chicos y a entregar los primeros dos kits de bordado para Sarji y Kajal. A Kajal le encanta coser y es muy hábil para las manualidades. Aparte decidimos darle un incentivo porque cumplió tres meses de asistencia perfecta en la escuela. Sargi es más rebelde y hace unas semanas la vieron aspirando pegamento. Su madre la castigó por eso y Samrita y yo le dijimos que si no paraba la internaríamos en una clínica de rehabilitación.

Bordamos una hora, corregimos ejercicios, ubicamos ciudades indias en el mapa, armamos rompecabezas, jugamos a deletrear nombres.

Salimos a la calle y me encontré con la niña quemada. No tenía ropa limpia para cubrirse y las vendas podían caer así que le dejé mi buzo preferido de sarojini. Le quedaba como vestido.

Atendimos un par de demandas más y nos fuimos a almorzar y a planear los pasos que faltan para la guardería y la esterilización de unas madres que nos pidieron ayuda. Son seis y la ONG india Samarpan, por suerte, está de acuerdo en acompañarlas en el proceso. En la puerta del café al que fuimos vimos a unos niños de Motia Khan que se dedican a mendigar la mayor parte del día y a veces ni estamos al tanto de que existen porque se van del refugio antes de que nosotros lleguemos. Hay que hacer algo. Nos tapa la pila de pendientes.

Un eggwrap picantísimo y un café más tarde salimos para Hati basti, otro de los proyectos de Samarpan. Es a orillas del río Yamuna, entre árboles y miles de flores y huertas. El clima está hermoso. Tenemos que repartir pilas y pilas de ropa donada. Por suerte la escuela llegó hace cuatro años a este lugar y hoy en día no es un infierno como Motia Khan. Todos obedecen y eligen ropa con paciencia. Terminamos y volvemos a la ciudad por un camino angosto de tierra. Esquivamos elefantes y camellos.

Son las 4 de la tarde, camino hasta la estación del metro, mi estación preferida: Mandi House. Estoy agotada. Me arrastro hasta mi casa. Voy a servirme agua y veo que Mamila hizo mi plato favorito pero no tengo hambre. Quiero acostarme y dormir 4 horas seguidas. En lugar de hacerlo, me pongo a escribir este post. En cinco minutos se va la niñera y me llega la hora de ser madre. Antes, apreto send y separo un bolso de ropa y jueguetes para la nenita quemada. Mañana se lo llevo.

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Kajal con su kit de bordado

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La nenita quemada con mi buzo de sarojini

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niño de Motia Khan que pide en la puerta del subte

Vuelta al Ruedo

Acabo de llegar de mi primer día en Motia Khan y estoy tan pasada de revoluciones que tuve que servirme una tacita de clona pues era eso o dormir cuatro horas de siesta reparadora y no puedo hacerlo porque tengo que seguir trabajando desde casa. Ya sé, mis amigos, que cada post que hago cuento que me dispenso una pastilla, ustedes deben pensar que soy pastillera, pero yo sé que no me juzgarán. 0,25 de clona y un vaso de agua no se le niegan a nadie.

Este post arranca cuando tomé el rivo y lo escribiré mientras surte efecto así que muy probablemente empiece trágico y termine con una bella melodía de Thalia de fondo y muchas florecillas y cuentos de felicidad. Ya veremos.

Apenas bajé de la estación de Metro Ashram Marg me tomé un cyclerickshaw que por hacer 15 cuadras me quiso cobrar 150 rupias. Mi amor. Le pagué 50, que es mas de lo que debería ya que es Old Delhi y la gente paga nada. -Volví con poca occidentalidad residual, pensé.

Apenas entré fui a saludar a la escuela, donde me encantó ver chicos nuevos que empezaron en el mes de febrero y, sobre todo, ver que Sargi y Kajal andan muy bien con los símbolos en hindi y muy prolijas con el abecedario. También aprendieron algunas frases en inglés y van limpias y peinadas (kajal sobre todo).

Subí al tercer piso porque no me aguantaba las ganas de abrazar a Chenna. La vi sentada en el piso, raquítica y pelada. Las piernas dos palitos como siempre. Está bien, todos tuvieron el virus, por eso están relativamente más flacos que antes de irme a Buenos Aires. Apenas me vio me abrazó y no me soltó hasta que me fui y no sin mucho llanto. La madre volvió a decirme que me la traiga a casa, que ella no la quiere porque ya tiene dos más. Igual sé que a veces se pone celosa de que que Chenna sea tan cariñosa conmigo asi que no es para tomar tan en serio.

Hablamos con algunas madres, casi todas quieren operarse para no quedar más embarazadas así que ese será uno de los desafíos para este año.

Dos horas después nos fuimos con Samrita a la estación del metro y tomamos un café con comida deliciosa para tener nuestra reunión sobre los temas pendientes. Samrita arracó con:

– podemos empezar a hablar de las muertes

– Cuántas hubo?

– Algunas. Ancianos, dos sobredosis, una mujer en circunstancia dudosa pues sufría violencia familiar pero murió envenenada. Uno se quemó, niños desaparecidos que no se sabe si están muertos.

– …

– la mujer que murió tenía cinco hijos. dos de ellos son del actual marido que le pegaba y éste se los llevó a un slum cercano. los tres restantes eran de un matrimonio previo, su ex marido que se tiró a las vías del tren hace ocho años así que esos niños hoy necesitan un hogar ya que no pueden quedar solos en motia khan porque seria muy peligroso. Hay que ocuparse de eso.

-Ok. Kajal me contó que Sargi empezó a inhalar pegamento hace unos días.

– Sí, ya hablé con ella, vamos a darle una oportunidad porque la amenacé con que si no deja y se enfoca en la escuela la vamos a internar en un lugar para superar su adicción y no va a poder volver a MK por tres meses.

– Sé que Kajal y Sargi son muy buenas con el bordado y les divierte mucho. Para el lunes voy a traer kits de bordado para ellas como regalo por haber asistido estos meses a la escuela y por sus progresos. Kajal se lo merece y Sargi tiene que desviarse de las drogas. Aparte necesitamos modelos para que las niñas que todavía no se engancharon y asisten sólo a veces a la escuela, como Chulbuli, se copen.

Después de darle con un caño a World Vision, una ONG católica que sólo va a sacar fotos y a llevarse nuestro crédito, concluimos con la urgencia de la guardería. No puede pasar más tiempo mientras esperamos que tal empresa o tal otra nos la banque. Hay que arrancarla cuanto antes. cada día, cada mes que pasan los más chicos tirados por ahi, mendigando, sin tocar un juguete, sin recibir una caricia, es un mes perdido. Es nuestra prioridad.

Terminamos la reunión y me subí al metro aceleradísima. Estoy como si no hubiese dormido en cinco días.

Es que a a veces me olvido que Motia Khan no es precisamente Rincón de Luz. Veo las caras felices, las fotos de los chicos mostrando sus cuadernos completos y siento que están mejorando. Pero la realidad es que hay una hora en que nosotros nos vamos, las maestras terminan de enseñar, se hace de noche y todo vuelve a ser un infierno. Un infierno al que están acostumbrados, pero no por eso es menos horrendo.

Hay unos cincuenta niños que no entran en nuestros números pues mendigan todo el día. Se van tan temprano y vuelven tan tarde que nunca llegamos a verlos. Tenemos que llegar también a ellos.

Hay años de trabajo por delante.

Pero como aprendí acá, es importante entender que no se puede cambiar a la india. No voy a solucionar nada del desastre demencial que vive su gente. Hay que aceptar que no se puede todo. Hay que trabajar en lo posible y enfocarse en lo positivo para no quedar internado en un psiquiátrico.

Eso haré.

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Kajal

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nominada a foto mas cursi del año

gorda reflexiones

Hace tiempo, en el blog de un viajeronoturista, leí un post sobre la depresión post viaje. Básicamente cuenta que cuando volvés a casa luego de meses o años de estar lejos, te sentís raro, incómodo y con leves ganas de darte un escopetazo.

No es que me sienta así ahora, pero los primeros días fueron muy raros. Como ya dije, caminaba por las calles que eran mías y que adoraba y me sentía una extraña. Eso. Sentirme una extraña en Buenos Aires es triste. Sobre todo porque Delhi es hoy mi casa pero tampoco es del todo mi ciudad. Entonces eso me deja automaticamente sin un lugar que sea mío.

Creo que por eso hay gente que te dice que es “ciudadana del mundo” y como bien dice Sandy te los querés comer crudos, pero entiendo que hay algo de verdad en eso. Andrés tampoco tiene una ciudad, mi amigo Joey menos. Deambulan por el mundo, van donde haya trabajo o algo que les interese conocer y no se pueden quedar mucho tiempo en nunguna parte.

¿Quiero eso para mi vida? No lo sé. En Delhi no me voy a quedar a vivir, pero sé que si elijo volver a Argentina ya no voy a ser la misma Agos que se fue ese junio de 2014, ya soy otra, con ganas de ver cosas nuevas todo el tiempo, de moverme, de viajar. Ya no sé si pueda vivir en una casa grande con mi familia y un perro. Una casa armada con tiempo, con detalles, con muebles lindos y mil adornos como hace la gente que se queda en un lugar.

Sin dudas la vida nómada te da muchas satisfacciones. Eso de salir de tu casa y tener la certeza de que vas a vivir cosas emocionantes, distintas, complicadas y únicas es bastante adictivo una vez que pasó el miedo y rechazo inicial.

Pero yo soy muy gorda amigos y me aterra ir perdiéndolos. Y esta vida es de constantes pérdidas. Vivís despidiéndote. Llegás a un lugar y sabés que a Pepita le quedan seis meses así que tampoco da que te hagas super amiga, Juancito se queda dos años igual que vos así que hay que armar amistad aunque sea de la secta Los Niños de Dios y no tengas nada en común. Y Menganita se va el mes que viene así que casi que mejor ni la veo. Todo así.

Por suerte si algo he aprendido con el timpo es que todo pasa, las cosas se dan como se tienen que dar y que, al final, (al menos que esté en roma a punto de viajar para buenos aires que siempre se me muere un pariente) las cosas salen bien.

Al fin y al cabo ya estoy en esto. Ya no puedo volver atrás. Crucé la línea esa de la que hablan los viajerosnoturistas. Ahora sólo queda mirar para adelante y disfrutar de todo lo que me da está nueva vida y aprovechar que aunque me siento un poco extraña en buenos aires, gracias a los audios de whatsapp y a mi twitter querido, con mi familia y amigos no ha pasado ni un día.

Anoche tenía que despedirme de mi familia y me sentí tan bajón que finalmente accedí a tomarme 0.25 de rivotril. Veinte minutos después mi vida era una fiesta, todo fluía y el mundo era hermoso y fácil. Dormí plácidamente y cuando desperté me encontré con una foto de mi compañera de Motia Khan, Sophie,  nacida en congo, con padres belgas y que desde que se casó ha vivido de país en país. Inmediatamente recordé lo que siempre me dice, que esta vida es genial si te lo tomás con humor y alegría. Así que, como dice la ohlalá, voy a soltar, a relajarme y que sea lo que la vida quiera.

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lo que creció chennita no tiene nombre. es por la pichicata que le estamos dando.

PD: Ya conocí a muchos lectores que estuvieron en casa o que encontré por ahí y ya tienen su calendario. Gracias a todos por la buenísima onda. Aun quedan calendarios así que hay tiempo de pedirlos escribiendo a labonaerense@gmail.com. Todo lo que recaudemos con los calendarios que venda acá en argentina será destinado a la guardería de Motia Khan, para que los bebés y niñitas como Chenna tengan un lugar de juego y cuidados mientras sus hermanos estudian.

Introducción al calendario

Le pedí a mis compañeras que me manden fotos de Chennita para ver cómo estaba y mi muy amiga Samrita me contó que si bien está mejor, como tenía muchos piojos la pelaron. Al final me llegó su foto y sí, es verdad, está más cachetudita, así que probablemente su bajo peso se debía, otra vez, a los parásitos y la mala nutrición. Por suerte está encaminada y no veo la hora de volver para concretar la guardería así todos los chicos de menos de 6 que hoy en día deambulan porque no van a la escuela, tengan un espacio donde jugar y estar contenidos.

El último día que fui a Motia Khan atendimos a un chico de unos once años con un ojo morado por un golpe que le dio su mamá. Una madre que es una de las más dedicadas y su hijo siempre está prolijo y limpio y asiste a la escuela a diario. Es así, no es fácil vivir en Motia Khan y muchas veces estos accidentes suceden y tenemos que lidiar con ellos de una manera constructiva y no enfrentarnos a la madre por reventarle un palo de amasar en el ojo.

Esta madre es la que recibe los masajes con una crema especial para quemaduras porque tiene la mitad del cuerpo quemado. Pero se quemó antes de que yo llegara a Motia Khan así que nunca me habían contado cómo había sucedido. Resulta que el marido de esta mujer la prendió fuego y se prendió fuego a él también. La mujer logró salvar su vida con ayuda de los vecinos. El tipo murió.

Escuché atónita y le pregunté a la mujer por qué su marido había hecho semejante cosa.

Samrita me tradujo: “estaba frustrado y deprimido”.

Así que esa mujer, con la mitad del cuerpo quemado, hace lo que puede y mantiene bien a su hijo aunque muy de vez en cuando se frustre y le deje el ojo morado.

Con esta bella historia les quiero decir que no todo es malo en el refugio ni todo tan novelesco. Abrimos la escuela, sí, estamos llevando a los chicos al hospital, sí, pero no todo es abrir una escuela y llevar un médico. Se necesitan meses, años de dedicación para que estos chicos puedan torcer, aunque sea un poco, su destino. Nosotros los ayudamos a ellos y a cambio ellos nos enseñan a ser más valientes, a no enfocarnos en cosas que no valen la pena, a vivir el presente y disfrutar cada segundo de nuestro paso por el mundo.

Ahora estoy en Argentina, sí, pero mi mente está un poco con Chenna, con Sargi, con Adeeb, Gulvesh, las maestras, Samrita y la mar en coche.

Es por eso que me traje veintipico de los calendarios que armé para vender en india (es el tercer año que se vende el calendario pero este año fue armado por moi).

Los que quieran tener uno en sus cocinas o escritorios pueden mandarme mail a labonaerense@gmail.com y concretamos la entrega. Me quedo poco tiempo en Buenos Aires así que sólo los puedo llevar dentro de capital y zona Oeste y Sur.

Acá les dejo unas fotos, el calendario está en inglés y francés y sale 200 pesos.

Gracias en nombre de todo el Motia Khan 🙂

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Volver

Estoy sentada en el sillón blanco inmaculado de la casa de mi suegra, en Roma. En siete horas sale el avión que nos va a llevar a Buenos Aires. Mañana temprano voy a volver a estar en Argentina después de siete meses- y lo que pareció media vida- de ausencia. Y no es para quedarme, entonces sé que tengo exactos veinte días Para jugar con mi sobrino, para abrazar a mis amigas, hacer chistes con mi hermano, cocinarle a mi nonno. Tengo tres semanas para ir a la peluquería a explicar lo que quiero y que lo hagan sin decirme “yes yes” aunque no me hayan entendido nada, comprar todos los vinos que me entren en la valija y regalitos autóctonos para mis amigos indios.

Y lo que más me gusta es que vuelvo deseando hacer todas las cosas que antes eran parte del cotidiano y no valoraba, más bien me parecían hasta pesadas. Ejemplos:

Quiero tomarme un bondi bien tarde a la noche, que recorra la nueve de julio y avenida de Mayo.

Quiero caminar por San Telmo y parar el Pirilo a comerme una pizza con ese pedazo de papel duro anti absorbente que te dan a modo de servilleta.

Quiero caminar un domingo al mediodía por costanera sur, comerme una hamburguesa con un vaso de litro de cerveza.

Sentarme en un barcito típico (nada de Tea Connection ni Starbucks) y que venga el mozo sin carta a ver qué quiero, pedirle un cortado en jarrita con un tostado, que me lo traigan tarde y me cobren como si fuese de oro.

Andar en bicicleta por Palermo.

Y así muchas cosas. Me sorprende no tener ganas de visitar plaza miserere a pesar de que fue tan significativa en mi vida. Pero bueno, no le voy a dar muchas vueltas, debe ser que estoy nostálgica pero no para tanto. Al final, como siempre, Andrés tiene razón: Once es un poquito horrendo.

No sólo voy a estar tres semanas de verano en mi país sino que cuando vuelva Sandy va a esperarme en casa, en bata y pantuflas. Imagínense lo que va a ser vivir aventuras juntas. Cantar Fey por las calles mientras todo el mundo se muere a nuestro alrededor. Nosotros con sarees y bindi. Y gafas de corazón. Será muy bello.

No es una casualidad que Sandy y yo nos encontremos en India. Más bien es que desde que nos vimos por primera vez, un domingo de 2008, nunca pudimos estar mucho tiempo separados.

Nos conocimos por internet, por nuestros blogs. Un día quedamos de encontrarnos en el Alto Palermo y cuando me vio me dijo “pensé que eras una vieja con chal de lana” y así arrancó nuestra amistad. Desde ese día hasta hoy pasaron tantas cosas. Recuerdo la noche de mi cumpleaños número 26 que estaba deprimida y me tomé siete cervezas y Sandy me excusó con la vecina de mi departamento cuando le vomité la alfombrita de entrada.

La vez que fuimos a Paraná y como me hablaba mucho le pedì que abriera la boca, le introduje media chicha sin preguntarle nada y le dije “no la tragues”.

El día de la victoria de Cristina, en 2011, cuando nos subimos a la pirámide y gritamos “el amor vence al odio” revoleando pañuelos.

Su mudanza al sucucho de la calle Catamarca y todas las corridas escapando de chorros con tramontina en nuestro querido Once.

Los mediodías que caía en su casa con una botella de vodka en la cartera.

Encontrarnos por casualidad en una calle de Bolivia después de tres días de viaje en micro y que Sandy me confiese que le habían fisurado el ano.

El escape del bar/disco Calipso, en La Paz, cuando dos tortas se pelearon y empezaron a los tiros.

La chicha en El Alto, viendo a las cholitas luchadoras mientras Sandy bailaba Britney semidesnuda frente a toda la tribuna.

Subirnos a un taxi en la frontera con Ecuador y darnos cuenta de que el chofer nos había llevado a un descampado para robarnos.Sucumbir al robo y después tenernos que fumar al chorro excusándose de que nos había robado porque tenía que alimentar a sus hijos.

Las incontables veces que nos juntamos para grabar videos bailando “limón limonero” de Thalía.

Tantas cosas. Nuestro propio idioma.

Entonces, sé que cuando vuelva a India le mostraré la cuidad como Aladín cuando la sacó a pasear en la alfombra a la princesa Jazmín, entienden? Cantando “un mundo ideal” sólo que en vez de ver cosas maravillosas veremos mancos y leprosos. Le voy a mostrar mi mundo de parásitos estomacales, piojos, hospitales indios y cyclerickshaws. Lo esperaré despierta las noches que salga a encontrarse con viejos con turbante y le ofreceré una tacita de té para que me cuente cómo fue todo.

Entonces, sigo apoltronada en el sillón pensando estas cosas y escribiéndolas. Ahora faltan seis horas. Me olvido de la India por un rato: casi casi que le digo hola a Argentina.

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acá cuando éramos gordos y pobes.

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Acá cuando éramos flacos y pobres.

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acá cuando éramos drogodependientes y pobres.

Un Tinder para toda la vida

Esta mañana mientras me acicalaba me sonó el celular y vi que eran mis 10 pretendientes del día en Shaadi. Shaadi es una aplicación que te bajás en tu teléfono y funciona como un Tinder pero en vez de buscar gente para salir y ver qué onda, se busca candidato para casamiento.

Cuando subís tu perfil te preguntan desde qué color de piel tenés hasta cuánta plata ganás anualmente. Y no todos los perfiles los suben los candidatos en cuestión sino que es muy común que los padres busquen pareja para sus hijos.

Si no fíjense en esta publicidad de Shaadi.com donde una madre sufre pues su hija no demuestra mucho apego por las tradiciones y no encuentra candidato para casarse. El padre le cuenta a la pobre mujer que gracias a Shaadi.com encontró como 50 posibles maridos para la joven rebelde.

Esto es muy común en India porque aun entre las familias más abiertas y modernas, cuando van pasando los años y los hijos no se casan, los padres empiezan a presionar. Ni hablar que los padres conservadores prefieren tener a todos sus hijos casados antes de los 25 años. Entonces, podés tener la suerte de que no te elijan a tu marido o mujer, siempre y cuando no pases de los treinta.

En tu perfil es obligatorio aclarar tu edad, comunidad (casta), color de piel, horóscopo (con ascendente, luna en qué planeta y demás), nivel de estudios, trabajo que desempeña el padre, sueldo y si la suya es una familia apegada a las tradiciones o no. Es que, aunque a ustedes les parezca demasiada información, piensen que se busca alguien para toda la vida.

Como este fenómeno me parece de lo más interesante decidí armarme un perfil en Shaadi y me llegan muchos candidatos cada dia, la mayoría de mi edad o mayores. Hombres de 32 para arriba que nunca estuvieron casados, con esto me refiero a que tuvieron raros si no nulos encuentros sexuales con el sexo opuesto. A eso hay que sumarle dos datos más: El primero, la mayoría de las mujeres indias están en la casa y salen poco y nada. Hoy viajaba en subte y confirmé una vez más que de los ocho vagones sólo uno está lleno de mujeres. En los siete restantes viajan hombres. Siete a uno. Y eso que vivo en la capital. En la calle también se nota la mayoría abrumadora de hombres.

El segundo dato: En india hay más hombres que mujeres. El estado donde hay diferencia mayor es Haryana, al norte de Delhi, con setecientas mujeres cada mil hombres. Es que como dice el refrán indio, “Tener una hija es como plantar una semilla en el jardín de otra persona”. Son caras porque trabajan poco, hay que juntar plata toda la vida para la dote y una vez que se casan se mudan a vivir con su nueva familia. Entonces sucede que abortan o matan a las recien nacidas esperando que nazca un hijo varón al que después no tienen con quién casar. Eso da lugar al tráfico de esposas. Las compran de estados pobrísimos como Bihar o West Bengal y se las traen a Haryana para casarlas con estos hombres desesperados. Imagínense estas pobres mujeres, que son compradas por nada y deben cruzar medio país para ir a parar a una familia que en el mejor de los casos no la muele a golpes si se queja de algo. Y se tiene que acostar con un tipo que no eligió y fumarse toda la vida a una suegra insufrible.

Hay campañas para alentar a las familias a celebrar el nacimiento de una niña, pero todavía son inútiles en los estados más conservadores.

Mi amigo indio, (con el que ya me arreglé por cierto) me contó que ni en Shaadi puede encontrar mujeres. Que el 70% de los perfiles son hombres. Shaadi sirve sobre todo si sos mujer.

Entonces pienso y deseo unir soledades. Samrita y mi amigo indio. Los voy a presentar. Se imaginan?

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carroza en el Republic Day “Beti Bachao, Beti Padhao” significa proteger y educar a las niñas.